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La crisis asiática y la evolución del crecimiento de la región en el largo plazo

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
December 1998
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En las últimas tres décadas, las economías de Asia oriental han logrado progresos económicos notables. Siguiendo el ejemplo de Japón, que en los años sesenta alcanzó tasas de crecimiento económico de dos dígitos, Corea, la provincia china de Taiwan, la RAE de Hong Kong y Singapur empezaron a registrar a partir de mediados de los años sesenta, un crecimiento muy rápido y sus niveles de ingreso per cápita aumentaron hasta equipararse con los de varias economías avanzadas de Europa occidental. En los años ochenta y noventa, se unieron a este grupo de países las economías de Asia sudoriental (sobre todo Indonesia, Malasia y Tailandia) con tasas de crecimiento excepcionalmente altas. Todos estos países mantuvieron tasas de crecimiento mayores de las que se consideraban factibles, llegando algunos a registrar tasas anuales de crecimiento del orden del 8%–10% durante toda una década1. El acelerado crecimiento de las economías de Asia oriental trajo consigo importantísimos adelantos en el desarrollo social: disminuyeron apreciablemente la pobreza, la mortalidad infantil y las tasas de analfabetismo de adultos, en tanto que aumentó en forma considerable la esperanza de vida al nacer. Además, contrariamente a lo que en general se suponía2, estas tasas de crecimiento se lograron sin que aumentara la desigualdad del ingreso3.

Sin embargo, desde mediados de 1997, varias economías de Asia sudoriental y Corea están atravesando por graves crisis financieras que han precipitado a toda la región hacia una profunda recesión. Asimismo, Japón, aquejado por graves dificultades desde que estalló la burbuja de los precios de los activos en 1990, registra una fuerte contracción económica desde el segundo trimestre de 1997. La gravedad de la “crisis asiática” plantea incógnitas con respecto a la durabilidad del acelerado crecimiento de la región y los factores que lo impulsaron4. ¿Debe considerarse que la crisis marca el final del período de rápido crecimiento que caracterizó a las economías de Asia oriental en las últimas décadas? ¿O recobrarán estas economías su dinamismo volviendo a registrar un rápido crecimiento —quizá no tan acelerado como en el pasado— como sucedió tras las crisis financieras que experimentaron en los años setenta y ochenta? Y ¿qué se requiere para sentar las bases de una recuperación y un crecimiento sostenidos?

Para responder a estos interrogantes, en este capítulo se pasa revista al historial de crecimiento de Asia oriental a fin de identificar tanto los puntos fuertes como las deficiencias —quizá menos estudiadas— de la estrategia de desarrollo de la región, que podrían haber provocado una desaceleración del crecimiento incluso de no haberse producido la crisis financiera. De este modo se pretende contribuir a determinar si los problemas recientes se deben principalmente a desequilibrios financieros y macroeconómicos de corto plazo que se disiparán en un período relativamente breve, a condición de que la crisis se aborde en forma acertada, o si en realidad obedecen a problemas más fundamentales.

Factores del crecimiento de Asia oriental

Si bien los países de Asia oriental no aplicaron un modelo de desarrollo uniforme, en los que obtuvieron resultados positivos se hizo hincapié en: la adopción de una política macroeconómica orientada hacia la estabilidad cuyos objetivos eran, entre otros, lograr una inflación relativamente baja y evitar una sobrevaloración del tipo de cambio, alcanzar altas tasas de acumulación de capital humano y físico y orientar la producción hacia la exportación, lo cual, entre otros efectos, estimuló la utilización de tecnología avanzada. El hecho de que las condiciones iniciales fueran favorables también ejerció cierta influencia5. Hubo más diferencias entre los países en cuanto a la política industrial y de intervención oficial (sobre todo en los mercados financieros) para movilizar y asignar el ahorro, y los efectos que tuvieron esas políticas fueron objeto de polémica.

Los factores que impulsaron el rápido y sostenido crecimiento económico en Asia oriental han sido muy estudiados. Gran parte de la investigación se ha centrado en la cuantificación de la influencia relativa que tuvieron los factores de producción —capital humano y físico— y los avances tecnológicos en el logro de tasas de crecimiento persistentemente elevadas. En este sentido, la técnica preferida ha sido deducir de la tasa de crecimiento del producto por trabajador un promedio ponderado de la acumulación de capital físico y humano por trabajador e interpretar el residuo como el aumento de la productividad total de los factores (PTF), es decir, el aumento de la productividad atribuible a los avances tecnológicos y a una mayor eficiencia organizativa6.

Las estimaciones empíricas de la medida en que los factores de producción y el aumento de la PTF incidieron en el aumento del producto en las economías de Asia oriental varían considerablemente, pero en general la contribución más importante corresponde a la acumulación de capital. El aumento de la productividad tuvo una menor influencia, pero aun así importante7. En un estudio reciente, por ejemplo, se concluye que en las cuatro economías asiáticas recientemente industrializadas y en las tres economías de la ASEAN de mayor crecimiento—Indonesia, Malasia y Tailandia— la proporción de capital por trabajador durante el período 1960—94 explica en gran parte el aumento de la productividad de los factores en que se basa el aumento del crecimiento del producto por trabajador (cuadro 3.1). Sin embargo, a partir de principios de los años ochenta, el aumento de la PTF parece haber desempeñado una función más importante. En Singapur, por ejemplo, la tasa anual de aumento de la PTF fue de aproximadamente 1% durante los períodos 1960–73 y 1973–84, pero en el período 1984–94 subió a más del 3% anual. Análogamente, en Tailandia, la tasa anual de aumento de la PTF fue de un 1¼% durante el período 1960–84 pero llegó al 3¼% en los diez años posteriores. Estos resultados pueden compararse con la experiencia de los países industriales en el período 1960–94: aunque las tasas de crecimiento del producto por trabajador en las economías de Asia oriental (con la excepción de Filipinas) fueron sensiblemente más altas que en los países industriales, la influencia del aumento de la PTF fue mucho mayor en sólo tres casos, a saber, China, la provincia china de Taiwan y Tailandia, a pesar de que los niveles iniciales de desarrollo tecnológico de las economías de Asia eran menores. No obstante, en comparación con las economías europeas y con Japón, durante el período de rápido crecimiento en los años cincuenta y sesenta el aumento de la PTF en las economías de Asia oriental ha sido mucho menos rápido8. Sin embargo, ningún otro grupo de países en desarrollo ha obtenido tan buenos resultados como las economías de Asia oriental.

Cuadro 3.1.Fuentes del crecimiento económico en algunas economías(Contribución a la tasa media de crecimiento anual del producto por trabajador)
1960–731973–841984–941960–94
Corea
Producto por trabajador5,65,36,25,7
Capital por trabajador3,23,43,33,3
Educación por trabajador0,90,80,60,8
Productividad total de los factores1,41,12,11,5
Singapur
Producto por trabajador5,94,36,05,4
Capital por trabajador4,63,12,33,4
Educación por trabajador0,40,20,60,4
Productividad total de los factores0,91,03,11,5
Taiwan, provincia china de
Producto por trabajador6,84,95,65,8
Capital por trabajador3,93,02,33,1
Educación por trabajador0,50,90,50,6
Productividad total de los factores2,20,92,82,0
Indonesia
Producto por trabajador2,54,33,73,4
Capital por trabajador0,93,32,32,1
Educación por trabajador0,50,50,50,5
Productividad total de los factores1,10,50,90,8
Malasia
Producto por trabajador4,03,63,83,8
Capital por trabajador2,42,71,82,3
Educación por trabajador0,50,50,50,5
Productividad total de los factores1,00,41,40,9
Filipinas
Producto por trabajador2,51,2−0,31,3
Capital por trabajador1,32,00,21,2
Educación por trabajador0,60,60,40,5
Productividad total de los factores0,7−1,3−0,9−0,4
Tailandia
Producto por trabajador4,83,66,95,0
Capital por trabajador3,22,02,62,7
Educación por trabajador0,10,50,80,4
Productividad total de los factores1,41,13,31,8
China
Producto por trabajador2,24,38,04,5
Capital por trabajador0,41,72,91,5
Educación por trabajador0,40,30,30,4
Productividad total de los factores1,42,24,62,6
Asia septentrional
Producto por trabajador1,82,52,72,3
Capital por trabajador1,40,91,01,1
Educación por trabajador0,30,40,30,3
Productividad total de los factores0,11,21,50,8
América Latina
Producto por trabajador3,40,40,11,5
Capital por trabajador1,31,10,10,9
Educación por trabajador0,30,40,40,4
Productividad total de los factores1,8−1,1−0,40,2
Estados Unidos
Producto por trabajador1,90,20,91,1
Capital por trabajador0,50,30,30,4
Educación por trabajador0,60,50,4
Productividad total de los factores0,8−0,50,70,3
Otros países industriales
Producto por trabajador4,81,81,72,9
Capital por trabajador2,31,10,81,5
Educación por trabajador0,40,60,20,4
Productividad total de los factores2,20,20,71,1
Fuente: Barry P. Bosworth y Susan M. Collins, “Economic Growth in East Asia: Accumulation Versus Assimilation”, Brookings Papers on Economic Activity: 2 (1996), págs. 135–203.
Fuente: Barry P. Bosworth y Susan M. Collins, “Economic Growth in East Asia: Accumulation Versus Assimilation”, Brookings Papers on Economic Activity: 2 (1996), págs. 135–203.

Pese al amplio consenso en torno a la función central que tuvo la acumulación de recursos en la excelente evolución del crecimiento de Asia oriental, la importancia relativa de los aumentos de productividad sigue siendo un tema polémico (cuadro 3.2)9. El hecho de que varíen las estimaciones de la contribución del aumento de la productividad es significativo no sólo porque estas diferencias dan lugar a diversas explicaciones de los exitosos resultados logrados por Asia oriental en el pasado sino también porque llevan a formular distintas conclusiones sobre las perspectivas a largo plazo de la región. Así pues, los analistas que sostienen que el crecimiento económico de la región es principalmente atribuible a la acumulación de capital, y sólo en menor grado al aumento de la productividad, tienden a pensar que es inevitable una desaceleración del crecimiento a medida que el rendimiento del capital va decreciendo. Por lo tanto, las perspectivas de crecimiento futuro dependen esencialmente de los cambios estructurales que se efectúen para fomentar el avance tecnológico y una mayor eficiencia10. En cambio, los analistas que estiman que la influencia del aumento de la productividad fue relativamente mayor, también consideran que una desaceleración podría ser inevitable debido a la necesidad de modernizar la tecnología, pero opinan que sería factible mantener tasas de crecimiento relativamente elevadas con menores tasas de acumulación de los factores.

Cuadro 3.2.Estimaciones del aumento de la productividad total de los factores en algunas economías de Asia oriental(Porcentaje anual)
PeríodoRAE de

Hong

Kong
CoreaSingapurProvincia

china de

Taiwan
IndonesiaMalasiaFilipinasTailandia
Young (1995)1966–902,31,70,22,6
Bosworth, Collins y Chen (1995)1960–800,70,31,31,00,70,51,1
Bosworth, Collins y Chen (1995)1986–921,94,02,50,82,84,0
Sarel (1996)1975–903,83,11,93,5
Sarel (1997)1979–962,50,92,0−0,92,0
Fuente: Alwyn Young, “The Tyranny of Numbers: Confronting the Statistical Realities of the East Asian Growth Experience”, Quarterly Journal of Economics, vol. 10 (agosto de 1995), págs. 641–80; Barry P. Bosworth, Susan M, Collins y Yu-chin Chen, “Accounting for Differences in Economic Growth”, Brookings Discussion Papers in International Economics, No. 115 (Washington: Brookings Institution, octubre de 1995); Michael Sarel, Growth in East Asia: What We Can and What We Cannot Infer, Economic Issues, No. 1 (Washington: FMI, septiembre de 1996), y Michael Sarel, “Growth and Productivity in ASEAN Countries”, documento de trabajo WP/97/97 (Washington: FMI, agosto de 1997).
Fuente: Alwyn Young, “The Tyranny of Numbers: Confronting the Statistical Realities of the East Asian Growth Experience”, Quarterly Journal of Economics, vol. 10 (agosto de 1995), págs. 641–80; Barry P. Bosworth, Susan M, Collins y Yu-chin Chen, “Accounting for Differences in Economic Growth”, Brookings Discussion Papers in International Economics, No. 115 (Washington: Brookings Institution, octubre de 1995); Michael Sarel, Growth in East Asia: What We Can and What We Cannot Infer, Economic Issues, No. 1 (Washington: FMI, septiembre de 1996), y Michael Sarel, “Growth and Productivity in ASEAN Countries”, documento de trabajo WP/97/97 (Washington: FMI, agosto de 1997).

Dadas las diferencias internacionales en los niveles de productividad, parece haber amplio margen para que las economías de Asia oriental sigan poniéndose al día en materia de tecnología. En Corea, una de las economías más avanzadas de Asia oriental, la producción real por trabajador alcanza sólo a la mitad del nivel de Estados Unidos, y en otras economías de Asia oriental la productividad de la mano de obra es aún menor comparada con la de este último país. Hasta la fecha, gran parte del aumento del PIB real per cápita en Asia oriental ha sido atribuible a una mayor intensidad en la utilización del capital, más que a un aumento de la PTF, de modo que las discrepancias en la productividad, si bien se han reducido, siguen siendo notables. Si se tienen en cuenta las diferencias en el número de horas trabajadas por trabajador, la brecha de productividad de la mano de obra entre Asia oriental, por un lado, y Estados Unidos y Canadá y Europa, por la otra, es aún mayor11. En Corea, el PIB real por hora trabajada fue un 46% del nivel de Estados Unidos en 1996, en tanto que en Tailandia e Indonesia fue del 18% y del 15%, respectivamente12.

Eficiencia de la inversión

Pese al excelente historial de crecimiento económico de las economías de Asia oriental y a las posibilidades de que sigan elevando su productividad, la crisis ha despertado considerables dudas con respecto a la capacidad de estos países para mantener las altísimas tasas de acumulación de capital registradas en los últimos años. En Corea, Malasia y Tailandia, la tasa de inversión en los años noventa ha sido extraordinariamente elevada (alrededor del 40% del PIB). No obstante, una diversidad de factores indican que la eficiencia de la inversión en las economías de Asia oriental posiblemente haya disminuido, en parte debido a la velocidad con que los niveles de ingreso per cápita se han ido aproximando a los niveles de las economías avanzadas, pero también como resultado de las excesivas tasas de inversión en algunas economías.

Evidentemente, no es fácil determinar si la inversión de un país es excesiva. En los estudios teóricos se proponen varias metodologías, todas ellas imperfectas, para determinar si la tasa de inversión de un país es adecuada en términos generales. El método típico consiste en comparar la tasa de rendimiento real de la inversión interna de una economía con su tasa real de crecimiento13. Si el rendimiento de la inversión es menor que la tasa de crecimiento de la economía, una reducción de la tasa de acumulación del capital generará un mayor bienestar, y el consumo, tanto de las generaciones actuales como de las futuras, aumentará. En la práctica, sin embargo, estas comparaciones pueden ser engañosas porque medir la tasa de rendimiento de la inversión del conjunto de la economía no es tarea sencilla. Además, el rendimiento de la inversión varía según el grado de riesgo de los proyectos.

Una forma de determinar si la tasa de inversión de una economía es apropiada, teniendo en cuenta el riesgo y la incertidumbre, es comparar la inversión bruta con la renta bruta del capital (la suma de las utilidades, la renta por concepto de alquileres y el ingreso por concepto de intereses). Si durante un período de varios años la inversión es siempre mayor que la renta del capital, puede sostenerse que la inversión es excesiva: el volumen de recursos que absorbe la acumulación de capital es mayor que el consumo que puede satisfacerse con toda la acumulación pasada14. De los países en crisis, Corea es el único para el cual se dispone de datos sobre la renta del capital. Dichos datos indican que, durante el período comprendido entre mediados de los años setenta y mediados de los años noventa, la renta total del capital como proporción del PIB disminuyó sustancialmente, pasando de alrededor de 55% a menos de 40% (gráfico 3.1). En cambio, la inversión total como proporción del PIB aumentó de alrededor de 25% a aproximadamente 40%15. En 1996, la tasa de inversión era casi igual a la renta del capital como proporción del PIB. Si bien esto no es una prueba concluyente de que la inversión haya sido excesiva, lleva a pensar que la eficiencia de la inversión en Corea fue disminuyendo rápidamente.

Gráfico 3.1.Eficiencia de la inversión en algunas economías1

(Porcentaje del PIB)

En Corea parece haber disminuido la eficiencia de la inversión.

Fuentes: Dirección Nacional de Estadísticas de Corea; Dirección General de Presupuesto, Contabilidad y Estadísticas de la provincia china de Taiwan; base de datos del estudio sobre las perspectivas de la economía mundial; base de datos de la OCDE, y estimaciones de los funcionarios del FMI.

1Dadas las diferencias en el tratamiento de la renta de las personas empleadas por cuenta propia, las comparaciones entre países de la renta de capital deben interpretarse con cautela.

Otro indicador de variaciones en la eficiencia de la inversión global es la relación marginal capital-producto (ICOR), que mide la razón, en un período determinado, entre la inversión y la variación del producto. Un aumento de la ICOR puede indicar que el producto es menos sensible a la inversión y, por lo tanto, que la eficiencia de la inversión está disminuyendo. No obstante, también puede significar que el producto se está desacelerando en relación con el capital, por otros motivos: por ejemplo, es posible que la economía esté adoptando una estructura de producción con un uso más intensivo del capital, lo cual es una característica normal de la industrialización16. En casi todos los países afectados por la crisis, la ICOR aumentó en los años noventa (gráfico 3.2). En Corea y Tailandia (y también en la RAE de Hong Kong), la ICOR prácticamente se duplicó entre 1990 y 1995, lo cual indica una disminución de la eficiencia con la cual la inversión fue generando crecimiento. En cambio, en Indonesia (y también en Singapur), la ICOR se mantuvo por lo general constante. Sin embargo, el aumento de la ICOR en varias de las economías de Asia oriental no implica necesariamente que haya disminuido la eficiencia de la inversion. Como ya se señaló, dicho aumento puede ser atribuible a la adopción de una estructura de producción de mayor intensidad en la utilización del capital. No obstante, en vista de que estas economías tienen estructuras de producción similares y mantienen entre sí estrechas relaciones comerciales, no parece factible que la RAE de Hong Kong haya empezado a utilizar una tecnología más intensiva en el uso de capital sin que Singapur lo hiciera, o que Tailandia haya decidido modernizar su tecnología y que Indonesia haya preferido no hacerlo.

Gráfico 3.2.Relación marginal capital-producto en algunas economías

(Promedio móvil quinquenal)

En los últimos años la relación marginal capital-producto ha aumentado en varios países de Asia sudoriental. lo cual posiblemente indique que ha disminuido la eficiencia de la inversión.

En varias de las economías de Asia oriental, en los últimos años ha aumentado la proporción de la inversión destinada a sectores de bienes no comerciados o a sectores protegidos —como los bienes raíces o los productos petroquímicos en Indonesia, Malasia y Tailandia— en que los rendimientos eran bajos, o a sectores con una elevada o excesiva tasa de utilización de la capacidad —como los de semiconductores, acero, buques y automóviles en Corea— donde los rendimientos también han sido bajos o incluso negativos. En Tailandia, por ejemplo, el aumento real del valor agregado en los sectores de la construcción y de bienes raíces sobrepasó el 11% anual en términos reales entre 1992 y 1996, alcanzando un 14% del PIB frente al 12½% al principio del período. Durante este período la tasa de desocupación de oficinas aumentó, llegando al 15% al final de 1996. En Indonesia ocurrió algo similar ya que el sector de la construcción y de bienes raíces experimentó una expansión anual de más del 13% entre 1991 y 1996, pasando del 9½% del PIB al 10½% del PIB; en Malasia, por su parte, la tasa de expansión anual del sector de la construcción superó el 14% entre 1993 y 1997.

En Corea, la política estatal, por ejemplo, el financiamiento de fácil acceso a través del crédito dirigido, estimuló la expansión de los chaebols (grandes grupos económicos), que ampliaron su participación en los mercados, pero sin que se prestara suficiente atención a la rentabilidad. Si bien se puede argumentar que en los primeros años de la industrialización esta política redundó en un mayor crecimiento y mayores utilidades —ya que las empresas coreanas concentraban sólo una pequeña proporción de la producción mundial y sus costos de mano de obra eran relativamente bajos—, en años posteriores, y sobre todo en los años noventa cuando la producción coreana de semiconductores, acero, buques y automóviles llegó a representar una proporción considerable de la producción mundial, las utilidades empezaron a disminuir como consecuencia del exceso de capacidad productiva en estas industrias y de la intensa competencia en el mercado internacional. Pese a que se redujeron las utilidades, el fácil acceso al crédito indujo a los chaebols a seguir inviniendo y a diversificar sus actividades tradicionales incursionando en otros sectores que en muchos casos también se caracterizaban por un exceso de capacidad. En consecuencia, llegado 1996 las utilidades netas de los 30 chaebols principales eran cercanas a cero, y a principios de 1997 seis de estos grupos se declararon en quiebra antes de que estallara la crisis.

Gran parte de la inversión en las economías en crisis se financió con crédito bancario. A medida que el rendimiento de la inversión se fue reduciendo en estos países, la calidad de la cartera de activos de los bancos fue deteriorándose. En Tailandia, el volumen de préstamos en mora de los bancos llegó a situarse a mediados de 1996 en casi un 8% del saldo total del crédito otorgado, y en otras instituciones financieras los préstamos en mora ascendían a niveles incluso más altos. A efectos comparativos, cabe señalar que en 1996 el monto de préstamos en mora en Estados Unidos, donde se clasifican en forma más estricta, era de alrededor de un 1% del crédito total otorgado, frente a un nivel máximo de aproximadamente un 4% durante la crisis bancaria de los años ochenta17. En Indonesia, los préstamos con clasificación desfavorable representaban más del 10% del crédito total a fines de 1996, y el crédito hipotecario había aumentado a alrededor del 20% del crédito total. En Tailandia y Malasia, el riesgo crediticio frente al sector de bienes raíces también era elevado, alcanzando respectivamente niveles de un 18% y 25% del crédito total18. En Malasia, si bien en 1997 el monto de los préstamos en mora se había reducido considerablemente, situándose en menos de un 4%, frente al máximo de más del 35% registrado en 1985 (tras una crisis bancaria), el riesgo asumido por los bancos a través del crédito para consumo, colocaciones en el mercado bursátil e inversiones inmobiliarias era sustancial. En Corea, la rentabilidad de los bancos comerciales, medida en función del rendimiento de los activos o del patrimonio, disminuyó considerablemente en los años noventa, llegando en 1996 a niveles muy inferiores a los que prescriben las normas internacionales19. A continuación se analiza la influencia que tiene la política estatal en el creciente deterioro del sistema financiero.

Se requerirán nuevos estudios para determinar en qué grado están disminuyendo las tasas de rendimiento en las economías de Asia oriental. No obstante, parece haber razones suficientes para pensar que las elevadas tasas de inversión registradas por varias de estas economías en los últimos años eran excesivas.

Papel de las políticas e instituciones en el fomento del crecimiento

Como ya se señaló, entre las principales características de los economías de Asia oriental de gran crecimiento se destacan sus elevadas tasas de inversión, de ahorro y de formación de capital humano, el papel central de la exportación en el proceso de crecimiento y un entorno macroeconómico estable. Las políticas oficiales y las instituciones propiciaron en gran medida estas características. Concretamente, la política con respecto al sector financiero desempeñó una función importante en la movilización y asignación del ahorro. En algunos casos, sin embargo, la intervención estatal obstaculizó el desarrollo del mercado financiero y dio lugar a una asignación ineficiente de la inversión y de otros recursos.

Movilización de los recursos

En casi todas las economías de Asia Oriental de rápido crecimiento, la tasa de formación de capital humano aumentó rápidamente, tanto desde un punto de vista cuantitativo como cualitativo. Ya en 1965 las tasas de escolarización primaria de la región eran más altas que las de muchos otros países en desarrollo. Corea, Filipinas, la RAE de Hong Kong y Singapur habían logrado que la enseñanza primaria fuese universal, e incluso en Indonesia —país populoso y, en esos años, uno de los países en desarrollo más pobres— las tasas de escolarización primaria superaban el 70%. En los últimos 30 años, estos países, con la excepción de Tailandia, han seguido avanzando apreciablemente en este terreno. En Corea, la tasa de escolarización secundaria aumentó de un 35% en 1965 a prácticamente el 100% en 1995, en tanto que la tasa de escolarización secundaria de Indonesia en 1995, casi un 50%, era más alta que la de otros países con un nivel de ingreso similar. Sin embargo, en Tailandia, la tasa de escolarización secundaria en 1995, menos del 50%, era menor, dado su nivel de ingreso, que la tasa que cabría prever utilizando datos internacionales. Además, en los últimos años Tailandia ha registrado graves insuficiencias de mano de obra calificada, lo cual ha ejercido una fuerte presión al alza sobre los salarios. En la mayoría de las economías de Asia oriental, han aumentado acusadamente no sólo las tasas de escolarización en los últimos 30 años sino también la calidad de la educación, consecuencia del aumento del gasto medio en educación por alumno y de la disminución de la proporción de alumnos por profesor20.

Al mejorar el nivel de calificación de la fuerza laboral, la educación y la capacitación contribuyen directamente a la expansión de la capacidad productiva de las economías y acrecientan sus posibilidades de crecimiento económico. Se estima que entre un 10% y un 15% del aumento del producto por trabajador en las economías de Asia oriental durante el período 1960—94 es consecuencia directa del efecto de la educación (véase el cuadro 3.1)21. No obstante, la acumulación de capital humano también influye en el crecimiento económico en forma indirecta. Los bienes de capital y el grado de calificación de la mano de obra suelen complementarse y, en consecuencia, un aumento de la mano de obra calificada puede inducir una mayor inversión, o a la inversa, como sucede en varios países en desarrollo, la escasez de mano de obra calificada puede desalentar ciertos tipos de inversión22. Además, según información empírica, si bien la inversión extranjera directa es un cauce importante para la transferencia de tecnología hacia los países en desarrollo, la productividad de la inversión extranjera directa es mayor que la de la inversión interna sólo si el país receptor cuenta con un mínimo de capital humano23.

Cuando empezaron a dispararse sus tasas de crecimiento, las economías de Asia oriental ya tenían, con respecto a muchos otros países en desarrollo, una ventaja en materia de capital humano que lograron mantener mediante políticas explícitas de inversión en educación. No obstante, los excelentes resultados de crecimiento de estos países se debieron en gran medida a su capacidad para incrementar rápida y continuamente el capital físico a disposición de la fuerza laboral (cuadro 3.3). En las tres últimas décadas, la inversión bruta en capital fijo como proporción del PIB registró un continuo y acusado aumento, llegando a situarse en más del 30% en Indonesia, y en más del 40% en Corea, Malasia y Tailandia. Las principales excepciones son la RAE de Hong Kong y la provincia china de Taiwan, donde la proporción de la inversión se mantuvo relativamente constante durante todo este período en un nivel cercano a un cuarto del PIB, y Filipinas, donde la inversión pasó de un 19% del PIB en los años sesenta a un nivel constante de alrededor del 23% en las décadas ulteriores. Pese a que su tasa de acumulación de capital fue más baja, los resultados de crecimiento de la provincia china de Taiwan han sido tan positivos como los de las otras economías de Asia oriental.

Cuadro 3.3.Razón inversión-PIB en algunas economías1(Porcentaje)
Promedios
1960–691970–791980–891990–96
China235353439
Corea18283037
Filipinas219252323
Hong Kong. RAE de242830
India216182224
Indonesia218192732
Japón35343030
Malasia215233038
Singapur223414235
Tailandia222252841
Taiwan, provincia china de225292424
Brasil217222120
Chile121825
México217222222
Alemania26232022
España242222
Estados Unidos21202017
Italia262319
Reino Unido19201716

La inversión abarca la formación bruta de capital fijo más la variación de las existencias.

Los datos abarcan desde 1963 en adelante.

La inversión abarca la formación bruta de capital fijo más la variación de las existencias.

Los datos abarcan desde 1963 en adelante.

Evidentemente, a medida que subieron en forma acelerada las tasas de inversión, las tasas de ahorro y las entradas de capital extranjero también fueron aumentando con rapidez. Los factores que contribuyeron al acelerado aumento del ahorro interno son varios, pero quizás el más importante haya sido el vigoroso ritmo de crecimiento económico que, al elevar los niveles de ingreso por encima del nivel de subsistencia, dio lugar a un aumento de las tasas de ahorro agregado. También es posible que la acelerada tasa de crecimiento haya contribuido a elevar el ahorro global al incrementar en forma desproporcionada el ingreso de los trabajadores más jóvenes. Las características demográficas de la región, sobre todo sus bajas tasas de dependencia, también fueron conducentes a que se registrasen altas tasas de ahorro (recuadro 3.1, pág. 110)24. Asimismo, es probable que los frutos de una política económica favorable —incluido un entorno macroeconómico estable, tasas de inflación muy bajas, tasas de interés reales positivas25 y un acelerado desarrollo de la intermediación financiera— hayan tenido un efecto positivo en las tasas de ahorro. Algunos países, sobre todo, Malasia y Singapur, cuentan con mecanismos de ahorro obligatorio bien concebidos desde los años sesenta y setenta, pero no se ha podido determinar en forma concluyente qué efecto tuvieron estos mecanismos sobre las tasas globales de ahorro privado26.

Con frecuencia, las altas tasas de ahorro privado se atribuyen a la propensión al ahorro excepcionalmente elevado de los hogares de Asia oriental. Menos reconocido es el papel que desempeñó el ahorro de las empresas, quizá porque son pocos los países de la región que recopilan regularmente estadísticas sobre los componentes del ahorro privado total, con lo cual los datos sobre el ahorro de las empresas tienden a calcularse indirectamente y a ser incompletos27.

En Tailandia, uno de los países para los cuales se cuenta con datos, el ahorro empresarial durante los años setenta y ochenta alcanzó, en promedio, casi un 45% del ahorro privado total y un 8½% del PIB. A fines de los años ochenta estos porcentajes aumentaron acusadamente, alcanzando casi un 60% del ahorro privado total y un 13% del PIB. El ahorro de las empresas también ha tenido un papel importante en Corea. En promedio, el ahorro de los hogares en los años cincuenta y sesenta no llegaba a un 3% del PIB, en tanto que el ahorro empresarial rondaba el 6% del PIB. El ahorro del sector público representaba más del 60% del ahorro interno total. Sin embargo, con el tiempo, tanto el ahorro de los particulares como de las empresas fue aumentando considerablemente: en el período 1974–79, el ahorro de los hogares alcanzó un nivel medio de 11% del PIB y en 1990–95 llegó a situarse en un 13%, mientras que las utilidades no distribuidas de las empresas en estos períodos alcanzaron respectivamente, un 12½% del PIB y un 14% del PIB (cuadro 3.4). Gracias al crecimiento económico, el ahorro de las empresas pudo seguir el ritmo del ahorro de los hogares, y en los años noventa seguía representando un 50% del ahorro privado. En cambio, en Singapur, en parte debido a la creación del fondo previsional obligatorio al que los hogares aportaron casi un 15% del PIB a mediados de los años ochenta, la proporción del ahorro de las empresas en el ahorro privado fue menor.

Cuadro 3.4.Composición del ahorro privado en algunas economías(Porcentage del PIB)
1970–741975–791980–841985–891990–96
Tailandia
Ahorro privado1815152222
Hogares141110109
Empresas4351213
Corea
Ahorro privado1622202826
Hogares71081313
Empresas812121514
Taiwan, provincia china de
Ahorro privado23273324
Hogares1412141713
Empresas10141511
Filipinas
Ahorro privado2022221816
Hogares6833
Empresas14141916
Japón
Ahorro privado3130272625
Hogares12109
Empresas151617
India
Ahorro privado1519171921
Hogares1317151719
Empresas22223
Estados Unidos
Ahorro privado1718181615
Hogares644
Empresas121211
Fuente: Sang-Woo Nam. “What Determines National Saving? A Case Study of Korea and the Philippines”, Policy, Planning and Research Working Paper WPS 205 (Washington: Banco Mundial, mayo de 1989); Banco Mundial, autoridades nacionales, OCDE y FMI, base de datos del estudio sobre las perspectivas de la economía mundial y estimaciones de los funcionarios del FMI.
Fuente: Sang-Woo Nam. “What Determines National Saving? A Case Study of Korea and the Philippines”, Policy, Planning and Research Working Paper WPS 205 (Washington: Banco Mundial, mayo de 1989); Banco Mundial, autoridades nacionales, OCDE y FMI, base de datos del estudio sobre las perspectivas de la economía mundial y estimaciones de los funcionarios del FMI.

En comparación con las economías avanzadas de Europa y América del Norte, la proporción que corresponde al ahorro empresarial en el ahorro privado total en las economías de Asia oriental no es excepcionalmente elevada, pero con respecto a los países en desarrollo de evolución relativamente menos favorable, el ahorro empresarial tiene un mayor peso en el ahorro privado, sin duda porque en Asia oriental la situación macroeconómica y el entorno para la inversión eran relativamente más estables. Sin embargo, las utilidades no distribuidas distaron mucho de ser suficientes para financiar la inversión de las empresas28. Debido al insuficiente desarrollo de los mercados de valores privados (bonos y acciones), sobre todo hasta principios de los años noventa, las empresas recurrieron en gran medida al financiamiento bancario (véase más adelante).

El recurso al ahorro externo varió considerablemente de un país a otro. Con excepción de Corea, la dependencia del ahorro externo de las economías recientemente industrializadas fue menor que en los cuatro países de la ASEAN más afectados por la crisis, incluso en los primeros años de su desarrollo económico, y desde mediados de los años ochenta dichas economías han registrado superávit en la balanza en cuenta corriente. También varió de un país a otro la composición del ahorro externo. En algunos países (Malasia y Singapur), la inversión interna se financió principalmente con la inversión directa y de cartera, en tanto que en otros países (Corea y Tailandia) la inversión se financió principalmente con empréstitos externos (cuadro 3.5). En Corea, los controles de capital y los estrictos límites impuestos a la propiedad extranjera fueron factores que afectaron la composición del financiamiento externo, y hasta los años noventa la inversión directa y de cartera representaba sólo una pequeña proporción del volumen total de flujos de capital procedentes del exterior. En los años noventa, sin embargo, la flexibilización de los límites a la propiedad extranjera dio lugar a un aumento apreciable de la inversión extranjera de cartera. Por lo general, los empréstitos externos contraídos por el sector empresarial —la mayoría de los cuales se obtuvieron por intermedio del sistema bancario— fueron la principal vía de movilización de recursos extranjeros. Una de las características de la crisis actual, que la distingue de otras crisis que han azotado a la región en el pasado, es la función crucial que tuvo el gran volumen de deuda externa contraída por el sector empresarial.

Cuadro 3.5.Flujos netos de capital privado en algunas economías1(Porcentaje del PIB)
1975–8221983–9121992–962
China
Flujos netos de capital privado0,31,13,5
Inversión directa neta0,10,64,2
Inversión de cartera neta0,10,3
Otras inversiones netas0,20,4−1,0
Pasivos a corto plazo0,2−0,2−0,2
Indonesia
Flujos netos de capital privado1,12,64,8
Inversión directa neta0,50,61,8
Inversión de cartera neta0,10,10,7
Otras inversiones netas0,51,92,3
Pasivos a corto plazo−0,81,42,4
India
Flujos netos de capital privado−0,21,41,5
Inversión directa neta0,10,4
Inversión de cartera neta0,8
Otras inversiones netas−0,21,40,3
Pasivos a corto plazo0,10,7−0,1
Corea
Flujos netos de capital privado5,7−0,43,2
Inversión directa neta0,10,1−0,3
Inversión de cartera neta0,10,32,4
Otras inversiones netas5,5−0,81,1
Pasivos a corto plazo3,60,62,7
Malasia
Flujos netos de capital privado5,14,110,5
Inversión directa neta3,73,66,5
Inversión de cartera neta
Otras inversiones netas1,40,54,0
Pasivos a corto plazo0,80,53,5
Filipinas
Flujos netos de capital privado5,5−0,84,8
Inversión directa neta0,51,01,7
Inversión de cartera neta0,10,10,1
Otras inversiones netas5,0−1,93,0
Pasivos a corto plazo2,9−2,02,3
Taiwan, provincia china de
Flujos netos de capital privado1,9−2,2−2,5
Inversión directa neta0,3−0,9−0,6
Inversión de cartera neta0,1−0,30,2
Otras inversiones netas1,5−1,0−2,0
Pasivos a corto plazo−0,62,01,4
Tailandia
Flujos netos de capital privado4,05,78,8
Inversión directa neta0,41,31,0
Inversión de cartera neta0,82,2
Otras inversiones netas3,53,65,7
Pasivos a corto plazo1,72,84,7
Brasil
Flujos netos de capital privado4,10,63,5
Inversión directa neta0,90,40,5
Inversión de cartera neta0,14,1
Otras inversiones netas3,20,2−1,1
Pasivos a corto plazo0,80,50,2
Chile
Flujos netos de capital privado7,13,98,9
Inversión directa neta0,72,23,1
Inversión de cartera neta0,21,2
Otras inversiones netas6,41,54,6
Pasivos a corto plazo1,70,51,7
México
Flujos netos de capital privado4,3−0,53,0
Inversión directa neta0,81,02,2
Inversión de cartera neta0,1−0,11,3
Otras inversiones netas3,4−1,4−0,6
Pasivos a corto plazo0,6−0,50,2

Debido a limitaciones de los datos, en algunos casos la inversión neta puede incluir flujos oficiales.

Promedios anuales.

Debido a limitaciones de los datos, en algunos casos la inversión neta puede incluir flujos oficiales.

Promedios anuales.

Intermediación financiera y el papel del sector financiero

Debido en parte a las favorables tendencias demográficas y al rápido crecimiento de la región, los sistemas financieros de Asia oriental fomentaron el ahorro interno y, hasta hace pocos años, por lo general encauzaban los recursos financieros hacia inversiones de alto rendimiento. Al respecto, desempeñaron un papel central las instituciones de intermediación financiera, sobre todo en la etapa inicial del proceso de desarrollo; los mercados de acciones y de bonos, en cambio, tuvieron un papel menos destacado. No obstante, hubo una intensa intervención de las autoridades de los países de Asia oriental en el sector financiero a través de la reglamentación y de las instituciones financieras de propiedad del Estado, así como a través de la orientación y los incentivos que proporcionaron a los participantes de los mercados financieros. En general, estas intervenciones favorecieron directa o indirectamente la intermediación financiera, sobre todo a través del sistema bancario, y tendieron a desalentar el endeudamiento mediante la emisión de títulos. Sin embargo, las políticas oficiales y el papel de la intervención estatal variaron considerablemente de un país a otro y no se impuso un modelo único para desarrollar el sector financiero. Así, en la RAE de Hong Kong, por ejemplo, el papel de las autoridades se limitó a la reglamentación y a la supervisión prudenciales; en el otro extremo del espectro, en Corea, las autoridades participaron directamente en la asignación del crédito29.

En varias economías de Asia oriental, el sector público creó y administró instituciones financieras estatales para estimular el ahorro y participar en su intermediación, sobre todo cuando las instituciones financieras presentaban deficiencias o simplemente no existían. Las nuevas instituciones creadas abarcaron cajas de ahorro postal, bancos de desarrollo y bancos comerciales administrados por el Estado. En Corea, Malasia, Singapur y la provincia china de Taiwan, se establecieron cajas postales a fin de estimular el ahorro a pequeña escala y ofrecer a los depositantes una forma segura y cómoda de colocar sus recursos a través de la amplia red de correos. En estas cuatro economías, al igual que en Indonesia y Tailandia, los bancos de desarrollo proporcionaron crédito a largo plazo a sectores prioritarios, la pequeña empresa, la agricultura, la vivienda y a los prestatarios más pobres. En Corea, entre principios de los años sesenta y principios de los años ochenta, el Estado administraba y era dueño de todos los bancos comerciales; en la provincia china de Taiwan, por su parte, los principales bancos comerciales siguen estando en manos del Estado y son administrados por éste. Asimismo, en la mayoría de las otras economías de Asia oriental, las autoridades participaron en la creación de los bancos comerciales, algunos de los cuales siguen siendo de propiedad estatal (cuadro 3.6). Por último, en la mayoría de los países de la región, salvo la RAE de Hong Kong, Singapur y últimamente Indonesia, el Estado protegía a las instituciones financieras de la competencia nacional y extranjera imponiendo restricciones con respecto al acceso al mercado y la apertura de sucursales por parte de instituciones extranjeras30.

Cuadro 3.6.Estructura del sistema financiero de algunas economías1
CoreaFilipinasIndonesiaMalasiaProvincia

china de

Taiwan
RAE de Hong KongSingapurTailandia
Número de instituciones
Bancos comerciales estatales65718002
Bancos de desarrollo o regionales332714005
Bancos comerciales privados7625205348718214329
Nacionales24211642122311215
Extranjeros o de participación mixta52441136515113114
Bancos comerciales y de inversión y bancos especializados212862790
Otras instituciones de ahorro y compañías financieras3>1.000>1.000>500168>400124182>1.000
Sistema de ahorro postal1001110
Compañías de seguros460144145675322314412
Proporción de activos (porcentaje del total)5
Bancos comerciales estatales12,012,936,933,13,4
Bancos de desarrollo o regionales8,93,12,20,69,59,2
Bancos comerciales privados33,150,446,659,013,689,375,464,6
Nacionales29,643,539,110,762,6
Extranjeros o de participación mixta3,56,87,52,92,0
Bancos comerciales y de inversión y bancos especializados25,47,34,516,0
Otras instituciones de ahorro y compañías financieras337,914,19,429,520,42,721,0
Sistema de ahorro postal0,80,911,7
Compañías de seguros47,519,54,94,54,43,58,61,8
Fuente: Autoridad Monetaria de Hong Kong; Director de Seguros de la Oficina de Hong Kong; FMI, Indonesia—Selected Issues, FMI, Staff Country Report No. 97/76 (Washington: FMI, junio de 1997); Marcus Noland. “Restructuring Korea’s Financial Sector for Greater Competitiveness”, documento de trabajo de la APEC 96–14 (Washington: Instituto de Economía Internacional, 1996); Shahid N. Zahid, a cargo de la edición, Financial Sector Development in Asia: Country Studies (Manila: Banco Asiático de Desarrollo, 1995); Banco Negara, Malasia; Autoridad Monetaria de Singapur: Consejo de Planificación y Desarrollo Económicos, Taiwan Statistical Data Book (Taipei, provincia china de Taiwan, 1997) y estimaciones de los funcionarios del FMI.

Los datos corresponden a los siguiente años: RAE de Hong Kong, 1996; Indonesia, 1996 (excluido 1991 para las cifras sobre proporción de los activos de otras instituciones financieras y compañías de seguros); Corea. 1994 para el número de instituciones y 1993 para la proporción de activos; Malasia, 1997; Filipinas, 1991; Singapur, 1996 (datos de julio para el número de instituciones y datos de final de año para la proporción de activos); provincia china de Taiwan, 1996 para el número de instituciones y 1990 para la proporción de activos, y Tailandia, 1997 para el número de instituciones y 1992 para la proporción de activos.

En el caso de la RAE de Hong Kong incluye bancos que funcionan con licencias restringidas (24 de estos bancos fueron constituidos como sociedad fuera del territorio de la RAE de Hong Kong). En el caso de la provincia china de Taiwan incluye los bancos comerciales de mediana escala.

Incluye bancos rurales, instituciones de ahorro y cajas de ahorro (de propiedad nacional o extranjera); asociaciones y cooperativas de crédito; otras instituciones de ahorro y de depósito y compañías financieras, de inversión y de arrendamiento financiero. No incluye fondos fiduciarios, fondos comunes de inversión ni agentes o corredores de bolsa.

Incluye las compañías de seguro (de vida, propiedad, y responsabilidad frente a terceros, seguro social y reaseguro) estatales, nacionales privadas, extranjeras y extraterritoriales (offshore).

En algunos casos los componentes no suman 100 debido al redondeo de las cifras. En el caso de Singapur no incluye los activos del sistema de ahorro postal u otras instituciones de ahorro o compañías financieras; tampoco incluye los activos de los planes previsionales obligatorios en los casos de Malasia y Singapur.

Fuente: Autoridad Monetaria de Hong Kong; Director de Seguros de la Oficina de Hong Kong; FMI, Indonesia—Selected Issues, FMI, Staff Country Report No. 97/76 (Washington: FMI, junio de 1997); Marcus Noland. “Restructuring Korea’s Financial Sector for Greater Competitiveness”, documento de trabajo de la APEC 96–14 (Washington: Instituto de Economía Internacional, 1996); Shahid N. Zahid, a cargo de la edición, Financial Sector Development in Asia: Country Studies (Manila: Banco Asiático de Desarrollo, 1995); Banco Negara, Malasia; Autoridad Monetaria de Singapur: Consejo de Planificación y Desarrollo Económicos, Taiwan Statistical Data Book (Taipei, provincia china de Taiwan, 1997) y estimaciones de los funcionarios del FMI.

Los datos corresponden a los siguiente años: RAE de Hong Kong, 1996; Indonesia, 1996 (excluido 1991 para las cifras sobre proporción de los activos de otras instituciones financieras y compañías de seguros); Corea. 1994 para el número de instituciones y 1993 para la proporción de activos; Malasia, 1997; Filipinas, 1991; Singapur, 1996 (datos de julio para el número de instituciones y datos de final de año para la proporción de activos); provincia china de Taiwan, 1996 para el número de instituciones y 1990 para la proporción de activos, y Tailandia, 1997 para el número de instituciones y 1992 para la proporción de activos.

En el caso de la RAE de Hong Kong incluye bancos que funcionan con licencias restringidas (24 de estos bancos fueron constituidos como sociedad fuera del territorio de la RAE de Hong Kong). En el caso de la provincia china de Taiwan incluye los bancos comerciales de mediana escala.

Incluye bancos rurales, instituciones de ahorro y cajas de ahorro (de propiedad nacional o extranjera); asociaciones y cooperativas de crédito; otras instituciones de ahorro y de depósito y compañías financieras, de inversión y de arrendamiento financiero. No incluye fondos fiduciarios, fondos comunes de inversión ni agentes o corredores de bolsa.

Incluye las compañías de seguro (de vida, propiedad, y responsabilidad frente a terceros, seguro social y reaseguro) estatales, nacionales privadas, extranjeras y extraterritoriales (offshore).

En algunos casos los componentes no suman 100 debido al redondeo de las cifras. En el caso de Singapur no incluye los activos del sistema de ahorro postal u otras instituciones de ahorro o compañías financieras; tampoco incluye los activos de los planes previsionales obligatorios en los casos de Malasia y Singapur.

Las gobiernos de Asia oriental también dirigían el sector financiero ofreciendo incentivos fiscales y subvenciones racionando el acceso al crédito y las divisas. Por ejemplo, en Corea y la provincia china de Taiwan, los hogares tenían incentivos para depositar sus ahorros en las cajas postales ya que los intereses estaban exentos del pago de impuestos, y en muchos países de Asia oriental los préstamos que concedían los bancos de desarrollo a las industrias prioritarias para fines específicos de política estaban subvencionados. En Corea, concretamente, a las empresas que obtenían buenos resultados en los mercados de exportación se les facilitaba el acceso al crédito y la adquisición de divisas.

Entre las medidas de reglamentación económica cabe destacar los controles sobre las tasas de interés y los flujos internacionales de capital, que engendraban una represión financiera moderada, las restricciones a la competencia y el acceso al sector financiero y las limitaciones con respecto a las actividades de las instituciones financieras, por ejemplo, la concesión de crédito para determinados fines y a ciertos sectores. A diferencia de otros países en desarrollo donde la represión financiera tuvo por objeto sobre todo ayudar a reducir el costo del servicio de la deuda del sector público, en Asia oriental la represión financiera benefició sobre todo al sector privado, y concretamente a las empresas prestatarias31. Una de las consecuencias de esta represión fue que, al mantenerse bajas las tasas de interés, se transfirieron ingresos de los ahorristas netos, sobre todo los hogares, a los inversionistas netos, especialmente las empresas32. Además, la represión financiera hizo que los fondos fuesen más escasos, lo cual proporcionó a las autoridades mayores posibilidades de intervenir y motivos aparentemente justificados para hacerlo. Los controles sobre los flujos internacionales de capital contribuyeron a la represión financiera. Sin estos controles, posiblemente los fondos de los hogares hubieran salido del país cuando las tasas de interés de los depósitos se mantenían en niveles mucho más bajos que las tasas internacionales.

En determinadas ocasiones, las autoridades de los países de Asia oriental limitaron además el crédito para fines de consumo, vivienda, bienes raíces y adquisición de acciones. Las restricciones a la concesión de crédito para consumo y vivienda incentivó a los hogares a ahorrar antes de efectuar grandes adquisiciones, en tanto que las restricciones al crédito destinado a la inversión en las bolsas de valores y en bienes raíces desincentivaron el endeudamiento con fines especulativos.

En los últimos 30 años, la intermediación financiera registró una rápida expansión en todas las economías de Asia oriental, según indicadores como la razón entre el dinero en sentido amplio (M2) y el PIB (cuadro 3.7). Como ya se señaló, ello se debió en parte al insuficiente desarrollo de los mercados de valores, lo cual obligó a las empresas a financiar la rápida tasa de acumulación de capital recurriendo al endeudamiento, principalmente a través de los bancos y otras instituciones de intermediación financiera.

Cuadro 3.7.Dinero en sentido amplio (M2) en algunas economías(Porcentaje del PIB)
1965197019751980198519901995
China375580102
Corea12333133353844
Filipinas22231824283450
Hong Kong, RAE de173
Indonesia11101617244048
Malasia31344552636691
Singapur56666164729184
Tailandia25283438567079
Taiwan, provincia china de34415766109148194
Alemania44495455596664
Estados Unidos66636561676658
Japón7774858696117114
Fuente: FMI, Estadísticas financieras internacionales (EFI) (Washington, varios años).
Fuente: FMI, Estadísticas financieras internacionales (EFI) (Washington, varios años).

La magnitud del endeudamiento del sector privado en estas economías también puede constatarse utilizando otros dos indicadores: el crédito al sector privado como porcentaje del PIB, y la razón deuda-capital propio (cuadros 3.8 y 3.9). En la mayoría de las economías de Asia oriental, el crédito al sector privado registró una fuerte expansión en los años ochenta y noventa, y en 1995 la razón entre el crédito al sector privado y el PIB era igual o mayor que en Estados Unidos, Corea, el único país en crisis sobre el cual se dispone de datos, la razón deuda-capital propio también era muy elevada. En el período 1975–90, las utilidades no distribuidas financiaron, en promedio, alrededor del 30% de la inversión empresarial de Corea33, en tanto que la razón deuda-capital propio aumentó de un 90% en los años sesenta a casi el 350% a mediados de los años ochenta y posteriormente se redujo a un 300% a mediados de los años noventa. No obstante, poco antes de que se desatara la crisis, la razón deuda-capital propio había alcanzado casi el 400%34. En cambio, en los años noventa, la razón deuda-capital propio era del orden del 85% en la provincia china de Taiwan, alrededor del 200% en Japón y ligeramente superior al 150% en Estados Unidos. Los altísimos niveles de endeudamiento de las economías de Asia oriental y la rápida tasa de aumento de la deuda indican que tanto el sector bancario como el sector empresarial eran cada vez más vulnerables a las perturbaciones adversas. Es posible que esta precaria situación se haya visto agravada por el vencimiento a corto plazo de la deuda y por el hecho de que la expansión del crédito fue impulsada, en muchos casos, por intermediarios financieros no bancarios, como las compañías financieras35.

Cuadro 3.8.Crédito al sector privado en algunas economías1(Porcentaje del PIB)
1965197019751980198519901995
China253698987
Corea11343542495761
Filipinas19192431201938
Hong Kong, RAE de155
Indonesia592110184753
Malasia13182738627185
Singapur38465771928291
Tailandia14182630466598
Taiwan, provincia china de2432515567100149
Alemania576470798795100
Estados Unidos53556265687165
Japón8178888599124118
Fuente: FMI, EFI.

El crédito del sector privado incluye los préstamos otorgados por las autoridades monetarias y los bancos creadores de dinero; no incluye los préstamos otorgados por otras instituciones bancarias, ya que no se dispone de esos datos para la mayoría de los países de la lista.

Crédito al sector no gubernamental.

Fuente: FMI, EFI.

El crédito del sector privado incluye los préstamos otorgados por las autoridades monetarias y los bancos creadores de dinero; no incluye los préstamos otorgados por otras instituciones bancarias, ya que no se dispone de esos datos para la mayoría de los países de la lista.

Crédito al sector no gubernamental.

Pese al fuerte aumento de la capitalización de los mercados bursátiles a partir de los años noventa y hasta 1997 (gráfico 3.3), los mercados de valores de Asia oriental están relativamente poco desarrollados y en una etapa incipiente debido a una serie de factores36. Las acciones de muchas empresas que se cotizan en la bolsa están concentradas en unas pocas manos, y a pesar de que en los diez últimos años la liquidez de los mercados ha aumentado, el porcentaje de acciones que se negocian activamente es relativamente bajo. Asimismo, a diferencia de lo que sucede en los países industriales, los mercados bursátiles no tienen mayor influencia en la gestión empresarial porque muchas empresas están controladas por familias. En consecuencia, las empresas no han recurrido a estos mercados para obtener financiamiento, y las cotizaciones de las acciones no han cumplido su función de calificar el desempeño de las empresas y de sus directivos ni imponer disciplina en la actividad empresarial.

Gráfico 3.3.Capitalización de los mercados bursátiles en algunas economías1

(Porcentaje del PIB)

En Asia oriental ha aumentado la capitalización de los mercados bursátiles en los años noventa.

Fuentes: Corporación Financiera Internacional, IFC Factbook, y FMI, base de datos del estudio sobre las perspectivas de la economía mundial.

1Los datos sobre capitalización y el volumen de operaciones corresponden al final del período; los datos sobre el PIB son promedios del período en cuestión.

Cuadro 3.9.Razón deuda-capital propio de empresas manufactureras en algunas economías(Porcentaje)
1985199019911992199319941995
Corea348285306318294302286
Taiwan, provincia china de114839893888786
Japón252226221216213209206
Estados Unidos121149147168174166159
Fuente: Sung Kwack, “The Financial Crisis in Korea: Causes and Cure”, serie de seminarios del FMI, No. 1998–19 (Washington, junio de 1998).
Fuente: Sung Kwack, “The Financial Crisis in Korea: Causes and Cure”, serie de seminarios del FMI, No. 1998–19 (Washington, junio de 1998).

El grado de desarrollo y liquidez de otros mercados de valores de la región, como los mercados de dinero y de bonos, es aún menor. Por lo general, los mercados de renta fija se desarrollan una vez que existe un mercado de bonos públicos. En Asia oriental, sin embargo, estos últimos han tardado en establecerse, ya sea porque las autoridades no necesitaban un volumen considerable de recursos para financiar el presupuesto, dado que seguían una política fiscal prudente, o porque recurrieron al crédito bancario para cubrir los déficit fiscales. Asimismo, es posible que las autoridades de la región hayan desalentado el desarrollo de los mercados de valores a través de sus intervenciones37. Por ejemplo, en Tailandia (al igual que en Japón) las autoridades obstaculizaron el desarrollo del mercado de bonos al otorgar a un solo banco el monopolio de emisión de obligaciones a largo plazo.

La rápida expansión de la intermediación financiera en las economías de Asia oriental no siempre estuvo acompañada de mejoras equivalentes en los sistemas de reglamentación y supervisión. De hecho, en distinta medida, todas estas economías experimentaron en ciertos momentos dificultades en el sector financiero en las dos últimas décadas (cuadro 3.10). Por ejemplo, en la RAE de Hong Kong durante 1982–86, Indonesia a principios de los años noventa, Malasia durante 1985–88, Filipinas a mediados de los años ochenta, la provincia china de Taiwan en 1983–84 y Tailandia durante 1983–87, se dieron varios casos de quiebra o cierre de instituciones financieras. En Malasia, el cierre de bancos provocó retiradas masivas de depósitos de otros bancos, y en la RAE de Hong Kong, el período de dificultades en el sector financiero coincidió con un período de presiones en el mercado cambiario. En otros casos, como Corea a mediados de los años ochenta y Singapur en 1982, si bien los bancos no quebraron, aumentó el volumen de préstamos en mora, y las instituciones financieras se vieron en graves dificultades.

Cuadro 3.10.Problemas del sector bancario en algunas economías de Asia oriental
EconomíaPeríodoGravedad de los problemas financierosMedidas estatales/pérdidas estimadas
CoreaMediados de 1980Los préstamos en mora alcanzan un máximo de más del 7% de los activos totales.
Filipinas1981–87En 1981 quiebran bancos cuyos activos representan casi un 2% del total. Hasta mediados de los años ochenta quiebran 3 bancos comerciales, 128 bancos rurales y 32 instituciones de ahorro. El monto de préstamos en mora alcanza un nivel máximo de casi un 20% del total.El banco central proporciona un volumen de liquidez considerable, llegando a un nivel máximo equivalente al 3% del PIB. Varias instituciones insolventes son liquidadas o adquiridas por otras entidades, y sus depósitos son rembolsados (las pérdidas de los depositantes ascienden a más del 5% de los depósitos totales). El Estado adquiere varios bancos y establece una entidad para administrar, recuperar y liquidar los préstamos en mora.
Hong Kong, RAE de1982–83Quiebran nueve instituciones de depósito.Las autoridades modifican los sistemas de reglamentación y auditoría de las instituciones financieras.
1983–86Quiebran, se fusionan, adquieren o liquidan siete bancos y otras instituciones financieras.Las autoridades nombran a nuevos directivos en varias insituciones y otorgan crédito a otras.
Indonesia1992–96Quiebra un banco privado importante dando lugar a retiros masivos de bancos más pequeños. Los préstamos en mora superan el 25% del crédito total otorgado.Las autoridades recapitalízan cinco bancos estatales a un costo de alrededor del 2% del PIB. Se liquida un banco.
Malasia1985–88Los préstamos en mora alcanzan un nivel máximo superior al 30% del total. Se registran retiros masivos esporádicos de fondos de instituciones financieras. Quiebran o se fusionan varias compañías financieras. Las autoridades intervienen en un total de 3 bancos, 4 sociedades financieras, 14 compañías de seguro y 24 instituciones de depósito.Las pérdidas declaradas ascienden a aproximadamente el 5% del PIB. A los accionistas de algunas instituciones se les exige inyectar nuevos capitales; el banco central aporta recursos complementarios. Algunos bancos reciben préstamos en condiciones concesionarias. Se refuerzan la supervisión y la reglamentación y se establece un mercado hipotecario secundario para fomentar la liquidez bancaria.
Singapur1982Los préstamos en mora de los bancos comerciales alcanzan casi el 1% del PIB.El Estado ofrece exoneraciones fiscales durante dos años a los bancos que cancelan en libros las deudas incobrables.
Tailandia1983–87Debido a los retiros de depósitos de las instituciones financieras, quiebran más de 20 compañías financieras. Más del 25% de los activos del sistema financiero se ven afectados.Las autoridades intervienen para ayudar a más de 50 compañías financieras y bancos: se liquidan 25 y se fusionan otras 9; 20 instituciones reciben subvenciones del Estado. El costo total para el Estado asciende a alrededor del 1% del PIB. Los depositantes de las compañías financieras absorben aproximadamente un 50% de las pérdidas.
Taiwan, provincia china de1983–84Quiebran 4 compañías de fideicomisos y 11 cooperativas.Los bancos más sólidos adquieren a los más débiles o se hacen cargo de su administración.
1995Quiebra una cooperativa de crédito, lo que provoca retiradas masivas de fondos de otras instituciones de crédito.
Fuentes: Gerard Caprio, Jr. y Daniela Klingebiel, “Bank Insolvencies: Cross-Country Experience”, documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo 1620 (Washington: Banco Mundial, julio de 1996); Carl-Johan Lindgren, Gillian Garcia y Matthew I. Saal, Bank Soundness and Macroeconomic Policy (Washington: FMI, 1996) y Banco Mundial. The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy (Nueva York: Oxford University Press, 1993).
Fuentes: Gerard Caprio, Jr. y Daniela Klingebiel, “Bank Insolvencies: Cross-Country Experience”, documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo 1620 (Washington: Banco Mundial, julio de 1996); Carl-Johan Lindgren, Gillian Garcia y Matthew I. Saal, Bank Soundness and Macroeconomic Policy (Washington: FMI, 1996) y Banco Mundial. The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy (Nueva York: Oxford University Press, 1993).

Los problemas del sector bancario en estas economías fueron consecuencia de factores externos e internos. Entre los factores externos se cuentan los aumentos de las tasas de interés en el mercado internacional (en el caso de varias de las economías a principios de los años ochenta), el descenso de la demanda de exportaciones (en Corea) y perturbaciones en la relación de intercambio (como las que afectaron a Filipinas y Malasia). Entre los factores internos cabe citar las deficiencias de las normas prudenciales (en todas las economías), el endeudamiento especulativo (relacionado principalmente con el mercado de bienes raíces en la RAE de Hong Kong, Malasia y Tailandia, con las cotizaciones bursátiles en Malasia, con los tipos de cambio en Tailandia y con el arbitraje de rendimientos en la provincia china de Taiwan) y la concesión de crédito siguiendo criterios no comerciales, con frecuencia a clientes vinculados con los directivos de los bancos o con las autoridades estatales (en Filipinas, Indonesia y Tailandia).

Las autoridades adoptaron distintas estrategias para hacer frente a las crisis. En la RAE de Hong Kong y la provincia china de Taiwan, las instituciones financieras más insolventes se fusionaron, o se liquidaron, o simplemente se dejó que quebraran; en los casos de fusión o adquisición por bancos más sólidos se remplazó a los administradores. En cambio, en Indonesia, Malasia y Tailandia, si bien se dejó que unas pocas instituciones financieras, generalmente pequeñas, quebrasen, se permitió que la mayoría de los bancos siguieran funcionando, con intervención estatal, pese a que el volumen de préstamos en mora superaba el 25% de los activos totales. En Corea, donde el volumen de préstamos en mora llegó hasta un máximo de más del 7% del total de préstamos, no se cerró ninguna institución financiera38. Además, incluso en los casos en que las instituciones financieras quebraron, la mayoría de los depositantes estaban protegidos, pese a que no contaban con la protección (salvo en Filipinas) de un seguro de depósitos explícito. En casi todas estas economías, se aplicaron normas de prudencia más estrictas y se reforzó la supervisión después de la crisis, pero fue sólo en la RAE de Hong Kong y Singapur que las reformas se llevaron a cabo en forma sistemática.

A partir de mediados de los años ochenta, las autoridades de las economías de Asia oriental empezaron a liberalizar el sector financiero. Como parte de este proceso se efectuaron reformas internas y se liberalizaron los controles sobre el capital y los tipos de cambio. Estas reformas no fueron únicamente consecuencia de las crisis bancarias de los años ochenta; también obedecieron a cambios en las necesidades de financiamiento a medida que se fueron desarrollando las economías, los procesos de producción se hicieron más complejos y fue adquiriendo creciente importancia una gama más amplia de instrumentos financieros, en muchos casos, más especializados39. Sin embargo, en general la liberalización y la reforma del sector financiero no se emprendieron en forma coherente: más bien, los gobiernos fueron llevando a cabo la liberalización en forma ad hoc a medida que surgían los problemas pero sin modernizar las normas contables y de declaración de datos ni reforzar los sistemas de reglamentación y supervisión.

En Corea, por ejemplo, la liberalización del sector financiero fue un proceso muy gradual y selectivo40. Por el lado externo, la evolución de la cuenta corriente determinó en esencia la forma en que se controlaron y se liberalizaron los flujos de capital. Al deteriorarse la balanza en cuenta corriente (como sucedió a principios de los años ochenta), las autoridades impusieron restricciones a la inversión en el extranjero por parte de los residentes y flexibilizaron las restricciones a las entradas de capital. Cuando la cuenta corriente empezó a registrar superávit a fines de los años ochenta, las autoridades derogaron todas las restricciones a las inversiones directas en el extranjero inferiores a $1 millón, pero limitaron la obtención de créditos comerciales en el extranjero por parte de empresas privadas nacionales41. Al deteriorarse nuevamente la situación de la cuenta corriente a principios de los años noventa, se reanudó el proceso de liberalización de la cuenta de capital. Con respecto a la economía interna, se privatizaron los bancos estatales, se desregularon progresivamente las tasas de interés, se redujo el financiamiento en apoyo de políticas y se estimuló el desarrollo del mercado de valores. No obstante, mientras que el sector financiero se fue liberalizando, no se mejoró con la misma celeridad el marco de reglamentación y supervisión, y los niveles de deuda se mantuvieron altos. Asimismo, a medida que se fueron flexibilizando los controles sobre el capital —aunque principalmente para los bancos nacionales comerciales—, la deuda externa aumentó.

En Indonesia, Tailandia, y en menor grado en Malasia, surgieron problemas similares al liberalizarse el sector financiero y la cuenta de capital. Además, las intervenciones anteriores realizadas por el gobierno para respaldar a instituciones financieras insolventes o en dificultades (por ejemplo, en Indonesia, Malasia y Tailandia), y el hecho de que las autoridades controlaran el crédito bancario a las empresas (como en Corea), contribuyeron, sin duda alguna, a agudizar el riesgo moral al crear la impresión de que existían garantías implícitas y, por ende, fomentar la asunción de riesgos excesivos42. Asimismo, en los tres países de Asia sudoriental, los bancos otorgaron cuantiosos créditos al sector inmobiliario y para financiar la inversión en acciones. En consecuencia, a mediados de los años noventa, el sector financiero era vulnerable a una deflación de los precios de los activos. Las instituciones financieras extraterritoriales, como Bangkok International Banking Facilities, en Tailandia, participaron activamente en la intermediación de fondos captados a través del endeudamiento externo a corto plazo, con lo cual el sector privado se hizo más vulnerable a una depreciación cambiaria. En Indonesia, la fragmentación del sistema bancario que se produjo al liberarse el otorgamiento de habilitaciones para la apertura de nuevos bancos sin exigir capitales apropiados, posiblemente agravó la fragilidad del sistema financiero. Es posible que se hubieran mitigado los riesgos y reducido la vulnerabilidad generada en estos países al suprimirse los controles financieros internos y externos si se hubiesen mejorado las normas prudenciales y el marco de supervisión —e insistido en que se respetaran—, e impuesto requisitos de capitales mínimos ponderados en función del riesgo, limitaciones a los riesgos asumidos en relación con determinados sectores, normas sobre la constitución de reservas para préstamos en mora y restricciones sobre la concesión de crédito a prestatarios relacionados.

Orientación a la exportación y apertura del comercio exterior

Un componente clave del éxito que tuvo la estrategia de desarrollo de las economías asiáticas fue la orientación a la exportación. Si bien todas estas economías, con la excepción de la RAE de Hong Kong, atravesaron por una etapa inicial de sustitución de importaciones, posteriormente fomentaron las exportaciones a la vez que, en la mayoría de los casos, siguieron protegiendo la industria nacional de la competencia de las importaciones43. La exportación e importación de todos estos países aumentó rápidamente, a una tasa incluso mayor que la tasa de crecimiento del producto, y actualmente la participación de las economías asiáticas recientemente industrializadas en el comercio mundial supera con creces su participación en el producto mundial (gráficos 3.4 y 3.5). En gran medida, la exportación de manufacturas —inicialmente de productos de uso intensivo de mano de obra y en los últimos tiempos, de productos de tecnología avanzada, como maquinaria y equipo— impulsaron la política de exportación44.

La exportación se ha considerado esencial para la estrategia de crecimiento de Asia oriental por varias razones. En primer lugar, las exportaciones proporcionaban la demanda necesaria para sostener el proceso de crecimiento económico. Por lo general, los mercados internos de estas economías eran relativamente pequeños, de reducido número de habitantes o con un ingreso per cápita bajo en la fase inicial del proceso de desarrollo. Por consiguiente, para lograr un crecimiento rápido fue preciso recurrir a los mercados externos. Segundo, la producción para el mercado externo fomentaba la eficiencia porque las empresas nacionales se veían obligadas a competir internacionalmente. Ello fue muy importante porque en el pasado las autoridades frecuentemente habían desalentado la competencia interna para incrementar los ingresos y el ahorro de las empresas, proteger de la competencia externa a sectores de desarrollo incipiente (para poder desarrollar ventajas comparativas en nuevos ámbitos, sobre todo en las manufacturas) y promover un rápido crecimiento económico (de modo que las empresas pudieran lograr economías de escala). Asimismo, como parte de la estrategia de fomento de las exportaciones, las autoridades de Asia oriental incentivaron la importación de tecnología alentando la obtención de licencias para la fabricación de productos con uso intensivo de conocimientos o tecnología (por ejemplo, en Corea, que adoptó el modelo utilizado en Japón), promoviendo la entrada de inversión extranjera directa destinada principalmente a los sectores exportadores (en Indonesia y Tailandia, por ejemplo) o estimulando la importación de bienes de capital por medio de incentivos tributarios, subvenciones y la política arancelaria45. Tercero, el fomento de las exportaciones hizo más necesario lograr la estabilidad macroeconómica y reforzó la capacidad para mantenerla. Por una parte, las autoridades de Asia oriental generalmente procuraron mantener tipos de cambio competitivos para alentar la exportación. En consecuencia, era importante mantener la estabilidad fiscal y monetaria para evitar un aumento del tipo de cambio real y la inestabilidad cambiaria. Por otra parte, la expansión de las exportaciones contribuyó a resolver el posible conflicto entre un rápido crecimiento económico y las restricciones sobre el financiamiento externo al contribuir a que no se acumulasen cuantiosos déficit en cuenta corriente. Asimismo, el aumento de los ingresos de exportación favoreció el ingreso público y reforzó la capacidad de las autoridades para mantener el equilibrio fiscal, con lo cual se completaba un círculo virtuoso.

Gráfico 3.4.Crecimiento de la exportación de mercancías en algunas economías

(Porcentaje anual; promedia móvil quinquenal)

Las exportaciones de Asia oriental han aumentado más rápidamente que en otros países en desarrollo.

1Excluye los exportadores de combustibles.

Gráfico 3.5.Participación de algunos grupos de países en la exportación, la importación y el producto mundiales

(Porcentaje)

En los últimos 20 años ha aumentado constantemente la participación de las economías de Asia oriental en el comercio y el producto mundiales.

Recuadro 3.1.Envejecimiento de la población en las economías de Asia oriental: Repercusiones en el presupuesto público y las tasas de ahorro

Desde una perspectiva que trasciende las recientes turbulencias económicas que afectan a muchas economías asiáticas, se percibe una faceta de las perspectivas de estos países a más largo plazo que, con frecuencia, se pasa por alto, a saber, que al igual que ocurre en muchos países industriales, la población está envejeciendo (si bien con cierto desfase en relación con los países industriales). La proporción que representan los ancianos en la población de China, Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia, provincia china de Taiwan, Singapur, Tailandia, Vietnam y la RAE de Hong Kong se duplicará como mínimo para el año 2025, al tiempo que la proporción de jóvenes disminuirá drásticamente. También se ha observado un cambio radical en la salud de la población de estos países, siguiendo una tendencia cada vez más similar a la de los países industriales. Todo ello influirá en el desarrollo a largo plazo de estas economías y afectará a los mercados de trabajo, a las tasas de ahorro e inversión y a las tasas de crecimiento, a la vez que planteará a los gobiernos importantes desafíos en materia de políticas, sobre todo en los sectores sociales. Dada la importancia de Asia para la economía mundial, es posible que haya también ramificaciones macroeconómicas.

Desde el punto de vista demográfico, Corea, la RAE de Hong Kong, Singapur y la provincia china de Taiwan —las economías asiáticas recientemente industrializadas— son las que se hallan en una etapa más avanzada en lo que a envejecimiento de la población se refiere. Su población en edad de trabajar registrará un aumento moderado en los años 2000–30 y posteriormente disminuirá. Para el año 2010, las tasas globales de dependencia comenzarán a aumentar drásticamente debido al crecimiento de la proporción de ancianos. En el caso de China, estos cambios estructurales se iniciarán unos diez años después. En lo que respecta a Filipinas, Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam, los descensos de la tasas de fertilidad y el aumento de la esperanza de vida son más recientes. En general, las tasas globales de dependencia seguirán descendiendo hasta el año 2020, cuando la proporción de ancianos en relación con la población activa iniciará una fuerte trayectoria ascendente hasta situarse en torno al 22%–28% para mediados de siglo.

El envejecimiento de la población de un país representa a largo plazo un reto importante para las políticas oficiales. Los sistemas educativos tendrán que adaptarse y modernizarse rápidamente, al tiempo que las sociedades en proceso de envejecimiento tendrán que resolver los problemas derivados de una demanda de atención médica cada vez mayor y diferente. Habrá que contar con mecanismos de seguro social que garanticen a los ancianos suficientes recursos financieros una vez que se jubilen, sobre todo teniendo en cuenta que los sistemas de respaldo de las familias tradicionales con muchos miembros tienden a desaparecer a medida que maduran las economías.

La predicción de los efectos presupuestarios del envejecimiento de la población siempre resulta problemática, pero la falta de sistemas de seguridad social acrisolados y de amplia cobertura en muchos países de Asia, sumada a la incertidumbre sobre la dirección que han de seguir las políticas públicas hacen particularmente difícil prever la evolución. Sin embargo, parece claro que los efectos demográficos en sentido estricto que tendrá sobre el presupuesto público el envejecimiento de la población (en cuanto aumentara la proporción de ancianos en el total de la población) serán muy pronunciados en las economías de Asia recientemente industrializadas, sobre todo porque sus programas de seguro social están más desarrollados. Inversamente, el menor nivel de compromisos en esta materia en el caso de China y los países de Asia sudoriental permite suponer que el envejecimiento de la población no producirá en sí un efecto fiscal apre-ciable. Sin embargo, en toda proyección presupuestaria realista habría que tener en cuenta la probabilidad de que estos países traten de ampliar considerablemente la cobertura de sus sistemas de seguro social mucho antes de que el porcentaje de ancianos en la población cobre mayores dimensiones. Es probable que estos cambios de política, conjugados con el envejecimiento demográfico, den lugar a intensas presiones fiscales. De hecho, un estudio reciente del FMI indica que la eventual ampliación del marco de políticas relativas al sector social podría producir un notable aumento de los gastos presupuestarios de esos países en pensiones y atención médica en las próximas décadas1.

Además de los efectos fiscales, cabe esperar que el envejecimiento de la población de Asia oriental tenga un sensible impacto en las tasas de ahorro nacional, estimulando en la próxima década los niveles altos que ya se registran, aunque se producirá un deterioro de las tasas de ahorro a medida que empiece a aumentar la proporción de ancianos con respecto a la población activa. En otro estudio reciente del FMI se ha tratado de determinar los posibles efectos parciales que tendrían con el tiempo los cambios demográficos en las tasas de ahorro del sector privado2. De dicho estudio se deduce que, de aquí al final del año 2010, puede producirse un aumento de las tasas de ahorro privado. Para el final del año 2025, los factores demográficos sólo influirán negativamente en las tasas de ahorro privado de cuatro de las economías asiáticas recientemente industrializadas. Así pues, en momentos en que las tasas de ahorro de los países industriales están disminuyendo como resultado de su estructura demográfica, los países de Asia oriental deberían proporcionar ahorro adicional. Sin embargo, después del año 2025, es posible que se produzca un acusado descenso de las tasas de ahorro privado en toda la región a medida que aumente el número de ancianos como proporción de la población activa.

Combinando los efectos sobre el sector público y el sector privado (y teniendo en cuenta los posibles efectos de la equivalencia ricardiana) inicialmente podría observarse un deterioro de las tasas de ahorro nacional en las economías recientemente industrializadas de Asia para el año 2010 y, en menor medida en China (véase el gráfico). En cambio, es posible que en el sudeste asiático aumenten las tasas de ahorro nacional. Sin embargo, del año 2025 en adelante, las tasas de ahorro nacional podrían registrar un notable deterioro tanto en las economías asiáticas recientemente industrializadas como en China.

Tasas de ahorro nacional1

(Porcentaje del PIB)

1Las economías asiáticas recientemente industrializadas son: Corea, RAE de Hong Kong, Singapur y la provincia china de Taiwan. La región de Asia sudoriental comprende Filipinas, Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam. Las tasas de ahorro para el 2010 y el 2025 son proyecciones de los funcionarios del FMI.

1Peter S. Heller, “Aging in the Asian Tigers: Challenges for Fiscal Policy”, documento de trabajo WP/97/143 (Washington: FMI, octubre de 1997).2Peter S. Heller y Steven A. Symansky, “Implications for Savings of Aging in the Asian Tigers”, documento de trabajo WP/97/136 (Washington: FMI, septiembre de 1997).

Muchas medidas oficiales fomentaron el auge de las exportaciones. Por lo tanto, pese a que las tasas de protección efectivas eran altas, los exportadores tenían acceso a importaciones a precios cercanos a los precios mundiales, a través de diversos cauces como zonas francas, zonas de procesamiento de exportaciones, almacenes bajo control aduanero, reintegros de derechos de aduana y exenciones arancelarias. De hecho, comparando los niveles de precios internacionales e internos y su variabilidad, se observan distorsiones de precios mucho menores en las economías de Asia oriental que en otros países en desarrollo46. Asimismo, las autoridades de estas economías solían ofrecer financiamiento preferencial e incentivos tributarios a la exportación, subvencionaban la comercialización de las exportaciones así como la infraestructura del sector exportador, promocionaban la creación de sociedades internacionales de comercio exterior y, sobre todo en las economías del sudeste asiático, ofrecían incentivos para la inversión extranjera con fines de exportación.

El desarrollo del sector de exportaciones también fue posible gracias a la disponibilidad de mercados externos, sobre todo en Japón y Estados Unidos, pero también de los que fueron surgiendo a un ritmo cada vez mayor en Asia (gráfico 3.6). Japón, Estados Unidos y la UE fueron una importante fuente de demanda para las manufacturas con gran insumo de mano de obra que generaron la mayor parte del crecimiento de las exportaciones de Asia oriental, y más recientemente han representado un mercado, sobre todo Estados Unidos, para productos con gran insumo de tecnología. Recíprocamente, los países industriales (sobre todo Japón) exportaron los bienes de capital que las economías asiáticas necesitaban para producir sus bienes de exportación y mejorar la base tecnológica.

Gráfico 3.6.Destino de las exportaciones de algunas economías

(Porcentaje de la exportación total)

Las exportaciones intrarregionales de Asia oriental han aumentado a casi la mitad de la exportación total, mientras que Estados Unidos y la Unión Europea siguen siendo importantes mercados de exportación.

Fuente: FMI, Direction of Trade Statistics.

1Los datos sobre la exportación procedente de la RAE de Hong Kong y China incluyen las exportaciones de China a la RAE de Hong Kong que se reexportan a otros países.

2Los datos abarcan a partir de 1978.

La expansión del comercio intrarregional también fue un factor crucial. Gran parte de este comercio se refería a bienes intermedios, lo cual permitió a las economías de Asia oriental generar economías de escala. La expansión fue impulsada, en parte, por las economías más avanzadas de la región —al principio, por Japón pero posteriormente por Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan— que invirtieron directamente y trasladaron sus empresas a otras economías de Asia oriental. A mediados de los años noventa, alrededor de la mitad de las exportaciones de las economías de Asia oriental se destinaba a otros países de la región, incluido Japón (véase el gráfico 3.6). Filipinas es el país menos integrado con el resto de la región, y más de un tercio de sus exportaciones van dirigidas a Estados Unidos. China e Indonesia son los países más integrados a escala regional; casi un 60% de sus exportaciones se destinan a otros países de la región. No cabe duda de que la creciente integración regional del comercio ha sido un elemento positivo para el desarrollo económico regional, pero también ha tendido a agravar los efectos derivados de las recientes crisis financieras y a magnificar los efectos sobre el comercio y la actividad en la región con respecto a lo que ha sucedido en el resto de la economía mundial.

Estabilidad macroeconómica

A diferencia de muchos otros países en desarrollo que atravesaron por varios ciclos de auge y depresión en las últimas tres décadas, hasta hace poco tiempo las economías de Asia oriental de acelerado crecimiento mantuvieron en general un grado de estabilidad macroeconómica relativamente alto. Los déficit fiscales y en cuenta corriente no llegaban ni a la mitad del promedio registrado en otros países en desarrollo, y generalmente la inflación se mantenía en niveles de un solo dígito. En algunas economías (por ejemplo, Indonesia, la provincia china de Taiwan y Tailandia), los déficit públicos no podían, por ley, exceder de un cierto límite, en tanto que en otras economías (como Corea, Malasia y Singapur) el fuerte respaldo político de que gozaba la política antiinflacionaria tenía un efecto de contención de la política fiscal. Asimismo, en la RAE de Hong Kong, el régimen de caja de conversión adoptado en 1983 impuso disciplina en la política fiscal y redujo el margen de maniobra de la política monetaria. La aplicación de una política macroeconómica disciplinada creó un entorno estable para el proceso de toma de decisiones en el sector privado, y contribuyó a las elevadas tasas de ahorro, de inversión interna y extranjera y de crecimiento de las exportaciones que determinaron el historial de sólido crecimiento económico de la región (cuadro 3.11).

Cuadro 3.11.Indicadores macroeconómicos de algunas economías
Crecimiento

económico

(Porcentaje anual)
Inflación

(Porcentaje anual)
Saldo fiscal1

(Porcentaje del PIB)
Balanza en

cuenta corriente2

(Porcentaje del PIB)
1975–85 (promedio)
China7,92,7−1,00,4
Corea7,613,5−2,2−3,7
Hong Kong, RAE de8,28,21,13,0
Indonesia5,713,40,3−2,0
Filipinas2,915,6−2,0−5,1
Malasia6,34,8−5,3−3,2
Singapur7,23,41,9−7,2
Tailandia6,67,2−3,7−5,5
Taiwan, provincia china de8,36,30,34,3
Brasil4,1101,2−3,6
Chile2,281,00,9−6,5
India5,06,7−6,8−0,7
México4,739,5−5,2−2,3
1986–96 (promedio)
China9,911,6−1,90,4
Corea8,65,7−0,10,9
Hong Kong, RAE de6,38,02,15,6
Indonesia7,48,2−0,5−2,8
Filipinas3,78,9−2,3−2,5
Malasia7,82,6−2,4−2,6
Singapur8,41,99,19,5
Tailandia9,14,52,1−4,9
Taiwan, provincia china de7,73,0−0,57,8
Brasil2,6983,1−1,3−0,6
Chile7,715,82,6−3,1
India5,99,2−7,4−2,0
México2,045,7—4,0−2,8

Gobierno central.

En el caso de la RAE de Hong Kong, los datos corresponden a la balanza de la cuenta de bienes y servicios.

Gobierno central.

En el caso de la RAE de Hong Kong, los datos corresponden a la balanza de la cuenta de bienes y servicios.

No obstante, estos resultados en general favorables no se obtuvieron sin dificultades. De hecho, varias de las economías de Asia oriental registraron episodios intermitentes de recalentamiento, que se manifestaron en un aumento de la inflación, al menos en los mercados de activos, y en abultados déficit en cuenta corriente. Durante el período previo a las crisis recientes y debido en parte a las altas tasas de crecimiento, varias economías de Asia oriental registraron un acusado aumento de las entradas de capital privado, que intensificó las presiones de recalentamiento. La inflación de los precios de las mercancías se mantuvo moderada pero los precios de los activos —los precios de los bienes raíces y las cotizaciones de las acciones— subieron rápidamente. En algunos países aumentó el tipo de cambio real, lo cual socavo la competitividad e hizo que los desequilibrios en cuenta corriente se magnificaran aún más. En vista de que las monedas de muchas de las economías de Asia oriental estaban esencialmente vinculadas al dólar de Estados Unidos y de que las posibilidades de llevar a cabo el ajuste fiscal —o la voluntad para hacerlo— eran pocas, con frecuencia la reacción de la política económica frente a la entrada de capitales se limitó a la esterilización del efecto monetario, lo cual a menudo resultaba difícil dada la magnitud de estos capitales. A fines de 1996 y principios de 1997, el delicado equilibrio entre la estabilidad macroeconómica con tipos de cambio fijos y las altas tasas de inversión y de crecimiento empezó a desmoronarse en muchos países de Asia oriental, sobre todo en Tailandia47.

La estrategia de desarrollo de los países de Asia oriental en un entorno cambiante

El historial de crecimiento económico de Asia oriental y las crisis recientes no pueden evaluarse considerando únicamente lo sucedido en estas economías; deben considerarse, más bien, en el contexto de los cambios que se han producido en la economía mundial. Concretamente, las crisis recientes han puesto de manifiesto, más que las crisis anteriores, las limitaciones de un “desarrollo controlado” en una economía internacional cada vez más integrada.

En las últimas décadas, a medida que las economías de Asia oriental fueron registrando un acelerado crecimiento económico, la economía mundial se fue integrando cada vez más. La globalización, sobre todo de los mercados financieros, ha incrementado en gran medida el costo a que están expuestos los países que no logran mantener la solvencia del sector financiero interno. En algunos aspectos, la estrategia de desarrollo de los países de Asia oriental era muy adecuada a este entorno cambiante: en general, las autoridades de estos países fomentaron la estabilidad macroeconómica y alentaron la movilización de los recursos internos necesarios para mantener un rápido crecimiento económico en tanto que la orientación al exterior les permitió beneficiarse de la expansión de los mercados en que comerciaban sus productos. No obstante, la estrategia no fue la más indicada para fomentar un sistema financiero interno sólido. En parte, el problema puede atribuirse a los éxitos obtenidos: el crecimiento económico fue tan rápido que el desarrollo institucional, las normas prudenciales y la supervisión no pudieron adaptarse con suficiente velocidad a las necesidades. Por lo tanto, en países como Corea, el sistema financiero se desarrolló de manera insuficiente en comparación con los sistemas de otros países con niveles similares de ingreso per capita. Pero también entraron en juego otros dos factores. Primero, la intervención y la “orientación” estatales en el sector financiero retrasaron el desarrollo de los mercados internos de valores y engendraron problemas vinculados con la concesión de crédito a prestatarios relacionados, las garantías implícitas y los excesivos niveles de riesgo asumidos por el sector financiero. Segundo, la secuencia en que se adoptaron las medidas para liberalizar el sector financiero no fue la adecuada.

Con respecto al primero de estos factores, a las autoridades les incumbe la importante función de supervisar y proteger los sistemas financieros debido al papel central que éstos desempeñan en el mecanismo de pagos y en la movilización, intermediación y asignación del ahorro. Asimismo, a veces las autoridades deben intervenir activamente en los mercados financieros cuando se producen fallas en los mercados, lo cual es común si la información es incompleta o asimétrica48. Hay motivos para pensar que las economías de mercados emergentes son especialmente propensas a fallas en el mercado. Por ejemplo, si el sistema financiero está relativamente poco desarrollado, es probable que la competencia a que están expuestos los bancos y otras instituciones financieras sea reducida o incluso inexistente en ciertas zonas rurales, con lo cual se desincentiva el ahorro o la inversión del sector privado. Además, cabe la posibilidad de que ante la inexistencia de fuentes de información fidedignas, por ejemplo, las agencias de calificación crediticia, los bancos u otros acreedores sean reacios o renuentes a otorgar crédito a prestatarios solventes.

Evidentemente, la intervención estatal puede justificarse en ciertos casos para corregir ciertas fallas del mercado y, al menos en principio, mejora la eficiencia de los mercados financieros. Sin embargo, como ha ocurrido en muchos países en desarrollo, con frecuencia la intervención resulta contraproducente y reduce la eficiencia de los mercados financieros. Asimismo, lo que puede parecer una intervención oficial exitosa en un aspecto puede tener efectos negativos en otros. Por ejemplo, las medidas de política encaminadas a limitar el crédito para consumo pueden coadyuvar a movilizar y elevar el ahorro y la inversión internos, pero a su vez pueden reducir el consumo a un nivel que no sea óptimo, crear distorsiones en la composición del consumo y dar lugar a una mala asignación de la inversión. Además, una política de intervención apropiada en una etapa determinada del desarrollo económico y financiero puede ser inapropiada en una fase más avanzada, pero es posible que sea difícil dar marcha atrás si existen intereses creados o si dicha política ha obstaculizado el desarrollo de la capacidad gerencial y la estructura institucional. Por lo tanto, una política de crédito dirigido u otras formas de intervención del Estado en el proceso de decisiones de crédito pueden dar lugar a que los bancos desarrollen insuficientemente su capacidad para evaluar el riesgo crediticio, ya que su personal no contará con la experiencia necesaria para efectuar una evaluación y un seguimiento de la situación de deudores con necesidades de financiamiento a largo plazo. Además, pueden retrasar el desarrollo de sistemas eficaces en materia contable, jurídica y de supervisión, seguimiento e información.

Esto fue lo que sucedió en los países afectados por la crisis: cada vez más, la estructura institucional fue perdiendo su capacidad para intermediar de manera eficiente el elevado y creciente volumen de ahorro, y los problemas de riesgo moral, presentes en todos los sistemas financieros, se magnificaron. Debido al insuficiente desarrollo del mercado de capital y a una reglamentación que impedía a los ahorristas nacionales invertir en el extranjero, los bancos pasaron a desempeñar un papel predominante en la intermediación de fondos. Sin embargo, la concesión de crédito a prestatarios relacionados, las deficiencias en la evaluación del riesgo crediticio y otras fallas contribuyeron a que se generara una deuda excesiva y a que se financiasen proyectos de inversión poco rentables o de viabilidad incierta, en tanto que las restricciones a la participación de instituciones financieras extranjeras limitaron la disciplina que impone la competencia y las posibilidades de obtener asesoramiento externo. Los bancos tendieron a no imponer disciplina financiera porque tanto sus activos como sus pasivos estaban protegidos por garantías implícitas o explícitas. La práctica de otorgar garantías públicas a proyectos privados —que en algunos casos recibían asesoramiento estatal, subvenciones directas o el respaldo de una política de crédito dirigido a favorecer a empresas o sectores específicos— dio lugar a que las empresas y los bancos no prestaran suficiente atención a los riesgos inherentes y al rendimiento de los proyectos de inversión. Los incentivos distorsionados en que se basó la selección de los proyectos, sumados a la falta de experiencia en el seguimiento y la evaluación de los proyectos, las deficiencias en las normas prudenciales y la supervisión, y los bajos coeficientes de capital, fueron agravando las deficiencias estructurales de los sistemas financieros subcapitalizados49.

La desreglamentación del mercado financiero y la liberalización de la cuenta de capital durante los años noventa exacerbaron estas deficiencias. Debido a la afluencia de capital, aumentaron las posibilidades de intermediación para los bancos y otras instituciones financieras. La liberalización financiera llevada a cabo en forma parcial y siguiendo una secuencia inapropiada, aunada a tipos de cambio fijos, favoreció una desacertada asignación de los fondos de inversión. Como resultado de la desreglamentación financiera, se facilitó para los prestatarios tradicionales la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento pero para los bancos no se facilitó en forma correspondiente la tarea de mantener la calidad de sus carteras de préstamos. El aumento del riesgo moral se manifestó en un volumen cada vez mayor de préstamos en mora.

En los años previos a las crisis recientes, las deficiencias de los sistemas financieros se vieron agravadas por una inversión excesiva en proyectos poco rentables y por un sobreendeudamiento. Sin embargo, el rápido crecimiento económico tendió a ocultar las inversiones ineficientes, en tanto que las deficiencias en las normas sobre divulgación de los datos, la falta de transparencia, la falta de rigor en la clasificación de los préstamos y en las prácticas sobre constitución de reservas, y en la aplicación de la reglamentación, no permitieron apreciar la verdadera magnitud de los problemas del sector financiero. Asimismo, la larga tradición de intervención estatal y de respaldo a instituciones financieras y empresas en dificultades no sirvió en absoluto para reforzar la disciplina financiera de modo de reducir las probabilidades de crisis futuras.

Cabe recordar que, pese a estos problemas, las economías de Asia oriental presentan muchas características positivas, entre las que se destacan la orientación al exterior, la importancia asignada a la formación de capital humano y a la transferencia de tecnología, y las elevadas tasas de ahorro, características que, debido a la globalización de los mercados, son hoy aún más valiosas que en el pasado. De hecho, las perspectivas de que estas economías vuelvan a registrar un rápido crecimiento económico siguen siendo alentadoras, pero exigirán cambios importantes en el modelo basado en tasas muy altas de acumulación de capital y, sobre todo en los últimos años, en una gran dependencia del capital externo. Si bien es probable que las economías de Asia oriental sigan caracterizándose durante varios años más por tasas de inversión relativamente altas, una mayor proporción del crecimiento tendrá que provenir de una mayor productividad, entre otras formas mediante un mejor uso del capital. Asimismo, el modelo tendrá que modificarse en lo que se refiere a la estructura y gestión del sector financiero, tanto a nivel de las empresas como de la política oficial.

La crisis ha puesto de manifiesto que la intervención estatal en el sector financiero y el proceso de inversión son incompatibles con un entorno en el que los mercados de capital están sumamente integrados. Las necesidades cambiantes que imponen el avance económico y la globalización de los mercados financieros limitan la función que el Estado puede desempeñar eficazmente en la economía a velar por que el entorno institucional y reglamentario y la organización política respalden un rápido crecimiento económico.

Cómo sentar las bases de una reactivación y un crecimiento sostenidos

Una acusada desaceleración del crecimiento económico es consecuencia inevitable del tipo de crisis que ha azotado a las economías de Asia oriental50. La iniciación de las fases descendentes fue desencadenada por la compresión de la demanda interna, ya que las fuertes depreciaciones cambiarias, la caída de las cotizaciones de las acciones y los aumentos de las tasas de interés fueron reduciendo, en términos reales, el ingreso y la riqueza y elevando el costo del servicio de la deuda. La demanda y la actividad económica también se han visto debilitadas por la contracción del crédito bancario debido al deterioro de los balances de los bancos. Es probable que el impulso de la reactivación provenga de dos fuentes: de la expansión de la exportación y de la producción que compite con las importaciones como reacción ante la depreciación real de las monedas y del restablecimiento de la confianza de los inversionistas internos y externos una vez que se logre nuevamente la estabilidad financiera. En el capítulo II se analizan los factores que probablemente contribuyan a que se inicie el proceso de reactivación.

Lograr que el sector financiero se estabilice y fomente la reactivación es sólo la primera tarea que se plantea. A fin de sentar las bases de una dinámica y sostenida actividad económica en los próximos años, se requiere además una reestructuración a gran escala de los sectores empresarial y financiero, que ya se encuentra en marcha.

En lo que respecta al sector financiero, será necesario reestructurar y recapitalizar las instituciones financieras que siguen siendo viables pese a su precaria situación, y liquidar o fusionar las que no lo son. En este sentido se ha avanzado considerablemente en Tailandia y Corea, pero no lo suficiente en Indonesia. A pesar de estos avances, los sistemas financieros de estos países siguen siendo frágiles. Se estima que en las economías afectadas por la crisis los préstamos en mora representan entre un 20% y un 40% del total de préstamos, y la liquidez y capitalización del sector bancario siguen siendo insuficientes. Asimismo, es probable que muchas instituciones financieras sean insolventes, lo cual implicaría la necesidad de una cuantiosa recapitalización. Podrían adoptarse varios enfoques para sanear los sistemas bancarios51. En general, estos enfoques tienen en común las siguientes medidas: inyección de fondos públicos para recapitalizar a los bancos en dificultades, transferencia temporal de la propiedad de los bancos no viables a una entidad pública independiente y reventa al sector privado de los bancos intervenidos, para lo cual en algunos casos será necesario flexibilizar los límites a la participación extranjera para que los inversionistas externos puedan contribuir a financiar la recapitalización.

La reestructuración y la recapitalización de los bancos debe complementarse con la reorganización financiera del sector empresarial. Las crisis han ocasionado fuertes aumentos de la carga de la deuda interna y externa que soportan ambos sectores privado y público. Al final de 1997, la deuda total (interna y externa) de ambos sectores superaba el 225% del PIB en Corea, Malasia y Tailandia, y en Indonesia ascendía a aproximadamente un 190% del PIB. A diferencia de la crisis de la deuda de América Latina de los años ochenta, la mayor parte de la deuda es privada en lugar de soberana. En Corea, Malasia y Tailandia, la deuda del sector privado representaba más del 85% de la deuda total al final de 1997 (gráfico 3.7), en tanto que en Indonesia y Filipinas la deuda privada representaba, respectivamente, 70% y 60% de la deuda total52. La composición de la deuda varía considerablemente de un país a otro, y en países como Corea, Indonesia y Tailandia la deuda externa es especialmente elevada como proporción del PIB.

Gráfico 3.7.Saldo de la deuda del Grupo ASEAN-4 y Corea al final de 19971

(Porcentaje del PIB)

La deuda del sector privado representa la mayor parte de la abultada carga de la deuda global de los países asiáticos en crisis.

Fuentes: Autoridades nacionales y estimaciones de los funcionarios del FMI.

1Con base en los tipos de cambio de final de 1997.

2Crédito del sector bancario.

La solvencia de muchas empresas que podrían ser viables se ha visto deteriorada por un fuerte endeudamiento, y el número de quiebras ha aumentado acusadamente. Asimismo, en el caso de las empresas en una situación financiera más holgada, el sobre-endeudamiento ha dificultado enormemente el acceso a los mercados de capital y ha reducido la capacidad de las empresas viables para obtener crédito para financiar su capital de explotación y sus actividades de comercio exterior, lo cual se ha sumado a los factores determinantes de una fuerte contracción del producto. El problema de la deuda también ha desalentado la inversión de nuevos recursos en empresas muy endeudadas ya que los principales beneficiarios de estas inversiones serían los acreedores originales de estas empresas.

Si bien la carga de la deuda actual de muchos de estos países es sumamente abultada, cabe recordar que ello es consecuencia no sólo del endeudamiento interno y externo de los años anteriores a la crisis sino también de las acusadas depreciaciones cambiarías y de los consiguientes aumentos de las tasas de interés (cuadro 3.12). Por ejemplo, en Indonesia, incluso si se hubieran interrumpido los créditos después del final de 1996, la evolución macroeconómica, en la que se destaca la depreciación de la moneda, habría provocado por sí sola un aumento de la razón deuda-PIB de casi 50 puntos porcentuales hasta diciembre de 1997 y de más de 85 puntos hasta marzo de 1998. En consecuencia, es esencial reestabilizar la situación macroeconómica y evitar nuevas caídas del tipo de cambio para impedir que la carga de la deuda siga aumentando. De hecho, del mismo modo en que las fuertes depreciaciones cambiarías fueron un factor importante que elevó la carga de la deuda, el restablecimiento de la confianza de los inversionistas y la consiguiente apreciación de las monedas son factores que contribuirán a reducirla. No obstante, incluso en un entorno macroeconómico más favorable, parecería esencial algún tipo de reestructuración de las obligaciones del sector privado para lograr que las economías afectadas por la crisis se recuperen en el mediano y largo plazo. Si bien la distribución de la carga entre deudores y acreedores debería ser un componente importante del proceso de reestructuración para reducir al mínimo el riesgo moral en el futuro, las soluciones que se adopten —que quizá deban abarcar una combinación de reestructuración de la deuda, condonación de la deuda, reducción de las tasas de interés y capitalización de la deuda— tendrán que formularse de acuerdo a las circunstancias de cada país. A fin de reducir al mínimo la carga sobre los contribuyentes, las autoridades deberán, además de limitar la provisión de recursos públicos, establecer un marco legal y reglamentario que permita llevar adelante con eficacia el proceso de reestructuración. En Corea, Indonesia y Tailandia, ya se ha iniciado la reestructuración de la deuda de las empresas pero es probable que el proceso sea largo.

Cuadro 3.12.Grupo ASEAN-4 más Corea: Evolución macroeconómica y dinámica de la deuda1(Variación porcentual media salvo indicación contraria)
Evolución durante 1997Aumento acumulativo estimado de la razón deuda/PIB en 1996, diciembre de 19972 (Puntos porcentuales)Evolución durante enero-junio de 1998Aumento acumulativo estimado de la razón deuda/PIB en 1996 junio de 19982 (Puntos porcentuales)
PaísTasa de interés1InflaciónCrecimientoTipo de cambioTasa de interés1InflaciónCrecimientoTipo de cambio
Deuda externa
Corea846−4340106−5639
Indonesia875−52471343−12−5088
Filipinas965−2926107−530
Malasia838−3329104−5−139
Tailandia386−444895−81635
Deuda interna
Corea1346−433216−5613
Indonesia2775−52144443−12−5011
Filipinas1365−291207−54
Malasia838−33−3114−5−13
Tailandia166−4410245−81627
Nota: Se supone que el saldo de la deuda al final del período se renueva a la tasa de interés media.

La tasa de interés empleada a efectos del cómputo de la deuda externa es la tasa de interés anual media en el extranjero, que se calcula como el diferencial con respecto a los eurobonos más las tasas de interés a corto plazo en Estados Unidos. Para calcular la deuda interna, la tasa de interés empleada es la tasa interna media anual a corto plazo.

Efecto acumulativo estimado sobre la razón deuda/PIB, con respecto al nivel de diciembre de 1996, como consecuencia de las variaciones de la tasa de interés, el tipo de cambio y el PIB nominal durante 1997 (y durante el primer semestre de 1998).

Dado que no se dispone de datos semestrales sobre el PIB de Tailandia, se utiliza la tasa de crecimiento proyectada para 1998.

Nota: Se supone que el saldo de la deuda al final del período se renueva a la tasa de interés media.

La tasa de interés empleada a efectos del cómputo de la deuda externa es la tasa de interés anual media en el extranjero, que se calcula como el diferencial con respecto a los eurobonos más las tasas de interés a corto plazo en Estados Unidos. Para calcular la deuda interna, la tasa de interés empleada es la tasa interna media anual a corto plazo.

Efecto acumulativo estimado sobre la razón deuda/PIB, con respecto al nivel de diciembre de 1996, como consecuencia de las variaciones de la tasa de interés, el tipo de cambio y el PIB nominal durante 1997 (y durante el primer semestre de 1998).

Dado que no se dispone de datos semestrales sobre el PIB de Tailandia, se utiliza la tasa de crecimiento proyectada para 1998.

Además de la reestructuración y la recapitalización del sistema bancario y del sector de las empresas no financieras, se requiere una reforma del sistema financiero para evitar que vuelvan a surgir crisis similares. Es evidente que hacen falta normas prudenciales, de supervisión, contables y legales más rigurosas, así como mejoras en la gestión empresarial y mayor transparencia en las relaciones entre el Estado, los bancos y las empresas (recuadro 3.2).

* * *

Desde una perspectiva de largo plazo, un interrogante fundamental es si las economías de Asia oriental podrán efectuar gradualmente la transición de un crecimiento impulsado principalmente por los factores de producción a un crecimiento basado en mayor medida en el aumento de la eficiencia. La respuesta depende del grado en que se siga fortaleciendo la infraestructura institucional para crear un entorno que estimule la inversión, la oferta de financiamiento, la asunción de riesgos y las innovaciones, así como la eficiencia en la asignación de la inversión. La crisis ha puesto de manifiesto las deficiencias estructurales que en los últimos años han dado lugar a un ineficiente uso del capital en las economías en cuestión y que, de no corregirse, habrían reducido las posibilidades de mantener un rápido crecimiento, incluso si no se hubiese desatado la crisis. Entre estas deficiencias cabe destacar el súbito aumento de las tasas de inversión en la primera mitad de los años noventa a niveles insostenibles, sobre todo teniendo en cuenta la fuerte dependencia del ahorro externo. En varias de las economías analizadas también influyeron el endeudamiento excesivo del sector empresarial, las tasas de rendimiento decrecientes, el exceso de capacidad productiva en algunos sectores y las burbujas que se crearon en el mercado de bienes raíces. Con todo, el factor más inquietante parece haber sido la fragilidad cada vez más acentuada de los sistemas financieros.

Recuadro 3.2.Resumen de las reformas estructurales de los países en crisis

En los programas respaldados por el FMI y en el asesoramiento de política económica que éste brinda a los países de Asia en crisis se ha hecho especial hincapié en una vasta gama de reformas estructurales en los sectores financiero y empresarial, en la política relativa a la competencia y la buena gestión de las instituciones y en los regímenes de comercio. En general, las reformas recomendadas pueden resumirse de la siguiente manera:

Reformas de los sectores financiero y empresarial

  • Clausura de instituciones financieras insolventes, transfiriendo sus activos a una entidad encargada de su saneamiento o reestructuración (Corea, Indonesia y Tailandia), junto con recapitalizaciones y fusiones en otros casos (todos los países). En los programas de reforma de Malasia y Tailandia se asigna especial importancia al sector de las compañías financieras.
  • Anuncio de limitaciones en el uso de fondos públicos para la reestructuración de bancos; los fondos que efectivamente se utilicen deben figurar de manera explícita en el presupuesto (todos los países).
  • Medidas para reforzar considerablemente la reglamentación prudencial, incluidas las normas sobre clasificación de préstamos y constitución de provisiones, así como las normas sobre coeficientes mínimos de capital (todos los países).
  • Medidas para reforzar las normas sobre presentación de informes, contabilidad y auditoría, así como el régimen jurídico y de supervisión (todos los países).
  • Liberalización de la inversión extranjera en la actividad bancaria interna (Corea, Indonesia y Tailandia).
  • Adopción de condiciones más estrictas para el apoyo oficial de liquidez (Indonesia, Malasia y Tailandia).
  • Refuerzo de las normas prudenciales frente a los riesgos de los préstamos (todos los países).
  • Creación de sistemas capitalizados de seguro de depósitos (planeado en Indonesia y Tailandia; en estudio en Malasia y en funcionamiento en Corea y Filipinas).
  • Reestructuración de la deuda interna y externa de las empresas (Corea, Indonesia, Tailandia) y clausura de las empresas no viables (Corea).

Política relativa a la competencia y la buena gestión de las instituciones

  • Flexibilización de las restricciones al comercio de una variedad de productos fundamentales (Indonesia).
  • Adopción de procedimientos competitivos para la privatización de los activos públicos y para las compras oficiales (Indonesia; planeado en Malasia y Tailandia).
  • Anuncio de prohibiciones o limitaciones sobre el uso de fondos públicos en operaciones de rescate de sociedades privadas (Corea, Indonesia, Malasia y Tailandia).
  • Aprobación o perfeccionamiento de las leyes de quiebra y de políticas de salida de las instituciones del mercado (Corea, Indonesia y Tailandia).
  • Aceleración de la privatización o clausura de empresas públicas no viables (Indonesia).
  • Refuerzo de las normas sobre presentación de informes por las sociedades (Corea).
  • Liberalización de la inversión extranjera de modo de permitir la adquisición y administración de bienes en otros sectores que no sean el financiero (Corea, Indonesia, Malasia y Tailandia).

Reformas comerciales

  • Reducción de los aranceles de importación y los impuestos a la exportación (Indonesia).
  • Reducción de las restricciones cuantitativas a la importación, o a la exportación (Corea e Indonesia).

Políticas sociales

  • Programas de obras públicas con uso intensivo de mano de obra (Indonesia, Tailandia), y ampliación del sistema de seguro de desempleo (Corea).
  • Protección de los grupos de bajo ingreso frente a los aumentos de precios de los alimentos y otros bienes esenciales (Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia).
  • Aumento del gasto público en salud y educación (Indonesia) y reorientación del gasto presupuestario hacia programas de salud que beneficien a los sectores pobres (Tailandia).
  • Ampliación de los programas de becas y préstamos para reducir al mínimo la deserción escolar (Tailandia, Malasia).
  • Suministro de crédito subvencionado para la pequeña y mediana empresa (Indonesia, Malasia).

Evidentemente, a largo plazo el saneamiento de las economías afectadas por la crisis exigirá que se corrijan los excesos que se han ido acumulando en los últimos años. Para ello será necesario adoptar sólidas medidas de reestructuración del sector financiero y, en cierta medida, del sector empresarial. Sin embargo, sería un error pensar que la crisis es simplemente un episodio cíclico y que, con el tiempo, el crecimiento repuntará alcanzando nuevamente las altas tasas que estas economías registraban en el pasado. La crisis ha revelado deficiencias fundamentales que exigirán reformas profundas para fomentar sistemas financieros más eficientes y sólidos, reducir considerablemente el papel del Estado en la intermediación financiera y fortalecer la gestión y la rendición de cuentas en el sector empresarial. Es por este motivo que la reestructuración del sector financiero y otras reformas estructurales son componentes esenciales de los programas respaldados por el FMI. Mediante estas reformas es muy posible que en el futuro la región logre combinar tasas de inversión ligeramente más bajas —pero más sostenibles— con un mayor aumento de la productividad. De ser así, se podría prever una trayectoria de crecimiento quizá menos pronunciada que en el pasado pero aún muy respetable a nivel internacional.

1

En Hollis B. Chenery y Alan Strout, “Foreign Assistance and Economic Development”, American Economic Review, vol. 56 No. 4 (septiembre de 1996), págs. 679–733, se plantea que la máxima tasa de crecimiento alcanzable fluctuaba entre 6% y 8%.

2

Véase Simon Kuznets. “Economic Growth and Income Inequality”, American Economic Review, vol. 45 (marzo de 1955), págs. 1–28.

3

No obstante, hay indicios de que en los últimos años la desigualdad ha empezado a aumentar en algunas economías, sobre todo, Tailandia y China; véase Michael Walton, “La maduración del milagro de Asia oriental”. Finanzas & Desarrollo, vol. 34 (septiembre de 1997), págs. 7–10.

4

Los principales factores de la crisis se analizan en detalle en la edición de diciembre de 1997 de World Economic Outlook: Interim Assesment y en la edición de mayo de 1998 de Perspectivas de la economía mundial. La dinámica de los mercados de capital y los efectos derivados de la crisis se analizan en International Capital Markets: Developments. Prospects and Policy Issues (Washington. 1998, de próxima publicación).

5

Las condiciones iniciales eran especialmente favorables en Asia oriental: los sistemas educativos eran relativamente eficaces, las desigualdades en la distribución del ingreso y la riqueza (tierras) eran menos pronunciadas que en otros países en desarrollo de otras regiones; las tasas de dependencia eran reducidas y los niveles de ingreso iniciales eran bajos y, por lo tanto, existia un considerable margen para que aumentaran. Véase Dani Rodrik, “King Kong Meets Godzilla: The World Bank and the East Asian Miracle”, en Albert Fishow y otros, Miracles or Design? Lessons from the East Asian Experience, Policy Essay II (Washington: Consejo de Desarrollo de Ultramar, 1994).

6

Generalmente, se han utilizado como ponderaciones las proporciones de la renta de los factores a efectos de la agregación de las tasas de crecimiento de los factores de producción, reflejando la base teórica del enfoque que supone una función de producción agregada “neoclásica” con pagos a los factores según su producto marginal.

7

La excepción es Filipinas, donde las estimaciones indican que la influencia del aumento de la productividad fue en general insignificativa e incluso negativa en la mayoría de los períodos.

8

Véase Nicholas Crafts, “East Asian Growth Before and After the Crisis”, documento de trabajo WP/98/137 (Washington; FMI, octubre de 1998).

9

Esto se debe, en parte, a las diferencias metodológicas y los distintos supuestos en que se basan los estudios empíricos, así como a las deficiencias en los datos. Véase un análisis pormenorizado de las distintas estimaciones y de los diversos factores por los que varían tanto en el recuadro 9, titulado “Medición del incremento de la productividad en las economías de Asia oriental”, de la edición de mayo de 1997 de Perspectivas de la economía mundial. págs. 92–3.

10

En las economías más avanzadas de Asia oriental, como Corea, también es necesario que el sector de servicios tenga una función más destacada.

11

En 1996, el total anual de horas trabajadas por trabajador en las economías de Asia oriental fue entre un 15% y un 30% más que en Estados Unidos, donde, a su vez dicho total fue sustancialmente mayor que en los países de Europa.

12

Véase Crafts, “East Asian Growth”.

13

Véase uno de los primeros análisis en Peter A. Diamond, “National Debt in a Neoclassical Growth Model”, American Economic Review, vol. 65 (1965), págs. 1126–50.

14

Véase Andrew B. Abel, N. Gregory Mankiw, Lawrence H. Summers y Richard J. Zeckhauser, “Assessing Dynamic Efficiency: Theory and Evidence”, Review of Economic Studies, vol. 56 (enero de 1989), págs. 1–20.

15

En comparación, en Estados Unidos la renta del capital ha aumentado ligeramente durante este mismo período, alcanzando un nivel equivalente a alrededor de un tercio del PIB, en tanto que la tasa de inversión ha disminuido moderadamente hasta situarse en torno al 18% del PIB. Por lo tanto, en los últimos años la tasa de inversión de Corea, donde la renta del capital como proporción del PIB es sólo ligeramente mayor que en Estados Unidos, ha sido aproximadamente el doble de la de Estados Unidos.

16

En el cálculo de la ICOR se utilizan generalmente las tasas brutas de inversión en lugar de las tasas netas debido a las diferencias entre países en la forma de tener en cuenta la depreciación. Por lo tanto, un aumento de la ICOR también puede indicar una mayor utilización de bienes de capital de menor vida útil.

17

Los niveles de préstamos en mora no son comparables en sentido estricto porque los procedimientos de clasificación varían de un país a otro. Hasta 1996 inclusive, los procedimientos de clasificación de préstamos utilizados en las economías asiáticas afectadas por la crisis en general no se ajustaban a las normas internacionales.

18

Véase Amar Bhattacharya, Stijn Claessens, Swati Gosh, Leonardo Hernández y Pedro Alba, “Volatility and Contagion in a Financially Integrated World: Lessons for East Asia’s Recent Experience” (inédito; Washington: Banco Mundial, mayo de 1998).

19

Véase Sung Kwack, “The Financial Crisis in Korea: Causes and Cure”, serie de seminarios No. 1998–19 (Washington: FMI, junio de 1998).

20

Véase un análisis más detallado en Banco Mundial, The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy (Nueva York: Oxford University Press, 1993), págs. 43–5.

21

Medido según la contribución de la variación del número medio de años de educación de la fuerza laboral.

22

Véase en Per Krussel, Lee E. Ohanian, José-Victor Ríos-Rull y Giovanni L. Violante, “Capital-Skill Complementarity and Inequality”, Staff Report 239 (Minneapolis, Minnesotta: Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, septiembre de 1997), un análisis de la complementariedad entre el capital y el grado de calificación de la mano de obra.

23

Véase Eduardo Borensztein. José De Gregorio y Jong-Wha Lee, “How Does Foreign Direct Investment Affect Economic Growth?”, Journal of International Economics, vol. 45 (junio de 1998), págs. 115–35.

24

Véase el análisis de la relación teórica y empírica entre el crecimiento y el ahorro en el estudio de Anuradha Dayal-Gulati y Christian Thimann, “Savings in Southeast Asia and Latin America Compared: Searching for Policy Lessons”, en Macroeconomic Issues Facing ASEAN Countries, John Hicklin, David Robinson y Anoop Singh, a cargo de la edición (Washington: FMI, 1997), págs 130–50.

25

No obstante, en algunos países de la región las tasas de interés reales fueron negativas en varios períodos. En Corea, por ejemplo, la tasa de interés real se redujo por debajo de –3% durante los años ochenta, al principio del programa de estabilización, lo cual implica una cuantiosa transferencia de recursos reales de los acreedores (sobre todo hogares) hacia los deudores (principalmente empresas).

26

Véase Dayal-Gulati y Thimann. “Savings in Southeast Asia and Latin America Compared” y Banco Mundial, The East Asian Miracle, págs. 219–20.

27

Véase, por ejemplo, Patrick Honohan e Izak Atiyas, “Intersectoral Financial Flows in Developing Countries”, Economic Journal, vol. 103 (mayo de 1993), págs. 666–79.

28

Véase Honohan y Atiyas, “Intersectorial Financial Flows in Developing Countries”.

29

Véase un análisis del papel del sector financiero en Asia oriental en Shakil Faruqi, a cargo de la edición. Financial Sector Reforms, Economic Growth and Stability: Experiences in Selected Asian and Latin American Countries (Washington: Banco Mundial. 1994); Shahid N. Zahid, a cargo de la edición, Financial Sector Development in Asia (RAE de Hong Kong y Nueva York: Oxford University Press, 1995); Shahid N. Zahid, a cargo de la edición, Financial Sector Development in Asia: Country Studies (Manila: Banco Asiático de Desarrollo, 1995), y Joseph E. Stiglitz y Marilou Uy, “Financial Markets, Public Policy, and the East Asian Miracle”, World Bank Research Observer, vol. 11 (No2, agosto de 1996), págs. 249–76.

30

De hecho, en Indonesia es posible que los requisitos sobre el acceso al mercado y la obtención de autorización para funcionar hayan sido demasiado permisivos desde el punto de vista de la prudencia, sobre todo en vista de que los niveles de capital exigidos a los bancos eran sumamente bajos.

31

En Asia oriental, los ingresos públicos atribuibles a la represión financiera fueron menores que en los países de América Latina y África; véanse las estimaciones de los ingresos fiscales derivados de la represión financiera en Alberto Giovannini y Martha De Melo, “Government Revenue from Financial Repression”, American Economic Review, vol. 83 (septiembre de 1993), págs. 953–63. Un análisis general de este tema se presenta en el recuadro 5 “Represión financiera”, en la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, pág. 81.

32

En otros países en desarrollo, se ha demostrado que la represión financiera redujo el ahorro nacional al dar lugar a tasas de interés reales persistentemente negativas y que la consiguiente reducción del ahorro de los hogares no fue compensada por el aumento del ahorro público o empresarial. En Asia oriental, debido a que la tasa de inflación se mantuvo relativamente baja y estable, en general las tasas de interés reales se mantuvieron en niveles positivos.

33

Véase Ajit Singh, “Savings, Investment, and the Corporation in the East Asian Miracle”, Study No. 9, Project on East Asian Development: Lessons for a New Global Environment (Ginebra, Conferencia de las Naciones sobre Comercio y Desarrollo, marzo de 1996).

34

Sung Kwack, “The Financial Crisis in Korea”.

35

Véase también FMI, International Capital Markets: Developments, Prospects and Key Policy Issues (Washington: FMI, 1998, de próxima publicación).

36

Véase Stijn Claessens y Thomas C. Glaessner, Are Financial Sector Weaknesses Undermining the East Asian Miracle? Directions in Development (Washington: Banco Mundial, 1997).

37

En Maxwell J. Fry, “Nine Financial Sector Issues in Eleven Asian Countries”, International Finance Group Working Paper 90–09 (Birmingham, Reino Unido: University of Birmingham, octubre de 1990) se sostiene que los mercados de valores a largo plazo sólo se desarrollan a medida que los agentes del mercado van aprendiendo sobre la marcha cómo interpretar las tasas de interés determinadas por el mercado. En consecuencia, si las tasas de interés están reguladas se puede dificultar el desarrollo de los mercados de bonos.

38

En Estados Unidos, en cambio, durante la crisis bancaria de mediados de los años ochenta, en que los préstamos en mora alcanzaron un 4% del total de préstamos, llegaron a liquidarse más de 2.000 bancos y sociedades de ahorro y crédito (la mayoría pequeños).

39

El hecho de que los países de la región hayan ingresado en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que Corea sea miembro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) también puede haber contribuido a la liberalización del sector financiero en los últimos años.

40

Véase R. Barry Johnston, Salim M. Darbar y Claudia Echeverría, “Sequencing Capital Account Liberalization: Lessons from the Experiences in Chile, Indonesia, Korea, and Thailand”, documento de trabajo WP/97/157 (Washington: FMI, noviembre de 1997).

41

Véase Yung Chul Park y Chi-Young Song, “Managing Foreign Control Capital Flows: The Experiences of the Republic of Korea, Thailand. Malaysia, and Indonesia”, International Monetary and Financial Issues for the 1990s (Nueva York: Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, 1997).

42

Véase FMI. International Capital Markets, 1998 (de próxima publicación) y Paul Krugman, “What Happened to Asia?”, enero de 1998 (publicado en Internet en http://web.mit.edu/krugman/www/disinter.html).

43

La experiencia de Asia oriental indujo un cambio en la teoría establecida con respecto a la política comercial y el desarrollo económico. Concretamente, dio lugar a un nuevo consenso según el cual la orientación al exterior vino a remplazar el enfoque tradicional basado en la sustitución de importaciones. Véase Anne O. Krueger, “Trade Policy and Economic Development; How We Learn”, American Economic Review, vol. 87 (marzo de 1997). págs. 1–22. La política de sustitución de las importaciones predominó hasta 1958 en la provincia china de Taiwan, 1960 en Corea, 1967 en Singapur, 1970 en Malasia y 1980 en Tailandia. Indonesia, que adoptó una política orientada a las exportaciones y liberalizó el comercio exterior a fines de los años sesenta, siguió una política orientada al mercado interno durante el auge de los precios del petróleo y los productos básicos en los años setenta, pero en la segunda mitad de los años ochenta volvió a adoptar una estrategia basada en las exportaciones. En los últimos años. China y Filipinas también han fomentado las exportaciones.

44

En ciertos períodos las exportaciones de petróleo y de otros recursos naturales han sido cuantiosas en Indonesia, Malasia y Tailandia.

45

En Borensztein, De Gregorio y Lee, “How Does Foreign Direct Investment Affect Economic Growth?”, por ejemplo, se sostiene que la inversión extranjera directa desempeña una función importante en la transferencia de tecnología y que contribuye relativamente más al crecimiento económico que la inversión interna una vez que el acervo de capital humano supera un determinado nivel mínimo. En Gene Grossman y Elhanan Helpman, Innovation and Growth in the Global Economy (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1991) se hace hincapié en que los efectos derivados de la tecnología pueden manifestarse tanto a través de las importaciones como de las exportaciones.

46

Véase David Dollar, “Outward-Oriented Developing Economies Do Really Grow More Rapidly: Evidence from 95 LDCs, 1976–85”, Economic Development and Cultural Change, vol. 40 (abril de 1992), págs. 523–44.

47

Véase en la edición de diciembre de 1997 de World Economic Outlook: Interim Assessment, págs. 8–10, un análisis más detenido de las tendencias macroeconómicas previas a la crisis de mediados de 1997.

48

Por ejemplo, muchas transacciones financieras no reflejan un intercambio simultáneo de bienes o servicios, y las partes intervinientes en estas transacciones basan sus decisiones en información sobre las condiciones económicas y los precios futuros. Además, frecuentemente los acreedores cuentan con menos información que los prestatarios sobre el uso que éstos dan a los recursos obtenidos en préstamo. En consecuencia, los recursos financieros no se asignan equilibrando los precios (en este caso, las tasas de interés) sino a través de otros medios basados en la información. Por lo tanto, el financiamiento no se destina necesariamente a las inversiones de mayor rendimiento social. Véase un análisis más completo de las fallas del mercado en el sector financiero y del papel que pueden desempeñar las autoridades al respecto en Joseph E. Stiglitz. “The Role of the State in Financial Markets” en Proceedings of the Annual World Bank Conference on Development Economics 1993, a cargo de la edición, Michael Bruno y Boris Pleskovic (Washington: Banco Mundial, 1994), págs 19–52, y Banco Mundial, The East Asian Miracle, págs. 205–21 y 273–91.

49

Véase Morris Goldstein, “The Asian Financial Crisis; Causes, Cures and Systemic Implications”, Policy Analyses in International Economics. No. 55 (Washington: Instituto de Economía Internacional, junio de 1998).

50

Con base en la experiencia acumulada durante el período 1975–97, se estima que después de una crisis bancaria transcurren, en promedio, unos tres años antes de que el crecimiento del producto retome la tendencia anterior a la crisis. Véase “Crisis financieras: Características e indicadores de vulnerabilidad”, en capítulo IV de la edición de mayo de 1998 de Perspectivas de la economía mundial, págs. 83–109.

51

Véase el recuadro 6 de la edición de mayo de 1998 de Perspectivas de la economía mundial titulado “Resolución de problemas en el sector bancario”, págs. 90–1.

52

Un indicador más adecuado de la solvencia de las empresas es la razón deuda-capital propio. Si bien no se dispone de manera sistemática de cifras sobre la razón deuda-capital propio de muchos de los países afectados por la crisis, la acusada disminución de las cotizaciones de las acciones, las fuertes depreciaciones de las monedas y los aumentos de las tasas de interés indican que el endeudamiento de las empresas ha aumentado en forma geométrica.

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