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capítulo III: Cuestiones Aun no Resueltas

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
March 1988
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1. Aspectos Generales

Si bien la elaboración de la definición central de deuda externa y la mejor calidad de los datos publicados representan avances considerables, aún queda mucho por hacer en lo que respecta a la depuración de los conceptos, al logro de una mayor compatibilidad entre los sistemas de declaración de datos y a un mayor grado de fiabilidad de los datos recopilados y publicados.

2. Cuestiones Que Necesitan Mas Elaboracion Conceptual

2.1. Cuestiones no resueltas relativas a la definición central

Como se señaló en el capítulo II, la definición central —al igual que otras definiciones estadísticas—no debe considerarse inamovible. En determinadas circunstancias, quizás haya que efectuar ciertas aclaraciones o revisiones teniendo en cuenta lo siguiente: a) el progreso que se logre en cuanto a un acuerdo sobre las cuestiones aún no resueltas relacionadas con la definición, b) las mejoras logradas en los métodos de notificación y c) las circunstancias externas, especialmente la aparición de nuevas modalidades de deuda y de instrumentos relacionados con la deuda.

En el capítulo II, al examinar la aplicación de la definición central, se mencionaron varias cuestiones no resueltas. Algunas de estas cuestiones se refieren a los rubros analizados en el capítulo como “casos dudosos”; otras tratan sobre la definición y medición exacta de ciertos instrumentos de deuda que se aceptan como parte de la definición general; un tercer grupo de cuestiones se refiere a las nuevas modalidades de instrumentos de deuda que se crean constantemente.

2.1.1. Casos dudosos

El Grupo examinará los “casos dudosos” no solamente con el fin de identificar algunas subcategorías del rubro 10 (“cuentas por pagar”) que deban incluirse en la definición central sino también con el fin de decidir cuál es el mejor trato para el rubro 9 (“participación neta de los hogares en las reservas de los seguros de vida y de las cajas de pensiones”) y para otros rubros especiales como la deuda que se origina en transacciones comerciales de trueque y los pasivos en forma de anualidades.

2.1.2. Definición detallada y cuestiones de medición

2.1.2.1. Arrendamiento

Se admite en general que los contratos de arrendamiento, por definición, no constituyen transacciones regulares de deuda, ya que no dan origen a un pasivo que haya que rembolsar: los pagos contractuales (tarifas de arrendamiento) se efectúan en la forma de pago de servicios y no en forma de pago de intereses y amortización. No obstante, muchos contratos de arrendamiento pueden compararse directamente, en cuanto a sus fines y consecuencias financieras, con formas más convencionales de instrumentos de deuda. Los especialistas en estadísticas financieras están de acuerdo en que, al menos en el caso extremo de un contrato de arrendamiento que abarca el costo total y los cargos conexos relacionados con los bienes o el equipo arrendado, se produce un traspaso efectivo de propiedad. En estas circunstancias los pagos en virtud del contrato de arrendamiento presentan las características de pagos del servicio de una deuda. Si no se tiene en cuenta la semejanza que existe entre las dos clases de transacciones desde el punto de vista económico y analítico, podrían surgir incongruencias de un país a otro y, en el tiempo, las diferencias se manifestarían en un aspecto tan fundamental como la medición de la deuda y los pagos del servicio de la deuda. Por otra parte, una interpretación demasiado amplia de los elementos que se incluyen en la deuda originada por esos contratos de arrendamiento podría tener considerables efectos en la práctica, especialmente para las negociaciones de reprogramación de la deuda.

El problema se presenta cuando se trata de decidir exactamente de qué manera hay que distinguir entre las transacciones de arrendamiento que son semejantes a las transacciones que entrañan deuda y aquéllas que no lo son. Estas categorías se denominan generalmente arrendamientos financieros y arrendamientos de explotación, respectivamente.

Una manera de abordar esta cuestión es fijar un porcentaje límite por encima del cual se considera que un arrendamiento es financiero. En el Manual de balanza de pagos un arrendamiento financiero se define “en general” como todo acuerdo de arrendamiento que cubre como mínimo tres cuartas partes del costo de los bienes (párrafo 217). En estos casos el monto total equivalente al valor de mercado de los bienes (no el monto total acumulativo de los pagos previstos de arrendamiento) debe registrarse como importación de mercancías y el asiento de crédito correspondiente debe efectuarse en la balanza de capital con el fin de registrar el crédito otorgado al arrendatario nominal (párrafo 363 c)), es decir el mismo trato que se da a un préstamo en la balanza de pagos. Los pagos en virtud del contrato de arrendamiento se registran parcialmente como pagos de intereses y en parte como amortización (párrafo 292). Los pagos que se efectúan en virtud de los arrendamientos de explotación (es decir, en los casos en que no se alcanza la cifra del 75%) se registran como pagos de servicios (párrafo 334).

Otros organismos han considerado que ningún arrendamiento por un monto inferior al valor total de los bienes debe considerarse como financiero y, por consiguiente, como arrendamiento en “todo el sentido de un pago completo”; sin embargo, para muchos analistas esto significa fijar un límite demasiado alto desde el punto de vista práctico; el criterio del 75% resuelve este problema, aunque evidentemente es un criterio arbitrario.

Si bien sería conveniente poder definir los arrendamientos financieros en función de un criterio aritmético como el que aplica el FMI, puede que haya que tener en cuenta otras consideraciones. Entre éstas, se incluyen la existencia de opciones de compra nominales, la intención de las partes en un contrato de llegar a un acuerdo en cuanto a la propiedad definitiva del activo, la cobertura de toda garantía otorgada en relación con el arrendamiento, etc.1.

2.1.2.2. Conversión de la deuda

Hay dos modalidades principales de conversión de la deuda que guardan relación directa con el registro de la deuda: primero, el canje de una deuda rembolsable en moneda extranjera por una deuda rembolsable en moneda nacional; segundo, la práctica que han adoptado recientemente algunos países en desarrollo, especialmente los países con economías relativamente desarrolladas y y un volumen considerable de deuda externa, de fomentar el canje de pasivos de deuda contractual por participaciones en el capital de empresas nacionales2.

Con respecto a la definición central, la primera modalidad no afecta a la deuda externa, siempre y cuando el nuevo acreedor sea también no residente. Sin embargo, pueden surgir problemas al tratar de identificar la residencia del nuevo acreedor.

La segunda modalidad se refiere a la sustitución de instrumentos de deuda, que estén incluidos en la definición central, por inversión en el capital de una empresa, concepto que no forma parte de esa definición. Sin embargo, si el cambio de condición se refleja o no de manera exacta en las cifras declaradas dependerá de las prácticas contables y de notificación de datos que utilicen tanto el deudor como los bancos y las instituciones financieras. Es de prever que el monto de estos canjes aumente en los próximos años y, por consiguiente, habrá que analizar continuamente las consecuencias que ello tenga para las estadísticas sobre la deuda.

2.1.2.3. Bursatilización del crédito internacional

La “bursatilización”3 del crédito internacional presenta tres aspectos principales en lo que concierne a los efectos que produce en el registro de la deuda. Primero, este término se refiere a la emisión de valores por los prestatarios en remplazo de formas más directas de obtención de crédito. Segundo, se emplea también en un sentido más restringido cuando se refiere a la transformación de activos financieros, que no pueden negociarse con facilidad en su forma original, en otras formas de activos que se prestan mejor a las técnicas financieras del mercado de valores financieros. Tercero, el concepto incluye la creación de instrumentos financieros novedosos; entre estos últimos se encuentran diversos tipos de planes financieros para la emisión de valores a corto o a medio plazo como los “servicios de emisión de pagarés” (SEP), los “servicios rotatorios de garantía de emisión” (SRGE) y los créditos contingentes y, en general, los mecanismos de apoyo. Todos estos aspectos pueden considerarse, sin problema, como parte de la definición central; las dos primeras modalidades no tienen ningún efecto en si existe o no un endeudamiento sino simplemente en el carácter del mismo, en tanto que la tercera modalidad forma parte de la deuda externa únicamente en la medida en que se utilicen efectivamente esos servicios. Ahora bien, en la práctica estas innovaciones financieras pueden crear problemas de notificación y de recopilación de datos sobre la deuda. Aunque los montos no girados de los créditos contingentes y de los mecanismos de apoyo no caen estrictamente en el ámbito de la definición central, desde el punto de vista del análisis de la deuda es importante contar con información sobre el volumen de estos servicios.

La bursatilización, cuando se refiere a la emisión de valores, y no, por ejemplo, a la obtención de préstamos de los bancos internacionales, puede dificultar aún más el problema de determinar quién es el prestamista definitivo, problema que ya se ha mencionado antes en este informe, especialmente en relación con los instrumentos negociables de deuda.

La bursatilización en el segundo sentido podría entrañar, por ejemplo, la transformación de los préstamos a largo plazo que un solo acreedor otorga a un solo deudor en una multitud de títulos de crédito de poca cuantía que se pueden intercambiar sin que sea necesario dar aviso con mucha anticipación. Al igual que en el primer caso, en lo que respecta a la medición de la deuda el problema es semejante al que plantean los bonos; es difícil, y muchas veces imposible, identificar al acreedor definitivo, que inclusive podría ser el propio deudor si las condiciones del mercado fueran lo bastante atractivas como para hacer que éste adquiera sus propias obligaciones. Este caso también presenta ciertas semejanzas con las dificultades que se plantean con la permuta de títulos de deuda.

Algunos de los nuevos instrumentos que se incluyen en la tercera modalidad de bursatilización tienen consecuencias diferentes, a saber, que los instrumentos constituyen un pasivo contingente y no un pasivo real. En este sentido, son más parecidos a los acuerdos marco que se mencionaron en el capítulo II y que se excluyen de la definición central. El problema principal en este caso es obtener suficiente información con el fin de determinar exactamente en qué momento, de qué manera y en qué medida la transacción de obtención de préstamos se convierte de una transacción contingente en una transacción efectiva.

La difusión de estos nuevos instrumentos y la bursatilización en general han desdibujado la distinción que siempre se ha establecido entre el mercado internacional de crédito bancario y los demás sectores del mercado internacional de capital. Esto podría distorsionar, por lo menos de tres maneras, la medición de los flujos bancarios internacionales. Primero, actualmente algunos centros bancarios no notifican todas sus tenencias (o emisiones) bancarias de instrumentos negociables como parte del desglose geográfico de sus saldos externos, lo que da como resultado la notificación de un monto inferior al monto efectivo de flujos bancarios. Segundo, la venta de un instrumento negociable por parte de un banco a una institución no bancaria produce una reducción del monto de activos externos del banco, si bien no se registra ninguna disminución del total de la deuda (recuérdese que el BPI deriva todas sus estadísticas de la información que proporcionan los bancos, y que el FMI deriva una proporción considerable de sus estadísticas de la misma fuente, en tanto que en ninguno de los otros dos sistemas se presta especial atención al registro de las tenencias de estos activos en el sector no bancario). Tercero, (con efecto contrario) la creación de estos instrumentos que no se registran en el balance permite recurrir más a los bancos —en determinadas circunstancias—para remplazar a las instituciones de préstamo originales no bancarias; esto plantea un nuevo problema de notificación en el sentido de que las estadísticas bancarias internacionales pueden registrar un aumento del crédito bancario a un país aun si éste no ha contraído una nueva deuda.

2.2. El concepto de deuda neta

La definición central se limita explícitamente a la deuda bruta basándose en el hecho de que éste es un concepto importante en sí y representa el primer paso fundamental hacia la medición de agregados más complejos en el campo de la deuda. Uno de estos agregados, denominado “deuda neta”, puede utilizarse para evaluar el saldo de balanza de pagos de un país o para determinar el saldo de la corriente de entradas y pagos relativos a la deuda.

En los sistemas de notificación existentes no se tienen en cuenta muchos de los componentes que intervienen en el cálculo de la “deuda neta”. La cuenta de capital del SBP del FMI registra las transacciones en las cuales se utilizan activos así como pasivos, sin indicar de manera específica el total de la “deuda neta”, y deja en manos de los usuarios el cálculo neto de las cifras que ellos consideren pertinentes y responda a sus propias necesidades; la OCDE calcula una cifra, deduciendo la fuga estimada de capitales; en algunas de sus series, el sistema de notificación trimestral del BPI incluye tanto los títulos de crédito como los pasivos de los bancos frente a cada país deudor, y con ciertos fines deduce los saldos interbancarios que se registran dentro de la misma zona de declaración y frente a los centros bancarios extraterritoriales que no declaran datos.

La decisión de centrarse en la deuda bruta se debió principalmente al hecho de que aún no está claro qué activos deben utilizarse para compensar los pasivos que constituyen la deuda externa bruta. Por ejemplo, habría que determinar si esos activos deben incluir la totalidad o parte de los tres conceptos siguientes: reservas de divisas, activos bancarios y activos no bancarios. Se plantea otro problema debido al hecho de que, en muchos casos, una sola cifra correspondiente a “deuda neta” oculta las importantes diferencias que existen entre la estructura de vencimientos, la composición monetaria y las características de riesgo de los activos y pasivos registrados. Más aún, habrá que tener en cuenta la función que cumplen algunos países deudores como centros bancarios extraterritoriales, lo que significa que el trato que se aplique variará de un país a otro.

Otra consideración es que, si bien en teoría existe una simetría perfecta entre activos y pasivos, esa simetría no se da en la práctica en las declaraciones presentadas por las partes en una transacción y menos aún cuando se comparan los sistemas de notificación, ya que algunos sistemas se basan en gran parte en los datos que envían los acreedores y no los deudores.

A pesar de lo que se señala antes, el concepto de deuda neta es un concepto importante al que hay que dedicar más atención y que habrá de abordarse en su momento.

2.3. Flujos relacionados con la deuda

Los flujos relacionados con la deuda pueden desglosarse en: a) flujos que aumentan el volumen de la deuda bruta, es decir, nuevos préstamos, b) flujos que disminuyen el volumen de la deuda, es decir, los rembolsos y las conversiones de la deuda y c) los intereses pagados por la deuda. El conjunto de rembolsos e intereses constituye la totalidad del servicio de la deuda, el numerador que se utiliza en coeficientes como, por ejemplo, el de “servicio de la deuda”.

2.3.1. Flujos que influyen en el endeudamiento

Los problemas que presenta el registro de los flujos que modifican el volumen de la deuda son más complejos de lo que parecen a primera vista.

Algunos de estos flujos se registran de manera directa (por ejemplo, en el sistema de notificación de la deuda por el acreedor de la OCDE, en el sistema de notificación de la deuda por el deudor, del Banco Mundial y en el sistema de declaración de datos de balanza de pagos del FMI). De esta manera se puede determinar el grado de coherencia entre la declaración de los flujos efectivos y de las estimaciones basadas en las diferencias que se registran entre los saldos. Un elemento fundamental de este proceso de conciliación, respecto del cual existen diferencias de procedimiento, es la selección de un tipo de cambio al cual se valora el saldo o flujo correspondiente. Este tema se examina en más detalle más adelante.

Surge un segundo problema debido a la manera en que se registran las diferentes modalidades de reorganización de la deuda. En este sentido también existen grandes diferencias de un organismo a otro; esta cuestión se examina asimismo más adelante.

Otro problema se plantea debido a que, en los diversos sistemas de notificación, la deuda a corto plazo y la deuda a largo plazo no se tratan de la misma manera. Esta aparente incoherencia obedece fundamentalmente a razones de carácter práctico. Las deudas a corto plazo pueden contraerse y cancelarse dentro del período que separa dos fechas consecutivas de notificación del saldo de la deuda. Esto significa, con respecto a las transacciones a corto plazo, que las cifras correspondientes a los flujos brutos son difíciles de interpretar. Por consiguiente, en la mayoría de los casos lo que se utiliza es la variación de los saldos. Por el contrario, las transacciones a largo plazo, especialmente las transacciones oficiales y con garantía oficial, se notifican basándose en los flujos brutos, para lo cual se registran por separado los nuevos desembolsos y los pagos de amortización.

2.3.2. Servicio de la deuda

En el registro del servicio de la deuda se plantean muchos de los problemas que se presentan en los flujos de capital relacionados con la deuda, en parte debido a que la amortización es un elemento común en ambos conceptos. También en este caso las transacciones a corto plazo presentan dificultades especiales a las cuales se añade el problema de que, con frecuencia, los pagos de intereses se incluyen sin distinción en una sola cifra de la cantidad adeudada.

2.4. Problemas de valoración

Los dos principales problemas que se plantean en este caso se refieren a la valoración, especialmente a la revalorización de los activos y pasivos que se registran en los balances separados y agregados de las entidades declarantes, y a la necesidad de convertir los montos expresados inicialmente en diferentes monedas en una moneda única con fines de consolidación y de comparación.

2.4.1. Valoración de los activos y pasivos

Este problema se ha mencionado antes en relación con la constitución de fondos y la cancelación contable que afecta a los balances del acreedor, pero no en relación con las respectivas obligaciones contractuales que son fundamentales para la definición central. Pueden surgir más asimetrías con la apertura de nuevos mercados de títulos de deuda en los cuales los precios de estos títulos difieren de su valor nominal.

Los organismos a cargo de la notificación y la recopilación de las estadísticas de la deuda están tratando de proporcionar los datos necesarios para conciliar la información, aunque esto aún no se ha podido lograr de manera sistemática ni en forma coherente.

2.4.2. El problema de la moneda de valoración

Esta cuestión cobra importancia especial en un momento en que la moneda de medición más ampliamente utilizada registra grandes fluctuaciones frente a las demás monedas, como ha sido el caso del dólar en los últimos años. Para tener una idea de la envergadura de este problema se ha estimado, basándose en la limitada información sobre la composición monetaria de la deuda, que aproximadamente un 50% del considerable aumento del endeudamiento de los países en desarrollo en 1985 —medido en dólares de EE.UU.—se debió a la depreciación del dólar frente a las demás monedas, y que en 1986 una proporción aún mayor de ese aumento se debió a este factor.

En cierto sentido, esta cuestión plantea las ya conocidas dificultades que conciernen a la valoración relativa de los saldos y flujos cuando éstos se expresan en una moneda común. Si la meta es lograr una coherencia entre las cifras de flujos y saldos, habrá que elegir entre registrar ambos datos basándose en los tipos de cambio que sean representativos del periodo correspondiente a los flujos, aunque ello entrañe valoraciones al final del período que quizá sean diferentes de las cifras reales del balance, y registrarlos basándose en los tipos de cambio al final del período, lo que generalmente diferirá del valor efectivo de los flujos durante el periodo en cuestión. La combinación de estos dos sistemas, que se aplica con frecuencia en la práctica, da como resultado numerosas incongruencias entre las cifras de saldos y flujos.

El problema es semejante al que se presenta en la medición de los flujos de asistencia financiera a los países en desarrollo. Al medir la totalidad de flujos en dólares de EE.UU., toda variación en el valor del dólar frente a las monedas de los demás países donantes altera la cifra de los flujos aun en el caso de que el monto de cada una de esas monedas no varíe. Asimismo, quizás el poder de compra de un país deudor en las monedas de denominación de su deuda externa no se vea afectado por las variaciones de esas monedas frente al dólar, aunque la valoración de la deuda de ese país en dólares puede haber variado mucho.

Actualmente, los procedimientos que se aplican varían de un organismo a otro. La práctica más frecuente consiste en utilizar los tipos de cambio al final del período con el fin de calcular las variaciones de los flujos ajustadas según el tipo de cambio y los tipos de cambio medios del período para valorar los flujos, aunque existen diferencias de carácter técnico en cuanto a la duración del período o al cálculo de los tipos de cambio medios correspondientes a un período determinado.

2.5. El problema especial de la reorganización de la deuda

La incidencia cada vez más marcada de las negociaciones de reorganización de la deuda en los últimos años ha creado nuevos problemas en la presentación de las estadísticas de la deuda. En especial, han surgido problemas relacionados con el momento de registro y con la identificación de los flujos financieros efectivos. Los procedimientos que se aplican actualmente son muy diferentes, lo que indica que existen diferencias en los fines y enfoques básicos que sirven de fundamento a los diversos sistemas de notificación de la deuda.

Se plantean problemas de momento de registro debido a la incertidumbre respecto a la fecha de ejecución de un acuerdo de reprogramación y debido a diferencias surgidas de aplicar el acuerdo al servicio de obligaciones cuyo pago vence en diferentes años. Esos problemas pueden dar lugar a declaraciones asimétricas de los datos por parte de los deudores y acreedores y entrañan el riesgo de que la contabilidad sea doble.

Una de las cuestiones fundamentales del análisis de la deuda tanto en lo que respecta a la solvencia financiera como con fines de evaluación de la política económica, es identificar el nivel de flujos financieros de que dispone un país. Esta información se obtiene generalmente de la estructura de los préstamos pasados y de los desembolsos. Por consiguiente, es muy importante determinar de qué manera la presentación de los datos sobre flujos financieros en el caso de la reorganización de la deuda afecta al registro contable de los préstamos y desembolsos en las estadísticas publicadas sobre la deuda.

En la segunda parte del informe se verá que existen divergencias de un organismo a otro en cuanto al trato concedido a la reorganización de la deuda. El Grupo considera que hace falta intentar un mayor grado de coherencia en este sentido.

3. Mayor Grado de Coherencia en la Declaracion de Datos Sobre la Deuda

Con el fin de lograr estadísticas más depuradas sobre la deuda hace falta alcanzar un mayor grado de coherencia entre conceptos, métodos y presentación de las estadísticas sobre deuda que se recopilan y publican actualmente. La medición de la deuda no es una cuestión absolutamente estanca y, por consiguiente, existen muchos elementos de coincidencia con los sistemas estadísticos que se utilizan en otros campos. En opinión del Grupo, un mayor grado de coherencia con esos otros sistemas no significa simplemente que debe existir conformidad con las prácticas y definiciones que éstos emplean; significa que esos otros sistemas deben tener más en cuenta las cuestiones relativas a la notificación de datos sobre la deuda. El hecho de que algunos organismos miembros del Grupo, especialmente el FMI, desempeñen una función importante en varios de estos sistemas estadísticos debería facilitar la tarea de lograr este tipo de convergencia.

En cuanto a la concordancia entre los organismos miembros del Grupo, aún quedan por resolver las siguientes cuestiones.

Primero, quizás haga falta modificar la presentación de las estadísticas de cada uno de los organismos de manera que quede claro qué datos forman parte de la definición central y cuáles están excluidos de la misma con el fin de conocer los instrumentos que, no formando parte de la definición central, se incluyen de manera inextricable en las partidas registradas. Actualmente los miembros del Grupo están efectuando los ajustes necesarios en este sentido, aunque muchas veces habrá que hacerlo de manera paulatina para no perturbar o confundir a los usuarios de las estadísticas publicadas.

Segundo, los miembros del Grupo están tratando de identificar toda la información que esté disponible, aunque no en forma pública, que pudiera servir para cerrar la brecha entre las presentaciones actuales de datos sobre la deuda (por ejemplo, la notificación por separado de los rubros correspondientes a los pagos efectivos e imputados en la balanza de pagos).

Tercero, habrá que adoptar un enfoque coordinado con respecto al trato de algunas cuestiones aún no resueltas ya mencionadas, especialmente en lo referente a las nuevas modalidades de instrumentos de deuda.

Si se llega a un completo acuerdo sobre las definiciones se podrá eliminar una de las principales causas de heterogeneidad entre los sistemas, aunque no resolverá todos los problemas. Un mayor grado de armonización en los procedimientos de estimación empleados por los cuatro organismos, proceso que ya se ha iniciado, contribuirá también a reducir las discrepancias. Sin embargo, no se podrán eliminar todas las diferencias entre los datos presentados por los diversos organismos porque las fuentes y los métodos de recopilación son distintos. La elaboración de la definición central representa un paso importante, pero aún queda mucho por hacer.

Notas y Referencias Bibliograficas

1.La esmerada labor que se está realizando en materia de prácticas contables relacionadas con los acuerdos de arrendamiento constituye un punto de partida para el análisis posterior en este campo. En especial, el Comité Internacional para el Establecimiento de Normas Contables publicó en 1973 la norma contable internacional 17 consagrada integramente al arrendamiento.
2.Una tercera modalidad que se utiliza constantemente, pero que no es pertinente en este contexto ya que no modifica el monto total de la deuda o su distribución por moneda, es el intercambio de títulos de crédito entre los bancos.
3.Para un análisis global de ésta y otras cuestiones vinculadas al tema, el lector puede consultar el Informe Cross (“Recent Innovations in International Banking”, trabajo preparado por un grupo de estudio creado por los bancos centrales del Grupo de los Diez y presidido por Sam Y. Cross del Banco de la Reserva Federal de Nueva York; BPI. Basilea, abril de 1986).

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