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Finanzas y Desarrollo, Junio de 2008
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Hablando claro: Simon Johnson “Desestabilizadores” automáticos - Por qué los elevados precios de los alimentos y los combustibles están desestabilizando una economía mundial más lenta: Simon Johnson

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2008
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Simon Johnson es Asesor Económico y Director del Departamento de Estudios del FMI.

Alos economistas les encanta el término “estabilizadores automáticos”. En general, el término hace referencia a ajustes que se producen de forma natural para compensar otros cambios y que aumentan la estabilidad de un sistema. Un ejemplo obvio son las prestaciones por desempleo. Cuando una economía se desacelera y la gente pierde su trabajo, los seguros de desempleo les proporcionan una renta de sustitución, que ayuda a mantener un consumo superior al que se registraría sin esa renta. La reducción de los ingresos fiscales desempeña un papel similar cuando la economía se contrae, lo que tiene como consecuencia un aumento del déficit fiscal.

Estos procesos ocurren sin necesidad de modificar la legislación: están integrados en el sistema y se activan automáticamente. Y son tranquilizadores. En cierta medida, todo movimiento hacia la recesión se compensa automáticamente de una manera que conduce de forma natural a la recuperación.

La versión a escala mundial

El sistema económico mundial incorpora varios estabilizadores automáticos importantes. Los más significativos son los relativos a la manera de reaccionar del sistema cuando el crecimiento se desacelera en una de las principales economías, como la de Estados Unidos. Uno de los efectos debería ser una bajada de las tasas de interés a largo plazo. Y estas tasas se han reducido, en cierta medida, desde el verano de 2007. Cabe esperar que esta disminución de las tasas de interés sostenga la inversión y contribuya a la recuperación del mercado inmobiliario.

Otro de los principales estabilizadores automáticos tradicionales es el precio de las materias primas. Normalmente, cuando las economías de Estados Unidos y de otros países se desaceleran, se reduce la demanda y bajan los precios de estos productos, como el petróleo. Es un hecho comprobado. Una caída del precio de las materias primas contribuye a mantener el poder adquisitivo y, por tanto, una demanda superior a la que, de no ser así, existiría en Estados Unidos y en otras economías avanzadas. Una menor inflación se traduce también en un mayor margen para que la Reserva Federal estadounidense y otros bancos centrales bajen las tasas de interés y, si resulta necesario, los gobiernos aumenten el gasto fiscal. La caída de estos precios no es una buena noticia para los exportadores de estos productos, pero tiene un efecto estabilizador para el crecimiento económico mundial.

Los alimentos y el petróleo

Pero, en la actualidad, los precios de las materias primas están subiendo en lugar de bajar. Este aumento está creando presiones inflacionarias en muchos países, en un momento en el que deberían plantearse medidas anticíclicas. Y también afectan directamente a los pobres.

Los precios del petróleo, los metales y los alimentos han estado aumentando durante varios años (véase “Hablando claro” en la edición de diciembre de 2007 de F&D). En parte, esta tendencia refleja la fuerte demanda de los mercados emergentes, especialmente los logros y los gustos cambiantes de la nueva clase media de los países que antes tenía niveles de renta bajos. Es posible que este aumento de la demanda sea permanente y que resulte necesario aumentar proporcionalmente la inversión en la producción de materias primas.

El aumento de los precios de la energía y los alimentos en los últimos años también es un reflejo de las políticas de las economías avanzadas, como las de Estados Unidos y la UE, que intentaron promover los biocombustibles mediante subsidios y un proteccionismo desafortunado. El vínculo con los precios del petróleo surge porque los productores y las refinerías creen que los biocombustibles aumentan la incertidumbre sobre su futuro y desincentivan la inversión. El vínculo con los alimentos es el aumento de los cultivos para combustible (sustitutos de la gasolina y el gasóleo) en lugar del aumento de los cultivos para consumo humano (calorías para el consumo humano o comida para animales).

En algunos casos, las condiciones meteorológicas adversas también han desempeñado su papel; estas condiciones pueden ser temporales o formar parte de cambios más amplios en los modelos climáticos. En Australia, por ejemplo, se está debatiendo mucho sobre esta cuestión. Y el mercado del petróleo sigue siendo muy reducido y propenso a aumentos de precio por rumores sobre interrupciones del suministro debidas a diversos factores, desde condiciones meteorológicas adversas a riesgos políticos en todo el mundo.

Pero también ocurre que, en los últimos seis meses, con la desaceleración de la economía mundial, los precios de la mayoría de las materias primas han subido en lugar de bajar, es decir, lo contrario de lo esperable. ¿Cuál es la razón?

La agitación financiera actual aumenta el atractivo de las materias primas como clase de activos. Con la bajada del dólar y la reducción de las tasas de interés, los actores financieros esperan que los precios de las materias primas (incluido el petróleo) aumenten, al menos en dólares. Existe el peligro de que, durante cierto tiempo, estas expectativas se cumplan y ocasionen una subida de los precios que sobrepase los niveles acordes con los principios económicos.

Por lo tanto, aunque el reciente aumento de los precios de la energía y los alimentos sea temporal, también es un golpe real y con efectos muy negativos para los más pobres del mundo, que dedican más del 50% de sus ingresos a adquirir alimentos y combustible.

La reacción natural de los gobiernos en los mercados emergentes y los países en desarrollo es “amortiguar” la subida de los precios de la energía y los alimentos, es decir, no traspasarla a los consumidores en su totalidad o inmediatamente, principalmente para evitar un efecto perjudicial que pudiera deteriorar masivamente el nivel de vida de los pobres y provocar graves disturbios o reacciones aun peores. Los gobiernos aplican diversas medidas para amortiguar el alza de precios, como el control de los precios y las restricciones a las exportaciones de alimentos. Uno de los corolarios del éxito de la política macroeconómica en los últimos años es que el número de países con capacidad para amortiguar la subida de los precios es mucho mayor que antes.

La situación puede parecer bastante benévola; pero, en conjunto, las fuerzas que observamos han provocado una subida de los precios del arroz cercana al 50% en lo que va del año. El impacto mundial es enorme, y afecta sobre todo a los más pobres.

Todo está relacionado

Además, las fluctuaciones bruscas de las principales monedas contribuyen al aumento de los precios de las materias primas. Últimamente, al depreciarse el dólar sube el petróleo. En este contexto, debería servir de ayuda el reciente llamamiento del G-7 a los mercados de divisas para que eviten subidas excesivas perturbadoras. Pero la inflación en Estados Unidos está cayendo al desacelerarse la economía, y el Banco Central Europeo sigue preocupado por la inflación al aumentar los precios de las materias primas. Por tanto, es improbable que una intervención coordinada, con el telón de fondo de políticas monetarias divergentes, pueda resolver algo, o incluso que se produzca dicha intervención.

Si se aplica una lógica similar, ¿tendría sentido una intervención unificada en los mercados de materias primas? El sector público tiene el derecho y la responsabilidad de informar con transparencia y advertir al sector privado cuando considere que los mercados han llegado demasiado lejos o demasiado rápido. Pero ¿podría el sector público respaldar dicha advertencia con medidas políticas creíbles?

Es difícil. En los mercados de materias primas no existe ningún equivalente a la capacidad de intervención que hay en los mercados de divisas de los bancos centrales. El sector público tiene en algunos países reservas estratégicas de algunas materias primas, pero las existencias no son suficientes como para afectar a los flujos de comercio mundial.

Las medidas adoptadas recientemente por gobiernos de todo el mundo, de tener algún efecto, serán aún más desestabilizadoras, especialmente las restricciones a la exportación de alimentos básicos. Dichas restricciones tienden a perturbar el comercio mundial, hacer subir los precios y, quizá, desencadenar compras por pánico y para acaparar.

El único mercado de materias primas que permite la intervención pública es el del petróleo, que cuenta con grandes productores con capacidad para intervenir de manera eficaz en un momento dado. Después de todo, los altos precios del petróleo suelen ocasionar grandes problemas económicos (inflación, recesión o la gran pesadilla: estanflación), y estos problemas provocan desaceleraciones mundiales y bajadas agudas de los precios del petróleo. Esta situación extrema no interesaría en ningún caso a los productores de petróleo.

Tres canales

En términos más generales, podemos abordar la cuestión del precio de las materias primas mediante al menos tres canales, o bien desde la perspectiva de las políticas que se podrían cambiar en al menos tres tipos de países. Los países ricos podrían mejorar (o reducir) sus políticas sobre biocombustibles, recortando las subvenciones o la protección; los productores de petróleo podrían comprometerse a añadir capacidad de reserva, y los países de ingreso mediano podrían ajustar sus mecanismos de precios internos y aplicar subsidios focalizados.

No podemos mantener una situación en la que el desarrollo de biocombustibles aumente la incertidumbre sobre el precio futuro de los combustibles fósiles, ya que así se desincentiva la inversión de los productores y las refinerías y aumentan los precios máximos que los países desarrollados evitan traspasar a sus consumidores. Tenemos un sistema de energía mundial con desestabilizadores automáticos, lo que no es una buena idea.

Negocios arriesgados

También debemos cambiar nuestra postura respecto a la atenuación del riesgo y los seguros, tanto para los agricultores como para los países. En todo el mundo se están dando pasos importantes para promover los seguros de catástrofes y desarrollar mercados de futuros sólidos. Estos pasos pueden contribuir en gran medida a asegurar a los agricultores que, si invierten (a precios actuales), podrán asegurarse los precios de las materias primas y recoger sus frutos.

Deberíamos pensar en adoptar una filosofía similar para afrontar las turbulencias a nivel macroeconómico, incluidos los cambios en los precios del petróleo y de los alimentos, que afectan tanto a las importaciones como a las exportaciones. Los países podrían confiar más en la disponibilidad de financiación en tiempos de necesidad, basándose únicamente en fundamentos sólidos a medio plazo y en la presencia de turbulencias negativas cuantificables. Si tiene sentido asegurar un auto y una casa, ¿por qué no asegurar un país?

FMI Libros

Managing the Oil Revenue Boom: The Role of Fiscal Institutions

Rolando Ossowski, Mauricio Villafuerte, Paulo A. Medas y Theo Thomas

Los países productores de petróleo se han beneficiado del aumento de los precios del petróleo en los últimos años. El aumento de las exportaciones de petróleo y los ingresos petroleros ha tenido implicaciones considerables para estos países. Estos aspectos han puesto de relieve la importancia de la gestión de la política fiscal ante la evolución de las condiciones del mercado petrolero y el papel de las instituciones fiscales especiales (IFE). En este documento, los expertos del FMI examinan las medidas fiscales adoptadas por los países productores de petróleo para afrontar el auge reciente del petróleo y la función de las IFE en la gestión fiscal, pasan revista a las experiencias de varios países y extraen enseñanzas generales.

US$30. Inglés. © 2008. x + 36 págs. Rústica. ISBN 978-1-58906-718-9. Stock# S260EA

Post-Stabilization Economics in Sub-Saharan Africa: Lessons from Mozambique

Compilado por Jean A.P. Clément y Shanaka J. Peiris

El caso del avance económico de Mozambique es uno de los más exitosos de África subsahariana. De los logros alcanzados por este país pueden extraerse enseñanzas para otros países de bajo ingreso que se encuentran en una etapa económica posterior a la estabilización, entre otras, la gestión eficiente de los aumentos de la ayuda externa orientada a reducir la pobreza. El libro abarca algunos temas de interés especial para otros países de África subsahariana como los avances de Mozambique hacia la consolidación macroeconómica y la estabilidad financiera, y los desafíos que afronta para garantizar la sostenibilidad a largo plazo, crear un ciclo virtuoso de uso de los recursos naturales e implementar reformas estructurales de segunda generación para apuntalar el crecimiento. US$28. Inglés. © 2008. viii + 397 págs. Rústica. ISBN 978-1-58906-677-9. Stock# PSESEA

Macroeconomic Consequences of Remittances

Compilado por Ralph Chami, Adolfo Barajas, Thomas Cosimano, Connel Fullenkamp, Michael Gapen y Peter Montiel En el primer estudio mundial sobre los amplios efectos de las remesas en las economías receptoras se examinan dos cuestiones principales que afrontan las autoridades económicas: la gestión de los efectos macroeconómicos de las remesas y el uso de estas remesas para potenciar el desarrollo del país. En el estudio se confirma que las remesas mejoran el bienestar de los hogares, ya que ayudan a las familias a salir de la pobreza y las protegen ante los shocks de ingresos. Asimismo, se identifican los desafíos —que suelen pasarse por alto—que plantean las remesas a las autoridades económicas que deben formular políticas orientadas a fomentarlas y aumentar sus beneficios y al mismo tiempo reducir sus efectos secundarios negativos. US$30. Inglés. © 2008. viii + 84 págs. Rústica. ISBN 978-1-58906-701-1. Stock# S259EA

The CFA Franc Zone: Common Currency, Uncommon Challenges

Compilado por Anne-Marie Gulde y Charalambos Tsangarides

Casi un tercio de los países correspondientes al Departamento de África del FMI son miembros de la zona del franco CFA. Mientras que la mayoría de los demás países están abandonando las paridades fijas, el tema de un marco de política que garantice la sostenibilidad de la zona del franco CFA despierta mucho interés entre las autoridades y los estudiosos. No obstante, en el ámbito público existen pocos estudios académicos sobre el tema. Este libro intenta llenar este vacío reuniendo trabajos efectuados en el marco de una supervisión regional intensificada y destacando los desafíos actuales y las principales necesidades de política para la continuidad de los regímenes. El libro se basa en estudios empíricos de un amplio grupo de economistas del FMI, con aportes de varios expertos externos.

US$37,50. Inglés. © 2008. xii + 398 págs. Rústica. ISBN 978-1-58906-675-5. Stock# CFZCEA

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