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Análisis del FMI: El duro impacto del estrés financiero en la economía real

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2009
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Los episodios de turbulencia financiera caracterizados por tensiones en la banca comercial y de inversión tienen más probabilidades de estar vinculados a desaceleraciones económicas graves y dilatadas, según un nuevo estudio del FMI.

El capítulo de la edición de este mes de Perspectivas de la economía mundial titulado “Tensiones financieras y desaceleraciones económicas” muestra que, cuando el estrés recae en el núcleo de intermediarios financieros, la economía suele terminar resintiéndose más. Y si la tensión ocurre en el sector bancario, la desaceleración o recesión que le sigue suele producir el doble o el triple de pérdidas acumulativas del producto y durar entre dos y cuatro veces más.

El capítulo está basado en un índice de 113 episodios de tensión financiera en mercados bancarios, bursátiles y cambiarios de 17 economías avanzadas durante los 30 últimos años; la mitad estuvo relacionada con el sector bancario y el resto estuvo concentrado en los otros dos. Medida con este parámetro, la turbulencia financiera actual es una de las más intensas acaecidas en Estados Unidos y una de las más generalizadas, ya que afecta a casi todo los países de la muestra.

El análisis muestra que no todos los episodios de estrés financiero van seguidos de una desaceleración o una recesión y que las condiciones iniciales son cruciales. La magnitud del aumento de los precios de la vivienda y del crédito agregado antes del episodio está vinculada a la probabilidad de que la desaceleración sea más profunda. Además, si bien un mayor nivel de endeudamiento empresarial también está vinculado a una desaceleración ulterior más fuerte, la magnitud de los desequilibrios financieros del sector de los hogares es crucial para determinar si la desaceleración se convertirá en una recesión.

La innovación financiera y la transición hacia sistemas financieros más impersonales —en los cuales un porcentaje mayor de la intermediación se canaliza a través de los mercados de valores, en lugar de mediar una relación bancaria tradicional— no incrementan la probabilidad de que se produzca tensión financiera con vínculos bancarios; pero la actividad suele ser más débil durante una recesión si estuvo precedida por una crisis bancaria en un sistema más impersonal.

Una explicación posible es la prociclicidad del apalancamiento. Aunque sería lógico pensar que el doble motor de la intermediación financiera —el bancario y el bursátil— ofrece canales alternativos de financiamiento, el apalancamiento tiende a ser más procíclico incluso en el sector bancario en un sistema financiero más impersonal.

Por lo tanto, cuando ocurre una perturbación, el desapalancamiento de la banca es más abrupto y puede producir efectos más negativos en el volumen de crédito disponible para el resto de la economía.

El capítulo contextualiza históricamente la crisis actual, comparándola con seis episodios bien conocidos de estrés financiero en economías avanzadas: Estados Unidos, Finlandia, Noruega, el Reino Unido y Suecia a comienzos de los años noventa y Japón a la largo de toda la década.

La comparación confirma que el rápido aumento del crédito y de los precios de la vivienda, así como el uso más generalizado del crédito por parte de las empresas y los hogares, estuvieron relacionados con una desaceleración económica más profunda tras la crisis bancaria.

Los ajustes y los desequilibrios de las condiciones originales de este episodio parecen similares en varios aspectos a episodios anteriores seguidos de una recesión. En Estados Unidos, el desapalancamiento de los hogares está ocurriendo incluso con más celeridad que en una recesión típica; el de las empresas parece algo más lento y, fundamentalmente, parte de una base más firme.

En términos más generales, en el sector empresarial los balances y el uso de financiamiento externo eran más sólidos cuando comenzó la crisis, y por ende podrían resistirla mejor. Pero el monumental tamaño del mercado hipotecario estadounidense —que es el epicentro de esta crisis— y la importancia de la inversión residencial hacen pensar que el ahorro y el consumo de los hogares pueden tener una influencia inusitadamente profunda en esta desaceleración.

Un factor alentador es que en Estados Unidos hubo sentido de la previsión, como lo demuestran los fuertes recortes de la tasa de interés de referencia y las medidas de fortalecimiento de la liquidez de la banca comercial y de inversión, así como las iniciativas en curso para respaldar directamente el mercado hipotecario.

En la zona del euro, el ajuste de los precios de la vivienda y del crédito hasta el momento no es tan marcado como en Estados Unidos, pero parece estar intensificándose. Las empresas también parten de una base más firme en términos del uso de fondos externos.

Los hogares de la zona del euro están en una situación considerablemente más fuerte, una característica distintiva de los episodios de estrés financiero que no están seguidos de una recesión. Pero, aunque esa caracterización es válida para la zona en su conjunto, existen importantes diferencias entre países.

Subir Lall

FMI, Departamento de Estudios

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