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Finanzas & Desarrollo, Junio de 2014
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Asia se acerca a su pleno potencial: El éxito de la región no está garantizado

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2014
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Changyong Rhee

Festejo del aniversario de los 1000 años en Hanoi, Vietnam.

Asia ha liderado el crecimiento mundial durante varias décadas, con una tasa media cercana al 6% desde 1990. Si esa tendencia continúa, en menos de dos décadas su economía será más grande que las de Estados Unidos y la Unión Europea combinadas.

Si bien el futuro de Asia luce brillante, su éxito no está garantizado, ya que depende fundamentalmente de una combinación correcta de políticas para contener los riesgos y asegurar el crecimiento.

En el corto plazo, la región enfrenta nuevas vulnerabilidades y quizá sufra los embates de la volatilidad de los mercados mundiales.

En el mediano plazo, todos los países de esta variada región deben confrontar desafíos:

• Asia tiene todavía cerca de 700 millones de pobres—65% de los pobres del mundo, definidos como quienes ganan menos de US$1,25 por día—y crece la desigualdad del ingreso.

• Los mercados emergentes de la región deben superar su condición de economías de mediano ingreso y unirse a las filas de las avanzadas.

• Varias de las economías industriales de Asia han emprendido el difícil proceso de transformar su modelo de crecimiento.

Resiliencia y crecimiento

En 2013 hubo varios períodos de volatilidad financiera mundial, que provocaron una retirada de los flujos de capitales de los mercados emergentes, entre ellos los asiáticos. Pero en general Asia ha resistido los riesgos mundiales, aun cuando las reservas de algunas de sus economías fueron puestas a prueba por la retracción del financiamiento externo. Las rápidas medidas adoptadas para atender tales vulnerabilidades están comenzando a dar fruto y se prevé que el crecimiento mantendrá su ímpetu.

Se proyecta que Asia crecerá a tasas de 5,5% en 2014 y 5,6% en 2015, conservando su liderazgo mundial. Las exportaciones repuntarán a medida que las economías avanzadas siguen recuperándose, mientras que en toda la región la demanda interna estará respaldada por mercados laborales dinámicos y un fuerte crecimiento del crédito.

Al restringirse aún más la liquidez mundial a medida que en Estados Unidos se retira gradualmente el estímulo fiscal, Asia enfrentará tasas de interés algo más altas y volatilidad de flujos de capitales y de precios de los activos, pero en general las condiciones financieras habrán de seguir siendo favorables.

Este pronóstico, como siempre, no está exento de riesgos. Un mayor endurecimiento de las condiciones financieras mundiales es todavía una amenaza, y el impacto del aumento de las tasas de interés mundiales podría verse potenciado por la creciente deuda de los hogares y las empresas en algunos países de la región.

Se proyecta que el crecimiento en Asia será de 5,5% en 2014 y 5,6% en 2015, y seguirá siendo el más alto a nivel mundial.

Si China se desacelera más de lo esperado, otros países de la región pagarán el precio (véase “China cambia” en esta edición de F&D). En Japón, existe el riesgo de que las medidas “abe-nómicas” resulten menos eficaces de lo previsto para impulsar el crecimiento, particularmente si las reformas estructurales de los mercados de trabajo y de productos no satisfacen las expectativas y no logran inspirar más confianza en los consumidores e inversionistas. Las tensiones políticas internas e internacionales podrían también obstaculizar el comercio o debilitar la inversión y el crecimiento en toda la región.

Si esos riesgos se materializan, probablemente moderarían, sin llegar a detenerlo, el dinamismo de la región. Pero si los problemas estructurales se profundizan, los países de la región podrían encontrar obstáculos más difíciles para lograr un crecimiento sostenido.

Asia enfrenta cinco desafíos concretos: superar la trampa del mediano ingreso, mejorar las instituciones y la gobernanza, enfrentar el envejecimiento de la población, frenar la creciente desigualdad y fomentar el desarrollo financiero.

Superar la trampa del mediano ingreso: Después de varias décadas de éxito muchas economías asiáticas están hoy en una etapa de desarrollo en la cual, históricamente, es difícil mantener un rápido crecimiento, situación que se describe como la trampa del mediano ingreso. Así ocurrió en América Latina en los años ochenta, e incluso en las economías asiáticas de mediano ingreso tras la crisis de Asia, que generó una “década perdida” para la convergencia del ingreso en Indonesia, Malasia y Tailandia.

Según indica el análisis de abril de 2013 de Perspectivas económicas regionales: Asia, las probabilidades de una desaceleración sostenida que dure por lo menos una década son alrededor de 50% más altas en el caso de las economías de mediano ingreso que en el de las economías de alto o bajo ingreso. Después de una década de superar las tendencias históricas, el crecimiento potencial parece haber declinado en los mercados emergentes de Asia, posiblemente hasta 2 puntos porcentuales tan solo en los últimos años.

¿Cómo pueden los países evitar la trampa del mediano ingreso? Las soluciones pueden encontrarse en políticas macroeconómicas sólidas que contrarresten los ciclos de auge y caída, tendencias demográficas positivas, adecuado nivel de educación e infraestructura (carreteras, puertos, telecomunicaciones), gobernanza e instituciones sólidas e integración comercial. En la mayoría de estos aspectos las economías asiáticas de mediano ingreso funcionan mejor que economías similares de otras regiones.

Pero para lograr un crecimiento sostenido la región debe resolver, en diverso grado y de diferentes maneras, cuatro escollos principales.

Mejorar las instituciones y la gobernanza: En gran parte de Asia, las instituciones y la gobernanza no han alcanzado el nivel de las economías avanzadas con igual rapidez que otros aspectos del desarrollo económico (véase “Abrir el camino a la gobernabilidad” en esta edición de F&D). Los indicadores que miden el rigor de las regulaciones (en los mercados de productos, trabajo y crédito) y el Estado de derecho en las economías emergentes de Asia muestran que varias de ellas van a la zaga de economías comparables de América Latina (Aiyar et al., 2013). Se requerirán reformas en esos ámbitos para que las economías emergentes de Asia sigan ascendiendo en la escala del valor agregado y mantengan un fuerte crecimiento.

El fortalecimiento del Estado de derecho mejorará la asignación de recursos y la productividad. Si se distienden las estrictas regulaciones del mercado de productos—las altas barreras de ingreso, en particular—podría darse impulso a la innovación y la eficiencia. En ciertos casos, esto exigirá abordar la predominancia de las empresas de propiedad estatal, tal como se prevé, por ejemplo, en China y Vietnam. Si se reduce la protección laboral excesiva de los trabajadores regulares, creando al mismo tiempo una red de protección para los desempleados, como por ejemplo en India e Indonesia, se podría estimular la creación de empleo en el mercado de trabajo formal.

Es posible suavizar los efectos adversos de las tendencias demográficas aplicando políticas prudentes. Las autoridades deberán adaptarse y también tomar medidas activas.

Enfrentar el envejecimiento de la población: La transición demográfica en Asia oriental contribuyó sustancialmente al milagro económico de la región en la segunda mitad del siglo XX. Pero habiéndose beneficiado antes de condiciones demográficas favorables, en las próximas décadas muchas economías asiáticas experimentarán un aumento sustancial del índice de dependencia, que tenderá a reducir el crecimiento y elevar la carga del gasto público (Das y N’Diaye, 2013). Esto afectará a las economías de alto y mediano ingreso por igual: la población de Corea, Japón, la RAE de Hong Kong y Singapur envejecerá rápidamente, pero también lo hará la de China: la tasa de fertilidad de Shanghai, de 0,6 niño por mujer, es hoy una de las más bajas del mundo.

En cambio, India, donde se proyecta que la tasa de dependencia caerá 8 puntos porcentuales de aquí a 2030, gozará de un dividendo demográfico, al igual que Filipinas y las economías asiáticas de menor ingreso. Estos países enfrentarán un desafío distinto: encontrar buenos empleos para una masa de trabajadores que crece rápidamente y garantizar que el dividendo no se transforme en cambio en una carga.

Es posible suavizar los efectos adversos de las tendencias demográficas adoptando políticas prudentes. Las autoridades asiáticas deberían adaptarse y también luchar activamente. Pueden adaptarse estableciendo sistemas de jubilación “a prueba de edad” para garantizar que los jubilados estén cubiertos por una red adecuada de protección social y para alentar la participación de los adultos mayores en la fuerza laboral. Pueden luchar activamente llevando a cabo reformas que eleven la productividad y movilizando recursos laborales desaprovechados, por ejemplo en la agricultura y en los grandes sectores informales.

Las mujeres son quizá el grupo más grande de recursos laborales no utilizados de Asia. Cinco de cada diez mujeres no integran la fuerza laboral, frente a solo dos de cada diez hombres. En las sociedades más ricas en proceso de envejecimiento, como Corea y Japón, un mayor acceso al cuidado infantil, beneficios más generosos de maternidad y paternidad y una reforma impositiva para el segundo trabajador de la familia pueden atraer a las mujeres al mundo laboral. En las partes más pobres de Asia, un mayor acceso a la educación integrará a las mujeres en la fuerza de trabajo formal, permitiendo que las sociedades cosechen plenamente su propio dividendo demográfico. Como expresó este año la Directora Gerente del FMI Christine Lagarde en la reunión anual del Foro Económico Mundial celebrada en Davos, Suiza, “cuando a las mujeres les va mejor, a las economías les va mejor”.

Frenar la creciente desigualdad: Por último, la creciente desigualdad es un importante problema social y también económico. De hecho, los estudios recientes del FMI indican que altos niveles de desigualdad pueden dificultar el crecimiento.

En términos generales, en Asia la desigualdad es todavía inferior a la de América Latina y África subsahariana, pero las diferencias en el ingreso están aumentando más rápidamente que en esas regiones. Mientras que América Latina y África la desigualdad se redujo, en Asia la disparidad se ha ampliado en las últimas dos décadas. Además, en muchas economías asiáticas la desigualdad se sitúa hoy cerca o por encima de 40, medida por el coeficiente de Gini, cuyo valor es cero si todo el ingreso es compartido por partes iguales dentro de un país y 100 (o 1) si una sola persona concentra todo el ingreso. Ese nivel, que generalmente se considera elevado, ha sido alcanzado o superado en China, Filipinas, India, Indonesia, Malasia y Tailandia, así como en Singapur y la RAE de Hong Kong, dos de las economías avanzadas con mayor desigualdad de ingreso en el mundo.

Mediante la aplicación de políticas correctas se puede frenar el aumento de la desigualdad sin comprometer el modelo de crecimiento de Asia, como sucedió en la región durante las tres décadas previas a los años noventa. La adopción de políticas que garanticen un acceso más igualitario a los servicios públicos, especialmente la educación y la salud, mejoren la infraestructura pública, y amplíen el acceso al financiamiento puede estimular el crecimiento y promover la equidad.

En los mercados emergentes de Asia, las reformas laborales podrían permitir la transición de los mercados informales de trabajo al empleo formal, elevando la productividad y reduciendo la desigualdad. En las economías de menor ingreso y emergentes de Asia, el reemplazo de los subsidios a la energía, que son ineficientes y poco equitativos, por transferencias en efectivo focalizadas podría contribuir al logro de los objetivos tanto de crecimiento como de distribución del ingreso. Las reformas actualmente en curso en India, con la perspectiva de una mejor focalización de las transferencias en efectivo mediante el uso del nuevo sistema uniforme de identificación biométrica (aadhaar), son particularmente alentadoras.

Fomentar el desarrollo financiero: Con su impresionante variedad de activos—sólidas políticas macroeconómicas, alto nivel de ahorro, educación creciente, recursos laborales aún no aprovechados y rápido progreso tecnológico—, Asia tiene los ingredientes correctos para sostener el crecimiento.

Pero para combinar con eficacia esos ingredientes es necesario promover urgentemente el desarrollo de los mercados de capitales y reducir la fuerte dependencia de la intermediación financiera basada en la banca (véase “El futuro de las finanzas asiáticas” en esta edición de F&D). Los pasos más importantes incluyen diversificar la base de inversionistas internos en la región mediante la expansión de fondos de pensiones y seguros, elevar el grado de alfabetización financiera y mejorar las normas contables y de divulgación de información dentro de la región.

Si estas medidas se implementan con éxito, los sectores financieros de Asia estarán preparados para satisfacer las demandas de la economía real, como la urbanización y el crecimiento de la clase media en Asia meridional, que necesita una mejor infraestructura de instalaciones sociales o recreativas y servicios públicos urbanos, y una población en proceso de envejecimiento en el norte de Asia, que exige una inversión eficaz de los fondos de pensión para garantizar que los trabajadores jubilados no sobrevivirán a sus activos.

¿El “Siglo de Asia”?

Algunos dicen que el siglo XXI será el “Siglo de Asia”, y hay buenos motivos para creerlo, pero una mera extrapolación a partir del sólido desempeño económico de las últimas décadas puede ser engañosa. Para alcanzar su pleno potencial, los países asiáticos deberán superar varios obstáculos importantes.

Changyong Rhee es el Director del Departamento de Asia y el Pacífico del FMI.

Referencias:

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