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Análisis

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
May 2006
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Los costos y beneficios de la liberalización comercial

La política comercial, la suerte de los inmigrantes en el mercado laboral y los beneficios de la liberalización comercial fueron algunos de los temas tratados en la conferencia sobre comercio internacional que organizó la División de Comercio e Inversión del Departamento de Estudios del FMI el 13 de abril. El evento, el tercero de una serie y al que asistieron investigadores del FMI y de otros organismos, tuvo por objetivo profundizar en las tendencias y repercusiones económicas de los diversos flujos de bienes y capital a escala internacional.

Andrei Levchenko (FMI) abrió la conferencia con un estudio realizado con su colega Julian di Giovanni (“Openness, Volatility, and the Risk Content of Exports”). Interesados en comprender por qué el crecimiento del producto es más volátil en países cuyas economías son más abiertas, emplearon datos de panel de la producción manufacturera y del comercio exterior para analizar los mecanismos a través de los cuales el comercio incide en la volatilidad de la producción. Concluyeron que los sectores que más comercian son los más volátiles y que el comercio exterior tiende a fomentar la especialización. Ambas fuerzas incrementan la volatilidad global.

Asimismo Levchenko y di Giovanni explicaron que el producto de los sectores más abiertos al comercio exterior está menos correlacionado con el producto del resto de la economía, factor que reduce la volatilidad agregada. Cada uno de estos tres factores tiene un efecto apreciable sobre la volatilidad agregada y, cuando se conjugan, una variación de una desviación estándar de la apertura comercial trae consigo un aumento de volatilidad agregada de un 15% de la volatilidad media en los datos. A partir de estos resultados, estimaron el costo de un aumento de la volatilidad para el bienestar empleando varios supuestos distintos. Finalmente, elaboraron un indicador que resume el riesgo implícito en la especialización de las exportaciones y analizaron cómo dicho riesgo varía de un país a otro y a lo largo del tiempo. Aunque la variación es muy pronunciada, aclararon que no parece guardar relación con el nivel del ingreso u otras características de los países.

Con frecuencia la composición del comercio exterior de los países depende en gran medida del proceso político interno. Doug Nelson (catedrático de la Universidad de Tulane y profesor visitante del FMI) y Carl Davidson y Steve Matusz (ambos de la Universidad de Michigan State) analizaron cómo se percibe el tema de la equidad y su relación con la política comercial (“Fairness and the Political Economy of Trade”). Desde el punto de vista de la economía política positiva, la equidad es un factor que ejerce influencia en la formulación de la política comercial. Las nociones de equidad más aceptadas, observables a nivel micro, tienen efectos macro no solo sobre los sistemas sociales y políticos de los países, sino también sobre la economía. Agregaron que estas nociones restringen sistemáticamente la capacidad de los funcionarios públicos para formular y poner en práctica la política comercial.

Las paradojas de los flujos internacionales de capital

Jiandong Ju (catedrático de la Universidad de Oklahoma y profesor visitante del FMI) y Shang-Jin Wei (FMI) analizaron dos paradojas en su estudio sobre los flujos internacionales de capital (“A solution to the Two Paradoxes of International Capital Flows”). Según el modelo que se emplee, los flujos internacionales de capital de los países ricos hacia los pobres pueden considerarse excesivamente pequeños (la paradoja de Lucas del modelo de un solo sector) o excesivamente grandes (debido a la lógica de la igualación de los precios de los factores en un modelo de dos sectores).

Para resolver estas paradojas, los autores elaboraron una teoría no neoclásica, que conjuga el modelo de Holmstrom y Tirole (1998) sobre el contrato financiero entre empresarios e inversionistas, con el marco propuesto por Heckscher-Ohlin-Samuelson. El modelo resultante, en que el rendimiento de la inversión financiera y el producto marginal del capital físico son variables independientes, les permitió llegar a varias conclusiones interesantes que se ajustan muy bien a los datos. Por ejemplo, los flujos brutos de capital entre países ricos y pobres pueden ser enormes en ambos sentidos, pero el flujo neto será necesariamente pequeño. De hecho, en el equilibrio único del mercado mundial de capital, el sistema financiero relativamente ineficiente se pasa totalmente por alto.

Son pocos los organismos internacionales que suscitan reacciones más diversas que la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Aunque el ingreso en ese organismo suele considerarse un paso que facilita el ascenso económico de los países, muchas personas opinan que la globalización que propugna la OMC es injusta y les perjudica. Entre los dos extremos hay un tercer grupo que sospecha que el organismo carece de toda importancia.

En su estudio sobre la adhesión a estos organismos (“Is Bitter Medicine Good for You? The Economic Consequences of WTO/GATT Accessions”) M.K. Tang y Shang-Jin Wei (ambos del FMI) analizaron el debate en torno al valor de la pertenencia a la OMC/GATT. Ambos sostuvieron que los países que se adhirieron a la OMC/GATT durante la Ronda de Uruguay y después de ella registraron un auge significativo del crecimiento económico y de la razón inversión/PIB. No obstante, los que no fueron objeto de un proceso de adhesión riguroso no parecen haberse beneficiado. Asimismo, Tang y Wei ofrecieron pruebas de que los compromisos de política asumidos en el marco de la adhesión favorecieron a los países, sobre todo a los que habían obtenido un puntaje bajo en el índice de gestión de gobierno. En general, el estudio da a entender que las reformas de política en el contexto de la adhesión a la OMC/GATT estimulan los resultados económicos de los países.

El flujo de personas

Al igual que los bienes y los servicios, las personas (capital humano) son objeto de movimientos transfronterizos significativos. En su estudio conjunto sobre este tema (“Brain Waste? Educated Immigrants in the U.S. Labor Market”) Caglar Ozden, Aaditya Mattoo e Ileana Cristina Neagu (todos del Banco Mundial) analizaron los empleos de las personas que emigran a Estados Unidos. Plantearon que inmigrantes de edad, formación académica y experiencia profesional similares, pero procedentes de distintos países, terminan en ocupaciones muy diferentes. Los inmigrantes de América Latina y Europa oriental, por ejemplo, tienen mayores probabilidades de emplearse en trabajos no especializados que los inmigrantes asiáticos o de países desarrollados.

Esas conclusiones hacen pensar que dos fuerzas determinan la suerte de los inmigrantes en el mercado laboral. Primero, la calidad del capital humano, que depende del gasto en educación superior en el país de origen del inmigrante y de que el inglés haya sido el idioma en que se cursaron los estudios. Segundo, ya que es relativamente más difícil emigrar a Estados Unidos desde países asiáticos que desde América Latina, es probable que solo emigren los titulados universitarios más calificados y competentes.

En su estudio, Ehsan Choudhri (Universidad de Carlton) y Hamid Faruqee y Stephen Tokarick (ambos del FMI) se apoyaron en un modelo de equilibrio general dinámico para aseverar que los costos del ajuste a corto plazo son pequeños en relación con las ventajas a largo plazo en cuanto a eficiencia (“Trade Liberalization, Macroeconomic Adjustment, and Welfare: Unifying Trade and Macro Models”). Asimismo, emplearon el modelo para demostrar que los costos del ajuste tienden a ser incluso más bajos si el régimen cambiario es flexible o si se aplica una regla de tasa de interés que fija como meta la flexibilización de los precios. Por consiguiente, además de apuntar a la conveniencia de la liberalización comercial, de sus conclusiones se desprenden enseñanzas prácticas acerca de la forma de potenciar las ventajas de la liberalización por medio de políticas cambiarias y monetarias apropiadas.

Phil McCalman y M.K. Tang

FMI, Departamento de Estudios

El texto completo de los estudios, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

La eficacia de la ayuda: ¿Qué pueden hacer los donantes?

El debate sobre la eficacia de un mayor nivel de asistencia se ha centrado, en general, en lo que los países destinatarios pueden hacer para usarla de la mejor manera posible. No obstante, los donantes también pueden actuar de manera más constructiva. En un nuevo documento de trabajo del FMI se examinan con más detalle las consecuencias de los cambios a largo plazo en el volumen y tipo de ayuda y en su constitución, y se sostiene que las decisiones de los donantes pueden tener un efecto positivo.

Muchos analistas consideran que la asistencia es crucial para promover el desarrollo de los países de bajo ingreso con acceso limitado al capital privado. La asistencia puede contribuir a reforzar el capital humano y a mejorar la capacidad de producción y exportación. Sin embargo, los bajos niveles de crecimiento y la pobreza persistentes en varios países en desarrollo han generado un debate sobre las condiciones en que la ayuda es eficaz. En los últimos años, la comunidad internacional ha reconocido que es necesario un nuevo enfoque que combine una mayor identificación de las reformas en los países destinatarios con las iniciativas de los donantes para incrementar la asistencia y abrir sus mercados a los productos de los países en desarrollo y, más recientemente, para proveer un amplio alivio de la deuda.

Frente a un posible incremento de la asistencia, el debate se ha centrado ahora en cómo garantizar que estos recursos se traducen en políticas que promueven el crecimiento, incluidas inversiones a más largo plazo en educación y atención de salud. Indudablemente, los países beneficiarios deberán adoptar medidas de más alcance para mejorar la gestión de gobierno y disminuir la corrupción. ¿Deberá también pedirse más a los donantes? En el documento de trabajo se examinan los problemas relativos a una asistencia más generosa y menos volátil, y los tipos de asistencia más adecuados para ayudar a los países a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Volumen y volatilidad de la asistencia

En la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Monterrey en 2002, se solicitó a los países desarrollados que destinaran el 0,7% de su PNB a la asistencia oficial para el desarrollo (AOD). Sin embargo, en 2004 los únicos países que proveían asistencia por un monto equivalente o superior a ese porcentaje eran Dinamarca, Luxemburgo, Noruega, los Países Bajos y Suecia. En 2004, el promedio no ponderado de la asistencia provista por los países donantes del Comité de Asistencia para el Desarrollo de la OCDE equivalía al 0,42% de su ingreso nacional bruto (INB), mientras que la relación media ponderada en función del ingreso entre la AOD y el INB era de 0,25%, lo cual parece indicar que los donantes más pequeños encabezan la labor de asistencia.

Resurgimiento de la asistencia

Los flujos reales de asistencia oficial para el desarrollo registraron una fuerte caída en la década de los ochenta, aunque han aumentado desde la Conferencia de Monterrey en 2002.

(Millones de dólares de EE.UU. de 2003)

Datos: Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos.

En el documento se observa que los flujos de ayuda (en dólares de 2003) registraron un aumento anual de alrededor del 3% entre los años sesenta y los ochenta (véase el gráfico), se redujeron considerablemente entre mediados y fines de los noventa (en alrededor del 1% al año, en promedio), y se recuperaron bastante durante la década actual, después de que algunos países respondieran al llamamiento formulado en Monterrey.

Los flujos de recursos deben ser predecibles, para que los países beneficiarios puedan formular y aplicar estrategias a largo plazo de reducción de la pobreza. En general, la asistencia es procíclica, y es más volátil que el PIB o los ingresos fiscales en los países en desarrollo. Se observó que los desembolsos de los principales donantes, relativamente estables entre 1970 y comienzos de la década de los noventa, fueron más volátiles entre 1995–99 y entre 2000–03.

El reciente aumento de la volatilidad puede atribuirse en parte a la condonación de la deuda, que, puesto que solo ocurre una vez, es una situación inherentemente volátil. Sin embargo, la volatilidad es elevada incluso si el alivio de la deuda se excluye de los flujos de ayuda, lo cual significa que en el nuevo milenio las corrientes de asistencia para el desarrollo han sido menos homogéneas. En general, la ayuda proporcionada por un donante específico no es mucho más o menos volátil que el promedio. No obstante, en el pasado, los flujos provenientes de Dinamarca y Noruega fueron un poco menos volátiles, en tanto que los de Italia y Estados Unidos superaron el promedio. Sin embargo, a partir de la década de los noventa la asistencia de Estados Unidos ha sido más regular.

Si bien los donantes se han ido adaptando a las cambiantes necesidades de los beneficiarios, las diferencias regionales en la asignación de los flujos podrían deberse también a una evolución de los motivos de los donantes. Los cambios más acusados se observan en África subsahariana, donde los flujos han aumentado, y en Asia, donde han disminuido. África subsahariana fue el principal destinatario de asistencia en 2003, con casi el 30% de la AOD total, un incremento importante respecto del 13% recibido en 1960. La parte del total correspondiente a Asia, que en las décadas de 1960–70 fue del 40%, se redujo al 25% en 2003.

Composición de la asistencia

¿En qué medida la composición de la ayuda influye en la identificación de los países con los programas de desarrollo y, por tanto, en la eficacia de la ayuda? Este aspecto se examina en el documento en el contexto de los recientes cambios a largo plazo en los distintos componentes de la asistencia.

La creciente inquietud respecto de la carga de la deuda de los países pobres y una mayor conciencia del tiempo que la ayuda tarda en tener un efecto positivo en la atención sanitaria y la educación ha impulsado a algunos donantes ha aumentar la parte correspondiente a las donaciones. En promedio, las donaciones bilaterales—que en la década de los noventa crecían a un ritmo inferior al 2% anual—han registrado un incremento anual de casi un 7% desde 2000 (véase el gráfico). Por ejemplo, el año siguiente a la Conferencia de Monterrey, las donaciones bilaterales de Estados Unidos aumentaron en más de un 40% en términos reales.

La proporción de préstamos para proyectos en los préstamos totales ha disminuido, mientras que el apoyo presupuestario ha adquirido mayor importancia. Este último dota a los países destinatarios de la flexibilidad necesaria para adaptar el gasto de los fondos de asistencia a sus prioridades nacionales, y es más eficaz en los países con programas de gasto bien formulados. Además, el apoyo presupuestario es mucho más flexible que la ayuda para proyectos (la ayuda condicionada es la menos flexible). La escasez de datos sobre donantes específicos dificulta una comparación detallada, pero la información disponible indica que, incluso en la década de los ochenta, cuando alrededor de la mitad de la ayuda estaba condicionada, algunos donantes, como Dinamarca, los Países Bajos y Suecia, condicionaban menos del 25% de su ayuda.

Tendencia ascendente de las donaciones

Los préstamos se han ido reduciendo como proporción de la ayuda global.

(Porcentaje)

Datos: Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos.

Evolución de la composición de la asistencia

Actualmente, la asistencia técnica es un componente más importante de la ayuda otorgada por los donantes.

(Porcentaje de la asistencia total para el desarrollo en el exterior)

Datos: Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos.

Desde 1995, el alivio de la deuda ha representado, en promedio, alrededor del 70% del apoyo presupuestario de los donantes. ¿Ha estado asociado el aumento del alivio de la deuda con la reducción de otros tipos de ayuda? Si bien este tema es complejo, un análisis simple demuestra que aunque durante 1995–99 la correlación entre el alivio de la deuda y la ayuda fue negativa, en 2000–03 fue positiva. Esto parece indicar que, aunque los componentes de ayuda distintos del alivio de la deuda pueden no haber aumentado con la misma rapidez que la ayuda total, el alivio de la deuda no parece haber desplazado otros tipos de ayuda durante el nuevo milenio.

Cabe destacar también el creciente uso de la cooperación técnica, cuya participación en la ayuda total prácticamente se ha duplicado desde la década de los sesenta (véase el gráfico). ¿Cómo podría afectar esto a los beneficiarios? La cooperación técnica es controlada en gran medida por los donantes, que principalmente la suministran en forma de costos administrativos o de personal, que se traspasan a agentes designados por los donantes. Para suministrar una cooperación técnica más centrada en los resultados, los donantes prefieren actualmente un horizonte de planificación corto orientado a la producción. Sin embargo, con esto los beneficiarios tienen escaso control sobre la planificación, la implementación o el seguimiento de los programas.

Sanjeev Gupta, Catherine Pattillo y Smita Wagh

FMI, Departamento de África

Pueden adquirirse ejemplares de “Are Donor Countries Giving More or Less Aid?” (IMF Working Paper No. 06/1), al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 144. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

¿Por qué son bajas las tasas de interés a largo plazo?

En el Grupo de los Siete principales países industriales (G-7) se han mantenido bajas las tasas de interés a largo plazo pese a los cuantiosos déficits fiscales y al aumento de la deuda pública. ¿Significa esto que han cambiado los factores que inciden en las tasas de interés? ¿Existe en esta era de movilidad mundial del capital, como señalan algunos observadores, una “nueva economía” que supone una relación radicalmente diferente entre las tasas de interés y los que tradicionalmente se han considerado sus factores determinantes, como los desequilibrios fiscales? En un nuevo documento de trabajo del FMI, los autores, Manmohan Kumar y David Hauner, sostienen que ciertos factores probablemente transitorios han enmascarado los efectos de los factores determinantes tradicionales y han dado a las autoridades que formulan la política económica un falso sentido de seguridad, por lo que les advierten de la posibilidad de un amargo despertar.

En los debates recientes sobre la evolución de las tasas de interés a largo plazo en todo el mundo no se ha tenido en cuenta el fuerte deterioro que se produjo en las finanzas públicas de algunas de las principales economías industriales desde mediados hasta fines de los años noventa. La razón deuda pública/PIB de Japón se elevó sensiblemente en los últimos 10 años; en los otros países del G-7 el aumento fue mucho menos drástico, pero aún así apreciable: en Estados Unidos subió más de 4 puntos porcentuales desde su punto mínimo de 2001, y en varios países grandes de la Unión Europea se incrementó entre 5 y 10 puntos porcentuales.

Pese al aumento de los déficits y las deudas, las tasas de interés nominales y reales a largo plazo se han mantenido muy bajas (véase el gráfico), aun cuando repuntaron a principios de 2006. Esta situación, que permite que aumente la deuda pública sin que haya un aumento notable en el gasto por concepto de intereses, atenúa el incentivo para corregir los desequilibrios presupuestarios; y lo que es aún más preocupante es que el bajo rendimiento de los bonos—ante desequilibrios fiscales combinados con un sólido crecimiento económico y en algunos casos una política monetaria más restrictiva—ha renovado las dudas sobre los vínculos que existen entre el déficit y la deuda pública y las tasas de interés.

Posibles razones

Si bien queda claro que las tasas de interés reales a largo plazo deberían estar determinadas por las tasas ex ante de ahorro e inversión, los estudios empíricos demuestran que los factores determinantes de estas dos variables y, por lo tanto, de las tasas de interés reales, varían mucho de un país a otro y de un momento a otro, sobre todo si se toman en cuenta los efectos del endeudamiento público. Según un trabajo ampliamente citado (Gale y Orszag, National Tax Journal, 2003, “Economic Effects of Sustained Fiscal Deficits”), en 30 estudios de un grupo de 60 se encontró que el déficit fiscal tiene un efecto “significativo predominantemente positivo” sobre las tasas de interés, y por cada incremento del déficit de 1% del PIB suben las tasas de interés alrededor de 30 a 60 puntos básicos (en los otros 30 se encontraron efectos mixtos o predominantemente insignificantes).

Altos déficits, bajas tasas de interés

Se dispararon los déficits públicos del G-7, pero los rendimientos de los bonos a largo plazo se han mantenido inusualmente bajos.

Fuente: Base de datos de Perspectivas de la economía mundial del FMI.

En los últimos veinte años, las tasas de interés nominales han mantenido una tendencia descendente y, en general, se cree que esto se debe a las expectativas de una menor inflación, sustentadas a su vez en una mayor credibilidad de la política económica y un entorno cada vez más competitivo en la economía mundial. Pero no se sabe a ciencia cierta por qué las tasas de interés a largo plazo han mantenido un nivel tan bajo pese a los repuntes cíclicos que tuvo el crecimiento económico mundial.

Algunos observadores atribuyen también este reciente comportamiento, al menos en parte, a las expectativas de descenso de la inflación. Pero lo cierto es que las expectativas inflacionarias a largo plazo no han bajado en los últimos años, al menos en Estados Unidos, el país con mayor variedad de medidores de las expectativas inflacionarias a largo plazo.

Si la baja de las tasas de interés nominales no fue resultado de una reducción de las expectativas inflacionarias, debieron haber caído las tasas de interés reales. Esto último, en cierta medida, podría reflejar los efectos de una mayor inversión de los fondos de pensiones y las aseguradoras en mercados de renta fija, pero sobre todo, de la insuficiente inversión planificada en relación con el ahorro planificado. Parte de la explicación, entonces, reside en que el sector empresarial de Estados Unidos y de muchas otras economías industriales y emergentes se han convertido en grandes ahorradores netos, lo que es sumamente inusual.

Otro factor que llamó la atención de algunos observadores es el cuantioso superávit en cuenta corriente de los mercados emergentes de rápido crecimiento o de las economías exportadoras de petróleo, cuyos bancos centrales optaron por acumular títulos públicos de países industriales. Dado que estas compras están motivadas por la necesidad de tener un “seguro” o son un efecto secundario del régimen cambiario, son relativamente insensibles a los rendimientos que se prevén.

En muchos países industriales grandes, los efectos de la “voracidad por el ahorro” pueden haber contrarrestado con creces los efectos de un déficit fiscal al alza. ¿Existe, entonces, una “nueva economía” en la que los factores internos, sobre todo la política fiscal, se ven superados por fuerzas mundiales? Para constituir una nueva economía, los factores determinantes de las tasas de interés tendrían que haber cambiado.

No hay pruebas de que exista una nueva economía

Al realizar un análisis empírico de los factores que incidieron en las tasas de interés a largo plazo del G-7 en el período 1960–2005 no se encuentran pruebas de que se haya modificado su importancia relativa. Es más bien la evolución de algunos de esos factores la que explica el bajo nivel reciente de las tasas de interés. Aunque el endeudamiento público ha tenido un fuerte efecto al alza sobre las tasas de interés, esta tendencia fue contrarrestada por la acumulación de reservas. Y si bien se calcula que los déficits fiscales añadieron en promedio 50 puntos básicos a las tasas de interés a largo plazo del G-7, en el período 2001–05, la acumulación de reservas le restó 90 puntos.

Aunque el endeudamiento público ha tenido un fuerte efecto al alza sobre las tasas de interés, esta tendencia fue contrarrestada por la acumulación de reservas.

Estos resultados preocupan porque sugieren que la mayor presión a la baja sobre las tasas de interés fue un factor que muchos observadores ven como transitorio: las transferencias sin precedentes del mundo en desarrollo al mundo industrializado para adquirir valores públicos de renta fija con fines de “seguro” o por razones cambiarias.

No hay consenso en cuanto a la duración que podría tener este fenómeno, pero el costo de oportunidad de la acumulación de reservas (véase el Boletín del FMI del 13 de junio de 2005) sugiere que el proceso tendrá que desacelerarse, sobre todo si se tiene en cuenta que a mediano plazo es posible que se ajusten los desequilibrios mundiales en cuenta corriente, uno de los elementos cruciales de la acumulación de reservas.

A medida que estos factores, o las expectativas en torno a ellos, pierdan importancia, cabe esperar que otros determinantes de las tasas de interés—las políticas fiscales en particular—vuelvan al primer plano.

¿Habrá algún día un amargo despertar?

La razón deuda/PIB era más alta en 2005 que en los años noventa en todos los países del G-7 con excepción de Canadá y Estados Unidos, aunque en este último se elevó sensiblemente desde que llegó a su punto más bajo a fines de los años noventa. Si bien un alto nivel de deuda suele traducirse en un costo más alto en intereses, los gobiernos de Italia, el Reino Unido y Estados Unidos tuvieron que pagar mucho menos en intereses como porcentaje del PIB en 2005 que lo que pagaron en promedio durante casi toda la década de los años noventa. En Francia, Alemania y Japón, la carga de intereses en relación con el PIB es la misma que hace 15 años, pese a que la deuda aumentó considerablemente. Es probable que, ante la perspectiva de que no aumenten las tasas de interés a largo plazo, los gobiernos no se preocupen tanto por el costo macroeconómico a largo plazo de un déficit mayor.

Una vez que se constate que las tasas de interés regresan a niveles “normales”, su despertar de la apacible situación actual podría ser muy sobresaltado debido a las consecuencias de haber mantenido déficits fiscales que duraron mucho tiempo y acrecentaron la deuda pública. Los análisis indican que un incremento de 100 puntos básicos en la tasa de interés promedio de la deuda de los países del G-7 elevaría en 0,8 puntos porcentuales la carga de los intereses en relación con el PIB. Por supuesto, el impacto del aumento de tasas de interés permearía gradualmente en la carga de intereses, pero incluso pequeños incrementos tienen un gran efecto acumulativo a largo plazo sobre la deuda.

El envejecimiento de la población de los países del G-7 también puede elevar las tasas y esto haría subir la carga de la deuda. Este efecto se exacerbaría si también aumenta el déficit debido a la aceleración de los costos de las pensiones y la atención médica. Si bien no hay consenso en torno al efecto neto del envejecimiento de la población sobre las tasas de interés, hay muchas probabilidades de que se presente esa situación y dado que también es muy probable que cambien radicalmente los factores que hoy mantienen bajo control las tasas de interés mundiales a largo plazo, la situación reciente de la mayoría de los países del G-7 subraya la necesidad de una consolidación presupuestaria en el mediano plazo.

David Hauner y Manmohan S. Kumar

FMI, Departamento de Finanzas Públicas

Este artículo se basa en “Fiscal Policy and Interest Rates—How Sustainable is the “New Economy” (Working Paper No 06/112), del que pueden adquirirse ejemplares al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 144. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

La rigidez salarial y la baja inflación pueden agravar el desempleo

Los países consideran en general la inflación baja o moderada una meta importante, pero ¿es posible que a veces tenga efectos colaterales perjudiciales? Un reciente documento de trabajo del pasante del FMI Shintaro Yamaguchi analizó el papel de la falta de flexibilidad del mercado laboral de Europa central y oriental, particularmente en Polonia. Yamaguchi concluye que la caída de la inflación a partir de 1998, junto a la rigidez en materia de reducción de salarios nominales, sin duda influyó en el aumento del desempleo en Polonia.

La flexibilidad permite que los salarios se ajusten para equilibrar oferta y demanda. La flexibilidad salarial permite asignar la mano de obra con mayor eficiencia entre sectores, categorías y regiones, y que la economía absorba los shocks con más eficacia y se ajuste a los cambios estructurales. También puede ayudar a acortar la transición en las economías que atraviesan profundos ajustes estructurales.

En muchos países de Europa central y oriental, el mercado laboral no ha mejorado en los últimos años, registrando un alto desempleo aun en países donde la transición a la economía de mercado está en su fase final y el crecimiento se ha acelerado. ¿Ha contribuido la rigidez salarial al constante desempeño deficiente de este mercado? ¿ Ha empeorado la flexibilidad salarial con el tiempo?

Sensibilidad del salario real al desempleo

Para responder a estas preguntas, Yamaguchi modificó la medida convencional de sensibilidad del salario real al desempleo (también conocida como enfoque de curva salarial, que muestra cómo los salarios reales dependen de la tasa de desempleo), en comparación con la sensibilidad internacional, y trazó su evolución a través del tiempo. La medida en que el salario real reacciona a los cambios en las condiciones del mercado laboral es especialmente relevante en Europa central y oriental debido a las diferencias en el desempleo.

La elevada inflación y los grandes aumentos salariales en la región han dado paso a una inflación y un crecimiento salarial bajos. Con el cambio del entorno inflacionario, la flexibilidad del salario real también puede haber cambiado. Una hipótesis común entre economistas es que la sensibilidad del salario real a la variación del desempleo es igual en distintos niveles de desempleo. No obstante, en un contexto de desempleo alto y salario real bajo, el salario real puede responder en forma limitada a las variaciones del desempleo. También es importante entender el vínculo entre la rigidez del salario real, la rigidez del salario nominal y la inflación. Una hipótesis común cuando los economistas miden la rigidez del salario nominal es que su distribución sectorial es estable en el tiempo; pero lo cierto es que esto resulta improbable en países con transiciones turbulentas.

Para entender mejor la flexibilidad salarial en contextos turbulentos, Yamaguchi modificó el enfoque corriente y computó la inestabilidad de la distribución sectorial en los cambios del salario nominal, comparando la distribución real de los cambios del salario nominal con un caso hipotético sin rigidez. Si fueran diferentes, concluyó, sería una prueba a simple vista de la importancia del papel de las rigideces.

El caso de Polonia

El método modificado de Yamaguchi permite entender la rigidez del salario real en Europa central y oriental. Usando datos sectoriales de Polonia, confirmó que el salario real era menos flexible cuando el desempleo era alto y el salario real bajo. Cabe destacar que cuando la tasa de desempleo en Polonia era alta (superior al 14%), su curva salarial era casi plana—sin variación en el salario real—, pero bastante empinada después, al caer el desempleo.

Comparando la distribución del cambio salarial en los dos períodos, Yamaguchi concluyó que el efecto sobre la rigidez salarial y, por tanto, sobre el mercado laboral y la economía, fue escaso hasta 1998 pero bastante importante de esa fecha en adelante. Antes de 1998, el alto nivel de inflación y de crecimiento del salario promedio protegía al mercado laboral polaco de los efectos adversos de la rigidez en materia de reducción del salario nominal. Con el avance de las reformas, la fuente de rigidez empezó a desaparecer en el plano local, y los salarios se tornaron más flexibles después de 1998.

Sin embargo, en ese período, el bajo crecimiento salarial promedio, la baja inflación y la rigidez respecto a la reducción del salario nominal impidieron la flexibilización del salario real. Esto significa que Yamaguchi descubrió que el ajuste se produjo mediante una subida del desempleo y no mediante una reducción del salario real. Por ende, en Polonia, la rigidez ante reducciones del salario nominal en un contexto de inflación baja impidió el tipo de ajuste que funcionaba en el mercado laboral antes de 1998. El resultado fue un desempleo elevado.

Pueden adquirirse ejemplares de “Wage Flexibility in Turbulent Times: A practitioner’s Guide, with an Application to Poland” (Working Paper No. 05/134), de Shintaro Yamaguchi, al precio de US$15. Véanse las instrucciones de pedido en la página 144. El texto completo, en inglés, puede consultarse en www.imf.org.

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