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Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
May 2006
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La globalización: ¿Es un hecho o una opción?

Cabe preguntarse si la globalización es la norma hoy día. En su nuevo libro, Global Capitalism: Its Fall and Rise in the Twentieth Century, el profesor de Harvard Jeffry A. Frieden explora la evolución de la globalización desde 1880, y sostiene que se trata de una opción política y de políticas, más que una realidad ineludible. El 29 de marzo, en un foro patrocinado por el FMI y moderado por Steven Pearlstein (Washington Post), los panelistas Harold James (Universidad de Princeton) y Virginia Haufler (Universidad de Maryland) debatieron el tema con Frieden.

Para Frieden, el problema de la globalización durante el siglo XX era si restablecer o no la integración económica internacional y, en caso afirmativo, cómo hacerlo. La cuestión hoy, como hacia 1900, reside en “cómo forjar y sostener los órdenes políticos y económicos nacionales e internacionales que permitan a las sociedades cosechar el fruto de la integración, manteniendo el compromiso con la cohesión y la seguridad social que es necesario para afianzar el respaldo a una economía internacional globalizada”.

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Antes de 1914 había una gran circulación de bienes, capital e información. En cierta forma, dijo Frieden, la economía mundial estaba más integrada debido al patrón oro. Las tensiones eran similares: a los países industrializados les preocupaba el flujo de productos baratos procedentes de países en desarrollo, la pérdida de identidad nacional, los conflictos étnicos y la opinión pública contra la globalización. Los gobiernos priorizaban los compromisos económicos internacionales, dispuestos a reestructurar sus economías en pos del bien mundial, convencidos de que las ventajas a largo plazo superaban los costos inmediatos.

Entonces, ¿qué pasó? La integración económica internacional se tornó menos viable entre guerras, dijo Frieden, a consecuencia de los grandes cambios económicos y políticos debidos a la modernización industrial, la organización sindical y el constante surgimiento “de países promotores del nacionalismo y la autosuficiencia, cada vez más hostiles a la idea de edificar una economía integrada internacionalmente”. Aunque la globalización trajo enormes beneficios, también impuso serios costos para personas, empresas, países y regiones. La Historia mostró, dijo, que “ignorar el descontento de los perjudicados por la economía internacional […] podría llevar rápida y sorprendentemente a revertir la suerte de sus beneficiarios”.

La globalización y su descontento

La globalización conlleva un descontento que debe manejarse eficazmente, dijo Harold James, que describió dos formas mutuamente excluyentes de ver el mundo actual, también presentes antes de 1914 y durante 1919–39: una que acepta un orden internacional con reglas comunes llamado “globalización”; otra que ve el mundo en términos de arbitrariedad e imperios. En el mundo del imperio, un poder hegemónico impone las reglas”, que reflejan sus intereses, y “aquellos a quienes se les imponen no las sienten moralmente vinculantes o legítimas”. Según James, un rastreo de la prensa reveló que desde 2000 hay menos referencias a la globalización, y más al imperialismo. Esto indica que “ahora el mundo piensa más en imperio que en reglas globales”, dijo, lo que lleva a la gente a resistirse a la globalización porque “conseguir bienes a nivel internacional no tiene nada de bueno”. James aplaudió la publicación del libro de Frieden porque cuanta más gente tenga la segunda visión, advirtió, “mayor es la probabilidad de que el mundo se torne más peligroso”.

Virginia Haufler coincidió en que la “integración del mercado debe estar arraigada en la sociedad” para compensar a los perjudicados, pero opinó que Frieden no expuso las opciones existentes con suficiente audacia. Como posibilidades, sugirió fortalecer la gestión de gobierno y ligar el libre comercio a cuestiones sociales como el medio ambiente y los derechos humanos. Haufler defendió la responsabilidad social de las empresas y las sociedades público-privadas para fortalecer el apoyo a la globalización. Se debe saber más sobre sus costos y beneficios, dijo, para juzgar mejor el efecto de tales iniciativas sobre los perjudicados.

Ina Kota

FMI, Departamento de Relaciones Externas

América Latina: En pos de reformas sustentables

Muchos países de América Latina siguen en busca de programas de reformas sustentables que reduzcan la pobreza. En algunos la decepción por los resultados de acciones recientes llevó a revertir e incluso a volver a debatir las políticas necesarias para lograr un crecimiento sustentable y mejoras apreciables en el nivel de vida de los pobres. El 27 de abril, 17 profesores de Economía de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Honduras, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela participaron en una jornada con funcionarios del FMI para abordar los desafíos económicos de la región.

Las medidas estructurales son una necesidad esencial para que las ventajas del crecimiento lleguen a los pobres. Además, “hay muchas reformas pendientes en América Latina” comentó Rodrigo de Rato, Director Gerente del FMI. De Rato destacó medidas de política financiera como vía de fortalecer el sector privado.

Pero la mayoría de los participantes coincidió en que las reformas rara vez son fáciles. En América Latina, como señalaron varios, la falta de consenso político y de continuidad de las políticas limita su eficacia. También surgen limitaciones de tiempo. “A quienes formulan las políticas se les otorgan plazos cada vez más cortos. No van a aparecer resultados en seis meses”, previno De Rato. La Primera Subdirectora Gerente del FMI, Anne Krueger, observó que las reformas son esenciales para concretar el potencial de crecimiento y elevar las tasas de crecimiento de largo plazo. Krueger citó a Roger Douglas, artífice de grandes cambios en Nueva Zelandia en la década de los ochenta, que dijo que la meta debería ser hacer lo posible, lo antes posible.

En busca de estabilidad

Los académicos coincidieron a rasgos generales con estas opiniones, pero dudaron de que las medidas estructurales por sí puedan producir un crecimiento más veloz en la región. Algunos señalaron que las reformas parecen interminables y que a veces están tan mal ideadas que puede ser necesario revertirlas poco después de implementadas. Según un estudio reciente sobre el efecto de la inestabilidad de las políticas en América Latina—presentado por Ratna Sahay, del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI—, el reiterado cambio de orientación de las reformas y la inestabilidad de la política macroeconómica son perniciosos para el crecimiento y la reducción de la pobreza.

¿Qué acciones serían más beneficiosas en este momento para América Latina? Anoop Singh, Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, enfatizó que las medidas fiscales recomendadas se diseñan para que los sistemas tributarios y del gasto sean más progresistas y favorezcan a los pobres.

Más allá de los programas que fortalezcan las redes de seguridad social y reduzcan la pobreza, dijo Singh, también es necesario apuntar a la estabilidad macroeconómica a largo plazo. América Latina tiene un largo historial de crisis macroeconómicas, que deben evitarse para que las reformas prendan. “Si una región debe atravesar una crisis cada 5 ó 10 años” señaló, “pueden hacerse todo tipo de reformas, que no funcionarán. América Latina debe ser capaz de decir al mundo que no volverá a sufrir una crisis”.

Mejora de la comunicación

Singh observó un creciente acuerdo entre los responsables de las políticas de la región sobre los beneficios de la estabilidad macroeconómica y la inflación baja. La comunidad académica ha contribuido a este consenso, dijo Singh a los profesores. Lo que se necesita ahora, añadió, es un acuerdo sobre cómo traducirlo en crecimiento. Ahí es donde los académicos pueden desempeñar un papel importante.

A su vez, el FMI podría contribuir al consenso necesario, dijeron algunos profesores, fortaleciendo su diálogo con la comunidad académica y la sociedad en general. El Fondo podría explicar mejor sus perspectivas, en particular sobre gasto social. Como señaló un participante, “No es que no se haya comprendido el mensaje del FMI; es que no se ha oído”.

El FMI coincidió, señalando que continúa sus esfuerzos por mejorar la comunicación. El FMI procura una relación más fluida pero independiente con los académicos de los países miembros, dijo De Rato. Para ayudar a forjar el consenso “debemos explicar por qué decimos lo que decimos”.

División de Relaciones Públicas

FMI, Departamento de Relaciones Externas

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